Diario Sur

Las caras andaluzas de la rebelión

    Susana Díaz y Micaela Navarro en la reunión del comité director del PSOE en Sevilla este jueves.
    Susana Díaz y Micaela Navarro en la reunión del comité director del PSOE en Sevilla este jueves. / EFE
    • Los rostros visibles de la operación para forzar la salida de Sánchez son andaluces, fieles a Susana Díaz y situados por ella en lugares estratégicos en los órganos del PSOE desde el congreso extraordinario de julio de 2014

    Las personas que han dado la cara y han sido visibles en la rebelión de los críticos contra Pedro Sánchez son todas andaluzas, incluida la secretaria general del PSOE-A y presidenta de la Junta. Todos ellos son fieles a Susana Díaz y fueron situados por ella de forma estratégica en los órganos o instituciones socialistas desde el congreso de julio de 2014 que aupó con su respaldo y el de la militancia andaluza a Pedro Sánchez a la secretaría general. Desde entonces han sido la avanzadilla de Díaz, soldados encargados de observar al 'enemigo' y avisar de sus peligros. Esta semana han pasado a ser la vanguardia, los adelantados del ejército de críticos para forzar la dimisión de Pedro Sánchez. Esta es la secuencia y algunas pinceladas de sus protagonistas a tener en cuenta en el desarrollo de la crisis actual del PSOE desde la óptica andaluza.

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    Lunes

    Juan Cornejo, el mensajero para que Sánchez dimita

    Juan Cornejo, número dos del PSOE andaluz, es quien pone las cartas boca arriba el lunes tras un fin de semana cargado de presiones y cuchillos afilados en pleno recuento de votos en Galicia y País Vasco. Lanza un mensaje a Pedro Sánchez en nombre de Susana Díaz: “No es el momento de congresos, sino de responsabilidades políticas”. Es una sugerencia clara a la dimisión por los resultados en Galicia y País Vasco, aún a sabiendas de que Sánchez no va a tirar la toalla. Maestro de profesión, es parlamentario andaluz por la circunscripción de Cádiz; Senador desde 2008; Suma cargos desde hace 30 años y siempre en un segundo plano salvo en su etapa de alcalde de Medina Sidonia (1987-1995) . Díaz toma nota de su discreción y mano izquierda cuando como secretaria de Organización en la etapa de Griñán ayuda con el mismo cargo en Cádiz a cicatrizar el enfrentamiento de esta provincia con el entonces presidente de la Junta. Griñán lo nombra secretario de Organización cuando Díaz pasa a la Consejería de Presidencia en 2012 y ahí sigue. Su misión sigue siendo la misma, mantener pacificado y cohesionado el PSOE en Andalucía en torno a Susana Díaz y ser el portavoz de la secretaria general dentro y fuera del partido. Conoce como nadie los intríngulis de la rivalidad entre Sánchez y Díaz y las trampas veladas de Ferraz que pocas veces cuenta. Comparte con el manchego Máximo Díaz Cano la ya no tan secreta hoja de ruta de Susana Díaz para liderar al partido, aunque no siempre coincide con el verdadero muñidor de este proyecto por ahora sin luz a la vista.

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    Martes

    Miguel Ángel Heredia, la voz de Díaz en el Congreso

    Miguel Ángel Heredia, secretario general del grupo socialista en el Congreso, fue una de las once voces críticas de los diputados socialistas que se alzaron, en una reunión interna este martes, contra la decisión de Sánchez de convocar ya primarias y congreso. Durante un tiempo sostuvo una actitud de equilibrista, pero ahora ya abiertamente critica el atrincheramiento de Sánchez en Ferraz pese a los malos resultados y habla como todos los críticos de que hay que evitar terceras elecciones. El secretario provincial del PSOE de Málaga desde 2008 es diputado desde hace veinte años, supervivencia en el escaño que se debe sobre todo a estar siempre del lado de la dirección regional. Estuvo del lado de Griñán y ahora de Susana Díaz. Incluso pese a su difícil papel de secretario general del grupo socialista en el Congreso, cargo que ocupó la legislatura tras el 20D, se ha mantenido fiel a la baronesa andaluza, lo que le costó el feo gesto de Pedro Sánchez de no corresponder a su saludo en el hemiciclo el pasado julio, una imagen que rueda por las redes sociales. Aunque en su contra están las derrotas electorales en Málaga frente al PP, ha logrado mantener pacificado el también convulso partido en esta provincia. Nacido en Mollina, echó los dientes políticos cuando Carlos Sanjuán era el que mandaba en Andalucía. Pasó por las Juventudes Socialistas como Susana Díaz, pero años antes. Su prueba máxima de lealtad la dio cuando en las primarias de Díaz en 2013 fue quien, junto a Paco Conejo, llenó sacos de avales para la política sevillana. También contribuyó para restañar heridas con la agrupación de Jaén y sellar la piña que hoy es el PSOE andaluz en torno a su secretaria general. Díaz le apeó de la interparlamentaria del PSOE andaluz para situar a Antonio Pradas, pero ni siquiera su nombramiento por parte de Sánchez como número tres del grupo socialista debilitó su lealtad hacia la baronesa andaluza, de quien ha sido sus ojos y oídos en las Cortes y esta semana de pasión también su voz.

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    Miércoles

    Antonio Pradas, el correo de los dimitidos

    Ha sido el primer rostro de la rebelión, cuando el pasado miércoles fue quien entregó en Ferraz las 17 dimisiones de la ejecutiva federal con la que los críticos pretendían hacer dimitir a Sánchez. Pertenece al poderoso PSOE sevillano en el que se hizo valer por sus victorias como alcalde de El Rubio (1995-2004), un pequeño municipio de la sierra sur sevillana donde predominan alcaldías de Izquierda Unida. Licenciado en Derecho, escritor de poemas y de 53 años, toda su vida política se ha desarrollado en Sevilla hasta que en 2011 es elegido diputado al Congreso. Su ascenso ha sido fulgurante desde entonces gracias a la confianza depositada en él por Susana Díaz. Es uno de sus más leales. Díaz lo sitúa como secretario de Política Federal, como número cuatro del PSOE, en el congreso de 2014, un cargo antes ejercido por andaluces como Alfonso Perales y Mar Moreno. Su puesto más relevante sin embargo fue el de sustituir como cabeza de lista a Alfonso Guerra en las generales de diciembre y luego repitió en junio. La provincia de Sevilla es la única en la que el PSOE gana en toda la democracia. Con Pradas el PSOE ha ganado en votos, pero ha empatado en diputados con el PP, algo reclamado por este partido como una victoria moral. Pradas asumió la coordinación de la interparlamentaria del PSOE andaluz tras las elecciones de diciembre, sustituyendo a Miguel Ángel Heredia. Fue su última recompensa por la fidelidad a la presidenta andaluza.

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    Jueves

    Verónica Pérez, la 'autoridad' del PSOE

    Una frase marcará ya para siempre su carrera política. “La única autoridad en el PSOE soy yo”. La pronunció este jueves cuando acudió a Ferraz con la idea frustrada luego de tomar las riendas del partido como presidenta del comité federal tras dimitir la mitad mas uno de la ejecutiva. Pero fue con otra frase, esta en su cuenta en Twitter, con la que comenzó la rebelión de los críticos. La escribió el lunes tras la resaca de la debacles electorales en Galicia y País Vasco. “Harta de 'resultados históricos' del partido al que quiero tanto, harta de volver a pulverizar nuestros peores resultados. ¿Y ahora qué?”, escribió. Tiene 38 años, estudios en Económicas y todo el mundo político en Andalucía la identifica como “mano derecha de Susana Díaz” a cuya sombra ha prosperado hasta incluso ser miembro de la Mesa del Parlamento. Se afilió con 14 años a las Juventudes Socialistas, donde coincidió con la presidenta andaluza, y ocupó su primer cargo con 21 años como concejala en su pueblo, San Juan de Aznalfarache. Díaz la señala en diciembre de 2013 como su sucesora al frente de la agrupación provincial más poderosa del PSOE, la de Sevilla, con diez mil afiliados y una historia plagada de convulsiones. Ganó el congreso (la suya fue la única lista) con el 91% de los votos. La secretaria provincial del PSOE sevillano y Antonio Pradas fueron los encargados de recoger avales y firmas en 2014 para que Pedro Sánchez fuera secretario general en lugar de Eduardo Madina. encabezada por ella. También es Díaz la que influye para que sea la presidenta del comité director desde su primera reunión tras el hoy revisado congreso. Pese a las críticas a su desafortunada frase sobre la autoridad, Verónica Pérez se ha destapado como alguien a quien tener en cuenta si hay proceso de sucesión en Andalucía, en el PSOE o en la Junta.

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    Jueves

    Susana Díaz, baronesa de barones, se ofrece a 'coser' el partido

    El martes Susana Díaz deja de amagar y habla por primera vez de su disposición a ser “cabeza” del PSOE. Lo hace, como es habitual en ella, con calculada ambigüedad por si la cosa no sale bien. Añade que también está dispuesta a ser “la cola” en su partido. Responde así a la provocación de Sánchez de convocar un congreso exprés que le podría obligar a dejar la Junta de Andalucía, su principal plataforma de poder, si decide competir con él ya que los plazos del proceso congresual dificultan la formación de Gobierno y por tanto la probabilidad de ir a terceras elecciones se alta. La otra trampa de Sánchez es más notoria: Quiere que la andaluza diga si respalda la abstención al PP, lo que le restaría apoyos en las bases si va a primarias. Díaz se indigna por estas argucias. No es lo planeado por ella, que hace meses que tiene decidido salir a ganar la secretaría general pero en un congreso “tranquilo”, cuando haya Gobierno y pueda mantenerse como cabeza del PSOE y presidenta de la Junta durante un año o dos, hasta elecciones en la Moncloa. En esta operación cuenta con el compromiso de Ciudadanos de apoyar la estabilidad en la Junta. Sus declaraciones y las de Sánchez retándola a que diga si defiende la abstención para que gobierne el PP o llamándola subalterna de la derecha la enciende. Ya no hay vuelta atrás a la declaración de guerra. Ella lanza su propia argucia, apear a Sánchez de la fortaleza de Ferraz. El jueves, ante el cruento desarrollo de la crisis, opta por una imagen de absoluta moderación. Se ofrece para “coser el partido” y responde con reproches a los que le acusan de querer dar el Gobierno al PP que ella y no Sánchez es la que ha ganado a los populares, conservando la Junta de Andalucía.

    La rivalidad entre Pedro Sánchez y Susana Díaz se palpó en el hotel Auditorium de Madrid durante la celebración del congreso extraordinario de aclamación del primer secretario general del PSOE en ser votado por la militancia. La sensación de todos los delegados era que la verdadera triunfadora y la que iba a cortar el bacalao en el PSOE era Díaz, que con Sánchez había abortado la elección de Eduardo Madina, ahora de su lado tras llamarle a San Telmo y charlar largo rato con él meses después de cortarle el paso. La sensación amarga ahora para la andaluza es que aquel halo de lideresa sin serlo sembró en Sánchez la obsesión de “matar al padre”, en este caso a la 'madre', la que le había ayudado a ser secretario general, una práctica frecuente en la política y sobre todo de larga escuela en el PSOE. Para los pedristas, la semilla de la guerra está en su “ambición desmedida”.

    En aquel congreso del que ahora se arrepiente, Díaz rechazó la oferta envenenada de Sánchez para ser la presidenta del PSOE, como sus antecesores Chaves y Griñán. Pidió y obtuvo, sin embargo, el puesto de presidenta del consejo territorial, el órgano que coordina a los secretarios regionales y la política territorial. Díaz había sido presidenta del mismo consejo andaluz cuando en 2012 accedió a la secretaría general del PSOE de Sevilla y fue clave para lo que ella siempre denomina “coser el partido”. Desde este cargo sin poder decisorio se ganó a los secretarios provinciales, algunos (Almería y Cádiz) puestos por ella en operaciones similares a la de ahora en Ferraz cuando era número dos de Griñán en el partido. Esta labor de 'costura' fue clave en sus primarias 'exprés' de julio de 2013 para ser elegida candidata del PSOE a la Junta de Andalucía como paso previo a sustituir al dimitido Griñán en San Telmo en septiembre. Venció a sus rivales (Luis Planas y José Antonio Rodríguez, alcalde de Jun) antes de ir a las urnas. Ella recogió el triple de lo necesario, en torno a 22.000 avales de los casi 45.000 militantes andaluces. Verónica Pérez y Francisco Conejo, dos amigos de las Juventudes Socialistas (Sevilla y Málaga), fueron la vanguardia en esa recogida de avales.

    Sánchez y Díaz no se hablan. Los puentes casi siempre estuvieron rotos entre ambos. Los pedristas andaluces se han quejado del vacío a Sánchez cuando venía a Andalucía y de que Díaz ni le consultara nombres o le dejara incluir alguno de los suyos en las listas electorales cuando ha sido siempre “escrupuloso” con todo lo orgánico en Andalucía, afirman. Los susanistas lamentan la frialdad del secretario general, que tampoco consulta nada de sus decisiones con la dirigente andaluza o que rehuía verse acompañado por los dirigentes andaluces. La frialdad entre ambos fue más que evidente en las campañas de las andaluzas y generales de diciembre. Cada uno entraba y salía por una puerta distinta.

    La tensión con Pedro Sánchez ha sido a veces criticada o no comprendida por los barones territoriales y los expresidentes. Felipe González llegó a reprenderla incluso por ello hace meses y ella no estuvo de acuerdo con el expresidente de pedir la cabeza de Rajoy para apoyar al PP durante un tiempo, hasta que se convenció. Todo eso comenzó a cambiar tras el desastre electoral de junio y, sobre todo, porque Sánchez no solo dejó de hablarse con Díaz, sino con el resto de barones con poder institucional y se le vio decidido o bien a gobernar con Podemos e independentistas o a terceras elecciones. Hoy todos ellos, salvo la de Baleares, Francina Armengol, están con Susana Díaz. La andaluza siente que el tiempo le ha dado la razón respecto a Sánchez al coincidir que todos los exsecretarios generales respaldan la andanada para que dimita. Los suyos subrayan con rotulador grueso el que de su lado estén Rubalcaba y Chacón, rivales y enemistados tras competir por el liderazgo del partido en febrero de 2012. Díaz apoyó a la catalana.

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    Viernes

    María Jesús Montero, notaria en el comité de garantías

    Este viernes por la tarde era otra andaluza, también de Sevilla, quien entraba en acción. María Jesús Montero, consejera de Hacienda de la Junta, entregaba junto a dos miembros del Comité de Ética y Garantías del PSOE (que suman mayoría) un escrito solicitando al comité federal que designe una comisión gestora al entender que la ejecutiva federal está disuelta al haber dimitido la mitad más uno de sus componentes. Montero no habló como Verónica Pérez. Se vistió para la ocasión de rojo, como suele hacer a menudo para ocasiones especiales, y entró a la sede socialista tan discreta como salió. Para ella todo esto debe ser nuevo. Montero es la más veterana de los consejeros de la Junta, lleva desde 2004 en el Consejo de Gobierno, primero al frente de Salud y desde 2013 con Hacienda. Pero así como es una veterana de la gestión política, es novata en la orgánica. Médica de profesión y nacida en 1966 siempre tuvo a gala ser socialista sin carnet. Se afilió al PSOE y Díaz premió el gesto situándola en otro puesto ahora se ve que clave en el PSOE federal, el del comité de garantías. Cuando se afilió ya se hablaba del tren a Madrid de Susana Díaz y su nombre sonó como posible sucesora desde que la presidenta de la Junta le encomendó el área más peliaguda en plena crisis, la de las cuentas de la Junta. El suyo es el puesto que ocupó Griñán antes de ser el sucesor de Chaves. Esta es también su primera incursión orgánica. Hasta ahora su nombre se ha relacionado por sus disputas con Cristóbal Montero sobre la financiación autonómica y antes por fomentar la investigación médica con programas pioneros con células madre en el Servicio Andaluz de Salud, del que es funcionaria técnica.

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    Viernes

    Micaela Navarro, con el corazón partido

    La presidenta del PSOE por partida doble, en el federal y en el regional, forma parte de la lista de dimitidos para forzar la salida de Sánchez. La suya ha debido ser una firma difícil de conseguir, ya que con su rúbrica renunciaba al papel neutral del cargo de presidente del partido. Navarro, de 60 años y ya abuela, ha vivido casi todas las batallas internas del PSOE. La última pelea, cuando apoyó a Rubalcaba frente a Chacón, le costó que Griñán la cesara como consejera de Asuntos Sociales de la Junta, su etapa quizás más fructífera en política. Este viernes apareció compungida en el comité director. Susana Díaz la consoló con un abrazo retransmitido por todas las cámaras. Era también un gesto de pequeña victoria a Pedro Sánchez. Hasta última hora este pensó que Micaela Navarro no estamparía la firma y estaría con él, pero quizás unas frases manipuladas a favor del líder en funciones del PSOE, le hizo decantarse. Sánchez mimó a la política jienense para tenerla de su parte, situándola incluso en la Mesa del Congreso. En otro tiempo estuvo enfrentada a Susana Díaz, sobre todo en la división andaluza por apoyos a Rubalcaba y Chacón. Los críticos andaluces, en torno a Rubalcaba, hoy algunos de ellos con Sánchez, intentaron convencerla para que se presentara a las primarias frente a Díaz. Desistió de ello y este gesto sirvió para que Díaz sellara la paz rota en época de Griñán con la poderosa agrupación de Jaén, cuyo secretario general y valedor, Paco Reyes, hoy es del círculo de amistades personales de la lideresa sevillana. Como recompensa aupó a Micaela Navarro a la presidencia del PSOE nacional y regional.