Diario Sur

«Muy pocos han dado mayor prueba de integridad que mi padre»

Una reciente imagen de José Antonio Griñán en el Parlamento andaluz. EFE/Jose Manuel Vidal
Una reciente imagen de José Antonio Griñán en el Parlamento andaluz. EFE/Jose Manuel Vidal
  • El hijo mayor de Griñán defiende con dolor al expresidente y se enorgullece de su honestidad y honorabilidad

La petición formulada por la Fiscalía de seis años de cárcel para el expresidente de la Junta José Antonio Griñán, por presunta malversación, noqueó el pasado jueves a familiares, amigos y a quienes han compartido trabajo con el político andaluz. La calificación fiscal de un delito que descartó el Supremo se suma a su incomprensión hacia la propia instrucción y a la desazón por que, pese a ello, la causa sigue adelante.

Aunque diversas voces se han alzado en su defensa, el aldabonazo lo dio Manuel Griñán Caravaca, el hijo mayor del expresidente, que colgó el domingo un post en su muro de Facebook dirigido a sus amigos, que ayer corrió por las redes sociales y ha generado una ola de empatía, además de emocionar a sus padres, que supieron del escrito una vez publicado, a través de terceros.

Manuel Griñán habla para sus contactos en FCB desde la «desesperación por ver a mi padre en el mismo saco que otros cuyas fortunas exceden lo que él ganaría en cien vidas» y cree que tenía que haberlo hecho antes, «porque no es verdad que quien calla otorga. El que calla sufre».

«Muy pocos podrán decir que han dado mayores pruebas de integridad que mi padre, aunque él nunca las cuente», dice Manuel Griñán, que hace un rápido resumen del caso: «Quiero que sepáis todos que nadie podrá probar jamás que mi padre se ha apropiado de un solo céntimo de los EREs. Ni él, ni un solo conocido suyo. Que quienes metieron el cazo para hacer uso ilegítimo de ese dinero son una serie de sujetos de la Consejería de Empleo bien identificados sobre los que él no tenía responsabilidad jerárquica. Que toda su acusación se basa en no haber cambiado un procedimiento que él no creó, aun cuando esos sujetos también malversaron dinero público por los procedimientos estipulados. Que ese procedimiento fue aprobado en el Parlamento andaluz por todos los grupos y que, aunque la justicia lo considera ahora ilegal, el Interventor de la Junta, máxima autoridad en la fiscalización de los gastos y cuyos informes se utilizan ahora como prueba acusatoria, ha reiterado que no es ilegal sino inadecuado. Y que, además, ninguno de esos informes fueron de actuación, que es el mecanismo por el que se elevarían al Consejero para que éste tomara medidas».

Mientras crecen más o menos larvadas las críticas por una presunta utilización política del sumario, el hijo mayor de Griñán indica que «todo esto es irrefutable y se basa en hechos y realidades, no en conjeturas como los autos acusatorios» y se queja de no ha funcionado la presunción de inocencia, sino que su padre ha tenido que demostrarla «aportando infinidad de pruebas, hechos e informes que, uno tras otro, han sido ignorados por la justicia. La misma justicia que no ha dudado en incriminarle en base a suposiciones, como constatará cualquiera que se tome la molestia de leer los farragosos autos».

Señala también la diferencia con otros casos: « ¿Cómo es posible que él sea responsable y tuviera conocimiento del uso que hacían del dinero público funcionarios que no trabajaban en su Consejería, que lo consintiese aun sin beneficiarse de ello y, en cambio, el jefe directo de Bárcenas, que durante años estuvo recibiendo sobres con dinero, no supiera nada de los tejemanejes del tesorero y dirija ahora sus jaurías contra mi padre?».

Manuel Griñán lamenta el día que su padre decidió ocupar la viceconsejería de Empleo, en 1982, considera que si hubiera permanecido como funcionario del Estado, incluso pasando al sector privado, habría ganado mucho más dinero, mientras que, por el contrario ha sido « hombre de una sola y magra cuenta bancaria en la época de los capitales en Suiza y en Panamá. Porque en casa de mis padres los únicos sobres que se abren son los de la correspondencia, que nunca ha traído nada bueno».

Un hombre de austeridad «autoimpuesta por su sentido de la responsabilidad y de la honorabilidad», que hasta hace poco no ha terminado de pagar su única vivienda, un adosado de los alrededores de Sevilla, y sólo ha tenido cuatro coches en toda su vida, el último para que trabaje su hijo menor, en paro hasta hace poco tiempo.