Málaga, 19 may (EFE).- Los aromas del garum -un condimento alimentario empleado durante el Imperio Romano-, la biznaga o las antiguas industrias son algunos de los que inspiran las 55 obras de arte instaladas en una exposición que se inaugura hoy en el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga.

El perfumista catalán Ernesto Ventós ha reunido durante los últimos cuarenta años obras de destacados autores en la colección de arte contemporáneo Olorvisual, y para seleccionar sus piezas se ha guiado por el sentido que tiene más desarrollado, el del olfato.

Carente del sentido del oído desde su infancia, Ventós tiene una privilegiada memoria olfativa y espera que su colección y esta exposición sirvan para que los niños "aprendan a oler" y a continuación los adultos "los sigan".

"Hacer una obra de arte es como crear una esencia. Hay que ir probando y mezclando materiales hasta llegar al final de la obra, ir ensayando hasta que decides que la obra o la esencia está terminada", ha explicado.

Relata que, cada año, crea unas veinte fórmulas de esencias, de las que suelen funcionar tres, y sólo una sale finalmente al mercado.

"Las otras se quedan guardadas en los cajones y, a veces, al cabo de unos años, retocándolas un poco, terminan funcionando", ha añadido el perfumista.

Por su parte, la conservadora de la colección y comisaria de esta muestra, Cristina Agápito, ha resaltado que todas las obras de este fondo han llegado a él "porque le evocan a Ventós de alguna manera algo vivido o una parte de su trabajo".

"Cuando visita una galería o una feria de arte, se para ante una obra y la frase detonante es: 'Esta obra huele'. No significa que huela físicamente, sino que ha despertado en su memoria algo que recuerda un momento de su vida", ha explicado la comisaria.

Además, siempre que adquiere una pieza le pide al autor que escriba un texto alusivo, lo que supone "un ejercicio de enfrentarse de nuevo a su obra y al mundo de los olores".

Para esta exposición, la comisaria ha estudiado la historia y los principales símbolos de Málaga para relacionarlos, a través del mundo del olfato, con las obras de la colección.

En el primer nivel de la sala se puede oler el garum y las piscinas donde se elaboraba dejando macerar el pescado con sal, agua y especias, a través del aroma de las algas, el salitre, la lavanda, el espliego, el romero, el laurel, la salvia, el tomillo, el orégano o el apio y el comino.

En el segundo nivel se alude a la biznaga -un ramillete de flores de jazmín-, el cenachero -tradicional vendedor ambulante de pescado en Málaga- y el espeto de pescado, con aromas de acacia, gardenia, magnolia, abedul, tinta china o cuero.

Al documentarse sobre la historia de la ciudad, lo que más sorprendió a la comisaria fue el pujante pasado industrial de Málaga, y se centró en la siderurgia, las hiladuras, las tabaqueras y las azucareras, revividas con aromas de acero, hierro, cobre, latón, bronce, óxido, polvos de talco, tiza, vainilla, tabaco de pipa, ceniza, miel o azúcar.

Todos estos aromas se acompañan de obras de Alberto Corazón, Joan Hernández Pijuan, Hugo Fontela, Agustín Ibarrola o Hannah Collins, entre otros artistas.