Diario Sur

Sevilla, 11 mar (EFE).- Proust, Mann, Brodsky, Morand, Rilke, Gautier y Barrés son algunos de los grandes escritores que llevaron Venecia a sus páginas, una tentación en la que también ha caído el poeta Juan Lamillar (Sevilla, 1957), quien ha revisado la historia artística y literaria de la ciudad en "Notas sobre Venecia".

Henry James estableció ya en 1869 que era imposible decir nada nuevo sobre Venecia -aunque él mismo se contradijo escribiendo sobre la ciudad-, mientras que Ramón Gómez de la Serna señaló que "el que sueña con Venecia es el que está en Venecia", unas advertencias que Lamillar no ha tenido en consideración al repasar la inspiración provocada por la ciudad en un librito en octavo de apenas un centenar y medio de páginas.

"En vez de elegir un título más literario o más evocador, se ha preferido la exactitud, 'Notas sobre Venecia', porque se trata de un conjunto de notas, de apuntes, de estampas que se han ido escribiendo con los recuerdos de dos visitas y con muchas horas de lectura de obras sobre una ciudad que tiene una bibliografía inagotable", ha dicho el autor a Efe.

El libro ha sido editado por Fórcola, lo cual supone otro guiño veneciano, ya que la 'fórcola' es el apoyo en el que el gondolero descansa el remo para maniobrar.

"He querido combinar, pues, citas literarias, comentarios sobre algunas pinturas, evocación de personajes, de momentos históricos de la ciudad, anécdotas personales; hay un vago orden cronológico, pero he preferido ir mezclando los diversos motivos para dar al volumen un cierto aire de caleidoscopio", ha explicado Lamillar.

"No se trata, desde luego, ni de una historia de la ciudad ni de una guía turística; me parece que no he abusado de la erudición, pero a veces el dato preciso y quizá rebuscado me era necesario para 'colorear' una estampa", según Lamillar, quien ha añadido:

"Hay varios de estos apuntes en los que relaciono algunos aspectos de la vida veneciana y de su historia con la ciudad de Sevilla, con la que comparte, por ejemplo, el expolio napoleónico".

Ensayista, crítico y profesor, Lamillar ha seguido un curioso proceso para escribir este libro: "Iba anotando citas que me llamaban la atención y que encontraban su eco o su contrate en otras de autores diferentes; y engarzarlas o enfrentarlas en un mismo texto ha sido uno de los recursos para escribir algunas de la notas".

En este caso, el poeta dice deber mucho a las imágenes, a cuadros de diversas épocas, fotografías del XIX... Pero también al cine, "Amenaza en la sombra", "Anónimo veneciano" o "Muerte en Venecia"... Y a las evocaciones musicales, con notas dedicadas a Monteverdi o Vivaldi, pero sobre todo a Igor Stravinsky, que tanto la frecuentó y que pidió ser enterrado en San Michele.

Y estampas dedicadas al 'baile Beistegui', celebrado en el otoño de 1951, "para muchos la última gran fiesta europea; el millonario Carlos de Beistegui organizó una fiesta dieciochesca a la que acudieron, disfrazados, más de mil invitados: aristócratas, millonarios, artistas, gente del cine..."

Este contenido tan diverso, tanto en temática como en la distinta extensión de las notas, lo ha tratado de unificar Lamillar con el estilo "preciso, nada divagatorio, y con un punto irónico en ciertas observaciones, y en algunas no falta una mirada poética".

"Me ha interesado mucho la mirada de Ramón Gaya, que vivió allí, sobre la ciudad, expresada en sus diarios y su correspondencia, con opiniones de gran interés sobre los grandes pintores venecianos pero también sobre la vida cotidiana", ha añadido.

Lamillar también ha concedido importancia a "los nombres de las familias aristocráticas que van marcando la historia de la ciudad y que siguen configurando una sonora letanía; de ahí que se cite el verso de Guillén: 'Pero quedan los nombres'".