Juan Luis Peña: «Todos podemos ser voluntarios; dar cada uno en su medida»

Juan L. Peña, presidente de los voluntarios malagueños. /Álvaro Cabrera
Juan L. Peña, presidente de los voluntarios malagueños. / Álvaro Cabrera

El presidente de la plataforma del Voluntariado de Málaga hace balance con motivo del Día Internacional de esta forma de ayuda: «Aquí somos muy solidarios»

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

La certeza de que quien se da a los demás termina siempre recibiendo mucho más de lo que aporta encuentra en gestos altruistas como el del voluntariado su máxima expresión. Además, y lejos de lo que pudiera pensarse, esa posibilidad está al alcance de todos, más allá de horarios laborales, edades o clases sociales: «Todos nosotros podemos ser voluntarios; dar cada uno en su medida». Lo dice Juan Luis Peña, presidente de la plataforma del Voluntariado en Málaga, quien sabe por experiencia que cada granito de arena suma: lo mismo es participar activamente desde una asociación que enrolarse en una actividad concreta y limitada en el tiempo –por ejemplo, la Gran Recogida de Bancosol– o invertir unas horas a la semana en dar compañía a enfermos o personas mayores.

Todas estas formas de ‘darse’ encontraron ayer un motivo de celebración en el Día Internacional del Voluntariado y bajo el lema ‘Deja Huella’. En el caso concreto de Málaga, la jornada se tradujo en un encuentro lúdico e informativo en calle Alcazabilla, donde algunas de las más de 80 asociaciones que trabajan en la capital –y unas 200 en la provincia– acercaron al ciudadano los detalles de un trabajo «que siempre es necesario» –dice Peña– pero que en el caso de Málaga lleva años superándose con nota. «Aquí no es que seamos solidarios, es que somos muy solidarios», celebra el presidente de este movimiento local que en el ámbito provincial suma más de 35.000 personas, y de ellos más de 18.000 en la capital.

Este vigor en la cuenta solidaria de los malagueños no es más que el resultado de una concienciación que, a juicio de Peña, «cada año ha ido a más». Y con ella, también el ámbito de trabajo de las asociaciones, ya que si hace unos años el voluntariado se ceñía casi en exclusiva a temas sociales, hoy esta amplia red de ayuda desinteresada abarca campos como el educativo, el deportivo y el asistencial. En este escenario, la crisis económica ha representado un espaldarazo fundamental para el fortalecimiento de esa conciencia colectiva de que ‘hay que hacer algo’: «Durante la crisis, las asociaciones han sido un colchón fundamental no sólo para las administraciones, sino también para los ciudadanos, porque hemos ayudado a amortiguar esos estragos», explica Peña, quien no obstante alerta de esa sensación del ‘brote verde’ «porque esta recuperación aún no ha llegado a los más desfavorecidos y hay que seguir trabajando».

La jornada internacional se celebró ayer en calle Alcazabilla con una cita lúdica e informativa

Por fortuna, esa relajación en la conciencia ciudadana de que lo peor ha pasado no se ha reflejado en un descenso del número de personas que se dedican a ayudar: al contrario, las asociaciones locales siguen sumando manos año tras año a la gran familia del voluntariado. A pesar de que esta opción está abierta a todo el mundo –la nueva Ley andaluza en esta materia está a punto de ser aprobada y regula incluso esta actividad en los menores de edad–, Peña avanza que existe un perfil muy específico del voluntario en Málaga: «Normalmente es una mujer, de unos 45 años, con una cultura media-alta y que cuando ha solucionado sus problemas de hipoteca o de crianza de los hijos decide dedicar su tiempo a los demás».

Devolver lo que se recibe

No obstante, en este enorme grupo que también cuenta con una presencia importante de jubilados «que cuando terminan su vida activa quieren seguir siendo útiles a la sociedad» se da otro tercer perfil que da la medida de que para ayudar no es necesario tener recursos sino ganas: «Tenemos mucha gente que es receptora de ayudas y que a la vez es voluntaria como una manera de devolver a la sociedad el bien que ellos están recibiendo», observa Peña.

El voluntariado en la provincia tiene un gran vigor y se traduce en más de 35.000 personas

Los retos de futuro pasan, a su juicio, por lograr una mayor financiación por parte de las administraciones, que en muchos casos «aún siguen con el cinturón apretado». Esta situación deja una contradicción difícil de resolver, ya que «la realidad dice que necesitamos más voluntarios, pero sin los fondos necesarios es muy complicado poner en marcha determinados programas». Aún así, cada mano suma.

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