Un respiro para engancharse a la vida

Juan Manuel Santiago se prepara el desayuno en la cocina del centro de Cruz Roja. / Ñito Salas

Drogodependientes pueden comer, asearse, lavar su ropa o ver la tele en un centro de acogida de Cruz Roja en Palma-Palmilla

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Son las ocho de la mañana y Juan Manuel Santiago espera a que abran las puertas de su segunda casa. O más bien la primera. Porque, aunque (mal)vive con su madre en Palma-Palmilla, el Centro de Encuentro y Acogida de Cruz Roja (CEA) para personas con adicciones se ha convertido en un hogar para él. Allí se ducha, se afeita, lava su ropa, desayuna y toma algo para el almuerzo. Además, hasta las tres de la tarde puede jugar al dominó, ver la tele, participar en algún taller o leer un libro.Pero lo más importante es que este malagueño de 51 años que cayó en las drogas cuando tenía solo 11 encuentra gente con quien conversar y desahogarse, dejando de sentirse por unas horas despreciado y prejuzgado.

También reciben atención psicológica y sociosanitaria con el objetivo de minimizar los daños de las adicciones

«Nuestro principal objetivo es minimizar los daños que sufren las personas que están en el mundo de las adicciones y mejorar su autoestima», explica Mónica Morales, directora del CEA, que aclara que no es un centro de tratamiento, sino un espacio para el respiro diario de quienes tienen o han tenido problemas con las drogas, el alcohol u otras adicciones y se encuentran en situación de exclusión social, «para que puedan sobrellevarlo lo mejor posible». «También trabajamos para que acudan a los servicios normalizados, como comedores sociales, albergues, recursos de empleo...», señala. De esta forma, hacen de enlace con el Centro de Tratamiento de Adicciones, con el que comparte edificio en Palma-Palmilla, animándoles a iniciar el proceso de rehabilitación o a continuarlo si ya se han decidido a dar el paso. Asimismo, los trabajadores y voluntarios de Cruz Roja mantienen un control exhaustivo de sus citas médicas y les acompañan a las consultas o a realizar trámites burocráticos cuando es necesario.

Un ‘book’ de fotos para reforzar la autoestima

En su día a día se sienten acomplejados por su aspecto físico, bastante deteriorado en muchas ocasiones por el efecto de las adicciones. Para reforzar su autoestima, uno de los talleres que ha llevado a cabo el Centro de Encuentro y Acogida de Cruz Roja es el denominado ‘Retrato social CEA: Cómo me ves’, en el que los usuarios se convirtieron en modelos de fotografía. Se trata de un proyecto terapéutico por medio del arte con sesiones de fotos dinámicas y participativas. «Es una forma de jugar y relacionarse, redescubrirse físicamente y valorarse como personas, aportándoles seguridad en su día a día», señalan desde Cruz Roja. El resultado final: imágenes en las que por primera vez en mucho tiempo sus protagonistas se ven guapos y guapas.

Cada día, medio centenar de personas pasan por las instalaciones del Camino de La Virreina, cedidas por el Ayuntamiento de Málaga. Allí pueden coger preservativos masculinos o femeninos, jeringuillas y papel de aluminio para intentar reducir las prácticas de riesgo si mantienen relaciones sexuales o consumen drogas. También se imparten charlas sobre VIH, prevención de la violencia...

Una de las fotos del taller ‘Cómo me ves’. / Sur

Actualmente cuentan con cerca de 300 usuarios en activo, que pueden acudir al centro cuando quieran y utilizar los servicios que necesiten con total libertad «y sin exigir nada a cambio». Pueden solicitar cita para lavar la ropa y llevarse una muda limpia a la semana, para hablar con la psicóloga, la trabajadora social o la enfermera y participar en excursiones y talleres de pintura, manualidades...

En muchos casos se trata de personas que no tienen redes familiares de apoyo, no acceden a recursos normalizados y ni siquiera cuentan con una vivienda. Como Jesús Alonso, de 49 años, que lleva cinco durmiendo en una tienda de campaña en la capital. Divorciado y padre de dos hijos, este leonés afincado en Málaga vive en la calle desde 2010 y dice que ha probado «todo tipo de drogas» desde los 18 años. Ahora dice que solo consume porros. Acude al CEA desde hace varios años, cuando el centro estaba ubicado en la Cruz Verde. «Aquí me aseo, lavo la ropa, hago cursillos, gimnasia, hablo con gente normal, hago amigos y me desahogo con la psicóloga», apunta Alonso, que se acaba de duchar y limpia el baño para que entre otro compañero.

Comida reparadora

En el comedor, Juan Manuel Santiago está preparándose el desayuno mientras otros tres usuarios ven la tele. En la cocina hay leche, tostadas, cereales, galletas, café... Unas horas más tarde, al mediodía, se pondrán bocadillos y bebidas. «Si no existiera este centro estaría en la calle, sin amigos, comería poco y volvería a caer en las drogas», señala este malagueño, seropositivo, que actualmente recibe tratamiento con metadona. Acude al Centro de Acogimientode Cruz Roja desde hace seis meses. «Aquí me cogen citas médicas, me acompañan a las consultas y me ayudan en todo lo que necesito. Cuando llegué no podía hablar, y he notado mucha mejoría, he cogido peso y me encuentro más animado. Es como mi casa», dice.

Jesús Alonso limpia el baño después de ducharse. / Ñito Salas

«Les ayudamos a que se motiven y quieran cambiar sus vidas, ofreciéndoles otras alternativas», explica la directora, que puntualiza que en los últimos cinco años, desde que el centro de acogida abrió en Palma-Palmilla, más de 1.000 personas de 40 nacionalidades, la mayoría hombres, han pasado por las instalaciones. El grueso de edad está entre 30 y 50 años, y aunque atienden cualquier tipo de adicción, la drogodependencia es la más frecuente.

Voluntarios recorren las calles en bici para llevar kits de alimentación e higiene a los usuarios que no acuden al centro

Este proyecto, financiado en su mayor parte por la Junta de Andalucía, no se limita a prestar servicio a quienes acuden al centro. Dos días a la semana, un grupo de voluntarios salen en bici y reparten kits de alimentación e higiene a usuarios que están en la calle. Además informan sobre los servicios del CEA a quienes no los conocen. También les ofrecen compañía y les escuchan, como explica Vanesa Valle, responsable de este programa de acercamiento y enfermera del CEA. Ahora cuentan con unos 14 voluntarios, pero necesitan más para ampliar el itinerario y el número de beneficiarios.

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