«Pensé que nunca trabajaría porque te piden la ESO hasta para fregar escaleras»

Susana Tirado prepara los platos para los menús que sirve a diario.
Susana Tirado prepara los platos para los menús que sirve a diario. / Paula Hérvele

La asociación malagueña ayuda a encontrar empleo a personas en riesgo de exclusión social a través de un servicio de orientación, cursos y una agencia de colocaciónSusana Tirado llegó a NAIM en paro, sin recursos económicos y con dos hijos pequeños; hoy es ayudante de cocina en una de las empresas de inserción laboral de esta ONG

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

'Cree en ti mismo', 'No te desanimes'. Estas y otras frases motivadoras decoran un mural que da la bienvenida en la sede central de NAIM (Nueva Alternativa de Intervención y Mediación), en Palma-Palmilla, una asociación que trabaja por la inserción sociolaboral de personas en riesgo de exclusión, convirtiéndolas «en protagonistas de su propia historia de éxito», como explica su presidente, Enrique Porras.

A través de la formación, el asesoramiento personalizado y una agencia de colocación, esta ONG, con presencia también en La Corta y en los municipios de Antequera y Alameda, ayuda a encontrar empleo a colectivos que sufren el rechazo del mercado de trabajo como exreclusos, parados de larga duración, inmigrantes, extoxicómanos, personas con alguna discapacidad, jóvenes sin formación o víctimas de la violencia de género. Tienen, además, la oportunidad de aprender un oficio en alguna de las tres empresas de inserción sociolaboral que la asociación creó en 2010 -un cátering, una empresa de servicios sociocomunitarios y otra de reformas y control de plagas-, que hacen de puente hacia el mercado laboral normalizado y en las que actualmente trabajan unas treinta personas.

«He aprendido a leer y ahora me siento alguien»

Después de rechazar varias oportunidades de empleo, José Antonio Pacheco confesó a los técnicos de NAIM algo que le acomplejaba: no sabía leer, por lo que su abanico de posibilidades laborales se reducía al mínimo. Entonces en la ONG se empeñaron en que superara ese hándicap y pusieron un profesor a su disposición, con el que finalmente este malagueño de 32 años y padre de tres niños aprendió a leer. «Ahora me siento alguien, ha sido un cambio radical en mi vida», dice en un vídeo realizado por la asociación hace unos meses en el que él y otros usuarios cuentan su experiencia. «Yo llevaba unos cuatro años en el paro, estaba con la autoestima por los suelos, tenía miedo de salir a la calle, no quería encontrarme con nadie», señala Paqui Cantarero, que consiguió levantarse de nuevo y hoy trabaja como cocinera en la cafetería que gestiona NAIM en el centro de mayores de Bailén-Miraflores.

Susana Tirado es una de ellas. Madre de dos niños, llegó a NAIM hace unos años en un momento en el que su marido y ella estaban en paro y no entraba ni un euro a su casa tras agotar todas las ayudas. «No teníamos ni para comer; mis hijos se apañaban con lo que había, aunque la cena fuese un plato de potaje del mediodía que me habían dado en algún comedor social», recuerda esta malagueña de 40 años que llegó a pensar «que no valía para nada». «Creía que no iba a encontrar nunca un trabajo porque te piden la ESO hasta para fregar escaleras, y yo solo tengo el graduado escolar», apunta. Sin embargo, su situación económica y su estado de ánimo cambiaron radicalmente cuando NAIM se le cruzó en el camino y empezó a formarse para trabajar en cocina a través de la empresa de inserción Q'weno, donde se inició como friegaplatos.

Pronto empezaron a llamarla para eventos puntuales -«yo veía el cielo abierto», dice-, hasta que pasó a formar parte de la plantilla y a trabajar en la sede de la empresa en La Palmilla, donde hoy es ayudante de cocina. Su sueldo, de unos mil euros al mes, es el único ingreso que entra en su casa, ya que su marido sigue parado. «No quiero ni pensar cómo estaríamos si yo no trabajara aquí», afirma Susana, que dice que por primera vez en su vida se siente «realizada». «No dejaría de trabajar ni aunque me tocara la lotería, porque los demás te valoran y tú misma también», explica antes de volver a la cocina, donde como cada mañana prepara, junto a dos compañeras, los menús que sirven a diario en La Corta, Los Asperones y Palma-Palmilla a familias sin recursos a través de la Red de Solidaridad y Garantía Alimentaria de Andalucía. Hoy hay emblanco, croquetas y ensalada y, para la cena, espaguetis a la carbonara.

Estos platos tienen como destinatarios los usuarios que acuden al servicio de orientación laboral de NAIM y siguen los itinerarios personalizados que les marcan los técnicos que trabajan en la ONG. A cambio de su implicación en la búsqueda de empleo, ellos y sus familias reciben menús diarios para que sus necesidades más básicas no les obliguen a cejar en su empeño de formarse para conseguir un trabajo.

Así lo explica Porras, que destaca la motivación y las ganas de trabajar de buena parte de las personas que acuden a la asociación, que actualmente cuenta con una base de datos de más de 1.400 candidatos en la agencia de colocación que hace de intermediaria con las empresas que buscan personal. Más del 80% no tienen terminados sus estudios secundarios.

Bonificaciones

«Apelamos a la responsabilidad social corporativa para conseguir eliminar prejuicios sobre nuestros usuarios», afirma el presidente, que aclara no obstante que nunca se ofrece información personal de los aspirantes que preseleccionan para algún puesto. Además, informan a los empresarios de las bonificaciones que pueden conseguir al contratar a determinados colectivos.

Actualmente unas 70 empresas de la provincia acuden a NAIM cuando necesitan trabajadores y el año pasado se contabilizaron 214 inserciones laborales, incluyendo las contrataciones en los tres negocios propios de la ONG. «Al principio los empresarios son reticentes, pero nuestros usuarios tienen a su favor las ganas de trabajar, y nosotros somos una garantía porque damos la cara por ellos», apunta Porras, que destaca que cuando llega un usuario a NAIM lo primero que trabajan con él es la autoestima: «Intentamos que se crean que son capaces de cambiar la historia de su vida».

En Comtygo, dedicada a actividades extraescolares y formación, hay actualmente unas diez personas trabajando, una en la empresa de reformas y control de plagas Inservic y otras 15 en Q'weno, aunque esta plantilla aumenta en eventos puntuales. Esta última empresa, además de la cocina de colectividades, cuenta con otras dos líneas de negocio: un restaurante en el Club de Tenis Málaga y una cafetería en el centro de mayores de Bailén-Miraflores. Esto posibilita que las personas que aprenden el oficio consigan una formación lo más amplia posible.

El personal de inserción, que debe representar como mínimo el 50% de la plantilla, puede estar un máximo de tres años dentro de estas 'empresas-escuela', y después se valora si permanece contratado como personal laboral o bien se le ayuda a encontrar un empleo en el mercado de trabajo ordinario.

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