De 'niño patera' a encargado de un restaurante

Ibrahim, que llegó a España en patera, es el encargado del restaurante Ciao.
Ibrahim, que llegó a España en patera, es el encargado del restaurante Ciao. / Paula Hérvele

Distintas ONG trabajan en red para ofrecer una oportunidad a estos chicos, que al cumplir los 18 años pasan de estar bajo la tutela de la Junta a verse solos en la calle

Amanda Salazar
AMANDA SALAZARMálaga

Llegaron a España siendo unos niños a bordo de una patera, como polizones o jugándose la vida en los bajos de un camión. Atrás dejaron una vida sin expectativas de futuro y a su familia. Su única maleta es el sueño idealizado de la que será su vida en Europa y las ansias de aventura propias de la adolescencia. Pero, una vez aquí, se topan de bruces con la realidad. Y no es tan rosa como la pintaban.

Son los denominados MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados) que, debido a su minoría de edad –que debe ser ratificada por un médico tras un estudio oseométrico–, pasan a estar bajo la tutela de la Junta de Andalucía. En cuanto llegan, son acogidos en un centro de menores. Allí aprenden español e incluso estudian para sacarse el graduado en ESO. Están protegidos por la administración. El problema llega cuando cumplen los 18 años y se ven en la puerta de la calle, completamente solos y obligados a convertirse en adultos demasiado rápido. Su única opción es encontrar un empleo. Pero no lo tienen fácil porque la mayoría de ellos sale de los centros de menores con una autorización de residencia, pero no de trabajo.

Por eso, la formación para el empleo se convierte en la clave para ellos. Málaga Acoge realiza desde hace tres años cursos de ayudante de cocina y ayudante de camarero para jóvenes en riesgo de exclusión social a través del programa Incorpora Joven de La Caixa del que se benefician muchos ex MENA. Actualmente, nueve chicos extutelados están realizando este curso que incluye cien horas de teoría y cien horas de prácticas en alguna de las 13 empresas que participan en esta iniciativa, según Irene Peñalver, técnica de Málaga Acoge. Un joven en prácticas y otro que ya terminó este curso cuentan su historia.

Yassine Hanoune, Marruecos. «Cuando estás solo, tú tienes que ser tu padre y tu madre»

Yassine Hanoude, marroquí de 20 años, es uno de los jóvenes que están realizando las prácticas de camarero. Desde hace algunas semanas trabaja en Lizarrán del centro comercial Vialia. «Estoy muy ilusionado porque me siento útil; es una buena oportunidad», comenta el joven de 20 años, que llegó a España con 16. «En Fez, donde nací, no tenía posibilidades; si me quedaba allí sería pobre siempre. Me he jugado la vida dos veces, una para colarme por el paso fronterizo de Melilla y, desde ahí, para entrar en el ferry, donde llegué a Málaga como polizón», dice. Los tripulantes del barco le encontraron junto a otros dos jóvenes y les entregaron a la policía. Al comprobar que era menor, le enviaron a la Ciudad de los Niños, donde ha estado un año y medio. «Allí aprendí español, porque no sabía ni una palabra», indica. Cuando cumplió los 18 años, se vio en la calle. «Fui directamente al albergue San Juan de Dios, eché los papeles para estudiar el Grado Medio de Peluquería, pero no me convenció; al final di con este curso de Málaga Acoge y es lo mejor que he hecho porque siendo camarero hablas con la gente, te haces valer, es muy entretenido», dice, con la esperanza de lograr un contrato más largo.

Muchos de estos jóvenes consiguen quedarse en las empresas en las que hacen la beca. «El pasado curso, de los doce chicos extutelados que pasaron por el programa, seis obtuvieron un contrato; se trata de jóvenes con muy buena actitud y predisposición para el trabajo, lo que hace que respondan bien en las empresas», precisa Peñalver, quien explica que, para poder tramitar el permiso de trabajo, deben conseguir un contrato de un año de duración que garantice el salario mínimo interprofesional.

Ibrahim Ali, Ghana. «Estoy persiguiendo mi sueño europeo»

Yassine Hanoune está realizando prácticas en Lizarrán del centro comercial Vialia / Paula Hérvele

El de Ibrahim Ali, un Ghanés de 26 años que llegó a Tenerife con 16 a bordo de una patera, es un ejemplo de tenacidad y superación. Dejó su rebaño de ovejas y cabras en su país para labrarse un futuro mejor y ha conseguido convertirse en el encargado de la pizzería Ciao, en el Centro de Málaga. Aunque él no era quien debía venir a España. El dinero que ahorró la familia para una plaza en una patera era para enviar a su hermano. Pero éste se enamoró e Ibrahim decidió ir en su lugar. Cruzó media África en autobús, en un viaje de un mes lleno de obstáculos. De la patera, en la que iba con 70 personas, recuerda el miedo y el silencio. Temió por su vida en muchos momentos en los cuatro días que estuvieron a la deriva hasta que los rescató Salvamento Marítimo.

Tras un año en un centro de menores salió y, con lo que ahorró del dinero de bolsillo que le daban al mes –30 euros, según recuerda–, pudo pagarse un billete de avión a Málaga, donde conocía a un familiar lejano. «Conseguí un contrato para regularizar mi situación trabajando gratis de jardinero y pagando yo la Seguridad Social. Así estuve dos años. Era la única forma de conseguir la documentación», recuerda.

Las asociaciones que trabajan dentro de Puerta Única atienden en Málaga a unos 300 jóvenes extutelados

Ibrahim destaca la ayuda que le han brindado las ONG, que le han «encarrilado el camino». Gracias a entidades como Málaga Acoge o Arrabal ha podido realizar varios cursos de formación, como de carretillero o mantenimiento; uno de ellos le ha llevado a la pizzería en la que hoy trabaja. «Ahora soy independiente, siento que estoy en el camino de lograr mi sueño europeo y puedo ayudar a mi familia enviándoles dinero», dice.

Según datos de Puerta Única actualmente hay unos 300 jóvenes extutelados en Málaga en situación de calle. «A través de este recurso, les derivamos a albergues y a distintas entidades sociales que trabajan en red como la Asociación Marroquí, Málaga Acoge, Arrabal o Rais Fundación que cuentan con programas específicos para ellos para ofrecerles formación, alojamiento y que incluso les acompañan para velar por su integración», señala Ruth Sarabia, directora de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Málaga. «Si no les damos herramientas para que puedan tener un empleo y valerse por sí mismos, su única salida es delinquir o la prostitución», afirma. Una oportunidad para evitar que sus aspiraciones migratorias se queden frustradas.

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