La mujer gitana toma la palabra

Las usuarias de la FSG Raquel y Tamara, junto a la técnica del programa ‘Calí’ en Málaga, Jeni Camacho (en el centro)./F. J. Acevedo
Las usuarias de la FSG Raquel y Tamara, junto a la técnica del programa ‘Calí’ en Málaga, Jeni Camacho (en el centro). / F. J. Acevedo

El proyecto ‘Calí’ aborda temas como la violencia machista o la doble discriminación para aumentar su inserción socio-laboral

Amanda Salazar
AMANDA SALAZARMálaga

A los 16 años, Tamara conoció al que sería el padre de sus hijos y se mudó a vivir con él a la casa de su familia. En aquel momento, su madre le advirtió de que no era el hombre de su vida, pero no se lo impidió. Entre los gitanos, casarse joven es algo habitual. Es más, cuando una mujer supera cierta edad sin estar casada, tiene que soportar más de un comentario negativo, sobre todo de las generaciones más mayores, según afirma. Con 18 años, tuvo a su primera hija. Desde el principio, Tamara supo que las cosas no iban bien. Su marido era, según señala, «machista y celoso». Cuando después de 12 años de matrimonio, ya con tres hijos, decidió separarse, tuvo que salir huyendo sin decírselo a nadie. «Me llevé a mis hijos y una maleta, no tuve más apoyo porque la familia no lo entendía; a ti te puede dejar tu marido, pero dejarlo la mujer es otra cosa», explica. «Te estás comportando como una paya», le dijeron en alguna ocasión.

Tamara (38 años) participa en el nuevo programa ‘Calí’ que desarrolla la Fundación Secretariado Gitano (FSG) en Málaga como parte de un proyecto más amplio a nivel nacional, financiado con fondos europeos y que por primera vez pone el foco en la mujer gitana para promover su acceso al mercado laboral. A través de itinerarios personalizados y de sesiones grupales, FSG ha empezado a impulsar la lucha por la igualdad de género entre mujeres y hombres gitanos para romper las barreras sociales y culturales que afectan a las féminas y que frenan su plena incorporación socio-laboral.

El programa ‘Calí’ –que llevan a cabo en su mayor parte técnicas también gitanas y formadas– lucha además contra cualquier tipo de discriminación, incidiendo especialmente en la doble discriminación que sufren las mujeres gitanas. Y por último, aborda la violencia machista entre parejas gitanas, informando y acompañando a las mujeres que den el paso de denunciar estas situaciones. En Málaga, 14 mujeres participan en el ‘Calí’ desde que comenzó su andadura hace un año en un total de 28 localidades. A nivel nacional, son más de 1.600 las mujeres que siguen estos itinerarios.

Planes personalizados de empleo y sesiones de grupo sirven para apoyar a las mujeres de cara a encontrar un empleo

«La comunidad gitana es muy heterogénea, no todos somos iguales, igual que en la sociedad en general hay muchos tipos de personas; pero grosso modo podemos hablar de que existe machismo, porque se inculca mucho el tema del respeto a los mayores, al padre, y ese respeto a veces se confunde con otras cosas y la mujer queda en un segundo plano», señala Jenifer Amador Camacho, técnica de Igualdad del programa y un ejemplo de que hay mujeres gitanas diferentes, pero están poco «visibilizadas». Esta joven almeriense licenciada en Historia es la mejor imagen para otras jóvenes gitanas de que se puede elegir otro tipo de vida. «Cualquier opción es respetable, pero es importante que la decisión que tomemos sea porque lo elegimos así, no porque pensemos que no existe otra cosa», añade.

Raquel (30 años) es otra de las usuarias del programa. Ha pasado por varios talleres de formación del plan Acceder de FSG así como por cursos de autoestima para aprender a ganar confianza y a expresarse mejor. Separada de su primer marido, con el que tiene un hijo de 13 años, es madre de dos hijas más de su segundo matrimonio. «Mi problema es que me casé muy joven», dice. «Empecé de novios con 13 años y a los 16 ya tuve a mi primer hijo; yo no sabía ni lo que quería, no estudié y ahora sé que quiero formarme más, me gustaría trabajar en una tienda de cara al público», señala, al tiempo que asegura que hará lo posible para que sus hijas sigan en el colegio y no repitan su historia . «Hay muchas niñas cuyo su objetivo desde los 13 años es buscar marido porque es lo que ven en su ambiente», señala Tamara. «Es importante trabajar precisamente esto, que las mujeres comprendan que la etapa de la adolescencia, en la que te formas como persona, es importante y no deben precipitarse», asegura Camacho.

Motor de cambio

Más aún porque, según creen en FSG, la mujer es el motor de cambio de la sociedad gitana. Al ser ella quien se ocupa de la casa, y por extensión, de la educación de los hijos, cualquier programa que quiera incidir en la situación de la comunidad gitana tiene que llegar a través de ellas. Como el programa ‘Calí’. «Yo intento educar de la misma forma a mi hijo que a mis hijas; nadie come hasta que yo me siento porque yo también merezco un respeto», dice Tamara, que ha vuelto a casarse, ya es abuela de un bebé y asegura que ahora sí se siente igual que su pareja. «Ahora tengo un compañero», dice.

Los roles de los hombres y mujeres en el hogar también se analizan en las sesiones de grupo del programa, donde las mujeres han creado una red de apoyo. Algo indispensable, dice Camacho, para destapar casos de violencia de género. Porque, aunque aún no han tenido que afrontar casos de este tipo desde ‘Calí’, ese clima de confianza es vital para que, en un momento dado, las mujeres que pasan por esto den el paso.

«Los gitanos asumimos como propias tradiciones que asimilamos cuando llegamos a España hace siglos; lo que ocurre es que la sociedad ha ido avanzando y nosotros sin embargo hemos asimilado como nuestras muchas de esas costumbres que ahora parecen antiguas; no hemos inventado eso de llegar vírgenes al matrimonio, pero al final los cambios en nuestra comunidad van más lentos y esa es la imagen que queda», opina Camacho.

Imagen de la campaña.
Imagen de la campaña.

Una campaña para destapar los prejuicios

Aunque el programa ‘Calí’ se centra en el papel de la mujer, parte de sus objetivos también se busca destapar cualquier forma de discriminación, informando, asistiendo y acompañando a quienes la sufran. En este sentido, desde la Fundación Secretariado Gitano recuerdan que las personas gitanas todavía padecen el rechazo de parte de la sociedad. Según el último ‘Eurobarómetro sobre Discriminación’ realizado en 2015, El 46% de los europeos no se sentiría cómodo al tener un compañero de trabajo gitano, y el 55%, no se sentiría cómodo si su hijo o hija tuviera una relación con una persona gitana.

Por eso, el pasado año se lanzó desde FSG una campaña que ha tenido una gran repercusión en las redes sociales. ‘El tatuaje que más duele’, en el que una joven gitana se tatuó la frase ‘Soy gitana y no soy de fiar’ –al final de la campaña la joven tachó el ‘no’–, llegó a miles de usuarios a través de Twitter y Facebook bajo el hasthtag #eltatuajequemasduele. Muchos famosos mostraron su apoyo a la campaña y se abrió un canal en el que podían verse vídeos de testimonios reales de gitanos que habían sufrido discriminación de alguna forma.

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