«Voy a demostrar lo que valgo para que no me juzguen por un error que cometí»

Rubén B. (izda.) y José Miguel G., junto a la técnico responsable del programa, Andrea Durán, en la sede de Arrabal-AID. /Fran Acevedo
Rubén B. (izda.) y José Miguel G., junto a la técnico responsable del programa, Andrea Durán, en la sede de Arrabal-AID. / Fran Acevedo

Unos 60 reclusos malagueños han podido reinsertarse y conseguir un empleo gracias al programa pionero InOut

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

«Tienes que ir siempre con la cabeza bien alta y pensar que lo has dado todo, que si un empresario no te quiere, él se lo pierde». Cada palabra de Rubén B. denota seguridad e ilusión. Poco (o nada) queda ya de aquel joven que hace nueve años entró en prisión enfrentándose a un futuro que él auguraba «negro azabache». Hoy, gracias a un programa de inserción sociolaboral de la población reclusa, este malagueño de 29 años, actualmente en libertad condicional, cuenta con un trabajo estable como camarero y ha conseguido reintegrarse en la sociedad. Es, en definitiva, «una persona completamente distinta» a la que cruzó las puertas de la cárcel de Alhaurín de la Torre en 2009. Como él, unos 60 presos malagueños han logrado un empleo en los últimos cuatro años a través de InOut, una iniciativa pionera que llevan a cabo en Málaga la asociación Arrabal-AID y la Obra Social 'la Caixa' en colaboración con Instituciones Penitenciarias. Este programa ofrece formación técnica en hostelería a los internos dentro y fuera de la prisión, así como prácticas en hoteles, restaurante y chiringuitos. De los veinte reos que cada año participan en el programa, unos 15 consiguen un trabajo.

Rubén B. pertenece a la primera promoción de InOut y lleva 13 meses trabajando en un restaurante de la Costa, donde le hicieron indefinido hace cuatro. Una vez que terminó la formación en hostelería –primero en prisión y después en el Centro de Inserción Social (CIS) Evaristo Martín Nieto– así como las 90 horas de prácticas, empezó a buscar empleo acompañado por los técnicos de Arrabal. Y en estos cuatro años, a pesar de que hay quien le ha cerrado las puertas por su situación, ha tenido varias oportunidades laborales que ha podido aprovechar primero con la clasificación 100.2 y después en tercer grado, regímenes que le han permitido estar fuera de prisión durante el día. Hoy, sin perder la sonrisa y a pocos meses de terminar su condena de nueve años y medio, afirma que no había imaginado una vida «tan buena» como la que tiene. «Me considero reinsertado porque me lo he propuesto, aunque alguna vez he pensado en tirar la toalla. He sabido coger la ayuda que me han ofrecido; me lo han puesto todo en mis manos, pero yo he tenido que responder», señala.

«Soy una persona distinta a la que entró en la cárcel porque he sabido coger la ayuda que me han ofrecido» Rubén B.

«Por un error que cometí he perdido muchos años y no voy a llevar esa cruz toda mi vida; voy a demostrar lo que valgo para que me juzguen por lo que soy, por mi trabajo y mi esfuerzo. Todos nos equivocamos y todos merecemos una oportunidad», afirma Rubén en la sede de Arrabal, donde ha conocido a José Miguel G., el preso al que El Rico liberó este año, y que en prisión había iniciado el curso 'Operaciones básicas de restaurante y bar' del programa InOut. Debido a su indulto –ha cumplido 15 meses de condena de un total de tres años por tráfico de drogas–, ha tenido que interrumpir la formación, pero continúa dentro del programa Incorpora en Arrabal. De esta forma, en la asociación está aprendiendo técnicas de búsqueda de empleo y se le ha realizado un itinerario individualizado de inserción sociolaboral. «Todo lo pasado pasado está; la vida me ha dado una oportunidad y quiero aprovecharla», dice este malagueño de 33 años con experiencia en hostelería que insta a los empresarios a dejar atrás los prejuicios a la hora de contratar personal: «Les animo a que me prueben, a que no me descarten por haber estado preso», afirma este padre de tres niños, que afronta el futuro «con ilusión».

En esta actitud positiva ha tenido mucho que ver Andrea Durán, técnico del programa Reincorpora que se encarga de la selección de presos para InOut y de impartir en la prisión el curso de habilidades sociales que complementa la formación en hostelería. Así, les enseña a gestionar el tiempo, resolver conflictos o reforzar la autoestima y la empatía. «Muchos nos dicen que gracias a que han entrado en la cárcel han cambiado», señala Durán, que acompaña a los reclusos durante los diez meses que dura el programa, ayudándoles a buscar trabajo y a seguir formándose.

«Yo me considero reinsertado; espero que los empresarios no me descarten por haber estado preso» José Miguel G.

Los internos seleccionados para el programa, que deben cumplir unos requisitos penitenciarios específicos, como que la condena no sea muy larga y estén cerca del tercer grado, reciben una formación de 290 horas dentro del centro penitenciario. Allí aprenden a preparar bebidas y platos sencillos y las normas básicas de manipulación y conservación de alimentos. Después se les traslada al CIS Evaristo Martín Nieto, donde se especializan. Por último, realizan prácticas no laborales en un establecimiento hostelero, donde algunos consiguen finalmente un trabajo. Los que no lo logran, pueden seguir recibiendo asesoramiento en Arrabal, como hizo en su día Rubén, que anima a José Miguel a luchar por lo que quiere: «Te vas a encontrar gente buena en el camino; a mí me han dado más que trabajo, me han dado la vida, y esa es mi recompensa al esfuerzo. Cada día cuando te levantes por la mañana tienes que decirte a ti mismo que va a ser un gran día y vas a darlo todo».

Los internos enseñan a niños y mayores a llevar una dieta sana

Los reclusos que participan en InOut se convierten por unas horas en chefs ante niños y personas mayores a los que enseñan cómo elaborar una brocheta de frutas o un sándwich frío saludable. Dentro de este programa de inserción laboral se establece un periodo de servicio a la comunidad donde los internos comparten sus conocimientos con otros colectivos como los menores que forman parte de CaixaProInfancia en Málaga. Así, en estos cuatro años de vigencia de InOut, los presos han visitado la Universidad, colegios, institutos y otras entidades para mostrar las habilidades que han adquirido en materia de dieta sana y hábitos saludables durante los diez meses que dura el programa de inserción sociolaboral. En los talleres que se organizan dentro de este servicio solidario que complementa la etapa formativa, los usuarios del programa enseñan a elaborar platos rápidos y recetas tradicionales de la cocina mediterránea. También ofrecen consejos para llevar una vida saludable y fomentar unas relaciones familiares afectivas.

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