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Una familia llega a Marbella a pasar sus vacaciones y se encuentra su piso okupado

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Una familia llega a Marbella a pasar sus vacaciones y se encuentra su piso okupado

Al intentar abrir la puerta, descubrieron que unos intrusos se habían colado por una ventana y habían cambiado la cerradura

18.08.13 - 14:46 -
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Salieron a las cinco de la mañana de la localidad conquense de San Clemente, rumbo a Marbella. El coche cargado hasta los topes con todo el kit veraniego para unas vacaciones en la Costa. Pero la estancia fue mucho más breve de lo que esperaban. Tras recorrer unos 600 kilómetros, su oasis junto al mar ya estaba habitado por otros. Unos okupas se habían instalado en su apartamento.

Llegaron sobre las once y media de la mañana del día 7. Mari Ángeles Esteso, la dueña de la vivienda, se dio cuenta de que algo extraño estaba pasando nada más ver la puerta. Habían cambiado su vieja cerradura y la habían sustituido por una nueva. La acompañaban su hermano y su cuñada, que iban a compartir con ella unos días de vacaciones. «Te dan ganas de darle una patada a la puerta, pero no nos atrevimos ni a entrar. Te sientes coaccionada para acceder a tu propia casa», afirma ella.

Optaron por llamar a la policía. Una patrulla se desplazó al complejo residencial Las Palmeras donde la familia tiene el apartamento, que es de un dormitorio. «Parece que los okupas entraron por unos ventanales. Los agentes llamaron varias veces a la puerta, pero nadie contestó, así que nos dijeron que debíamos ir a comisaría a poner una denuncia. Ahora está en manos del juez y, mientras tanto, no podemos hacer nada», relata la propietaria.

Se plantearon buscar un hotel, pero pronto descartaron la idea porque solo iban a sumar gastos a unas vacaciones que ya estaban arruinadas desde el principio. «Paramos a almorzar y decidimos volvernos a Cuenca. Hicimos 1.200 kilómetros en un día y, encima, sin vacaciones», se lamenta Mari Ángeles. «Y lo peor –prosigue– es cómo nos vamos a encontrar el apartamento. Ahí está mi televisor y todas mis cosas: sábanas, colchas, utensilios de cocina. Ahora tendré que tirarlo todo». Lo dice por experiencia. El año pasado ya se instaló en su casa el hijo de una vecina que se había divorciado: «La madre me llamó y me dijo que se iba a meter en mi piso para cuidármelo. No llegamos a denunciar porque se marchó cuando se lo pedimos, pero te puedes imaginar cómo lo dejó todo».

Al parecer, en esta ocasión los ‘okupas’ tampoco venían de muy lejos. Según se comenta en el barrio, se trata de unos vecinos que ya residían en el edificio y que se han ido quedando sin trabajo ni ingresos hasta que les han embargado su casa. No fue difícil averiguar el piso menos transitado. Los papeles de propaganda y las cartas que sobresalían de un buzón a reventar eran un indicio de que la vivienda no estaba habitada, ya que sus dueños la usan como segunda residencia. «Solemos ir todos los veranos, en Semana Santa y en algún puente desde hace más de 30 años», concluye Mari Ángeles. Ahora, se plantean vender el apartamento.

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