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El negacionismo se paga caro

EL MIRADOR

El negacionismo se paga caro

El mensaje de Rajoy fue un error, y además elemental: estaba calculado en clave de política doméstica

13.06.12 - 07:43 -
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La prima de riesgo es un indicador de confianza. Y la confianza en España ha recaído tras el fin de semana hundiéndose en la zona roja de los 500 puntos. El efecto balsámico del rescate se ha disipado en veinticuatro horas. La desconfianza frisa la cota máxima. Y el problema no parece tanto el rescate como el discurso sobre el rescate. En lugar de enviar la señal de que se asume la tesitura difícil con el país «al borde de un bucle de desgracias» (Krugman), el Gobierno ha pretendido presentarse desahogadamente como triunfador marcándose incluso la bordería de que esto es una imposición de España a Europa. El rescate es oportuno, pero ese discurso es inoportuno; el rescate es serio, pero ese discurso no; el rescate es prudente, pero ese discurso muy imprudente. «Fui yo el que presioné», presumía Rajoy antes de irse al fútbol ufanándose de dejar la situación «resuelta». ¿Resuelta? Parecería cómico de no cotizar en número tan rojos.
El mensaje de Rajoy fue un error, y además elemental: estaba calculado en clave de política doméstica. Ante una medida trascendental para calmar a los mercados internacionales, Moncloa actuaba de cara a la galería interior. Esa miopía ha pasado factura. En lugar de mandar un mensaje claro de compromiso y fiabilidad, todas esas vaguedades, imprecisiones, contradicciones sobre si computa o no como déficit, si es o no rescate, si hay o no condiciones provocando un aluvión de matizaciones y desmentidos sobre el Gobierno español. ha empeorado las cosas ante unos mercados que no aceptan una escenografía blanda. 'Financial Times' satirizaba el empeño de España en vender esto como un éxito. Y FT no es la Biblia, pero sí un escaparate global donde la bandera de España ondeaba completando el pabellón de los PIGS.
El 'Wall Street Journal', sin veleidades socialdemócratas, daba la alarma: «El Gobierno está repitiendo el mismo patrón de negación de la realidad que con Bankia». Esa es la imagen que se ha enviado a un mundo preocupado por España, desde Washington a Pekín: negacionismo. El error fatídico de Zapatero con la crisis, resistiéndose a aceptar la realidad, parece que se ha transferido a su sucesor con el 'pack' de la herencia envenenada. Y ahora Rajoy evoca al tipo moribundo del chiste al que van a sacrificar tras despanzurrarse en un accidente, y en ese momento exclama «parece mentira pero no me ha pasado nada, nada, nada». El Gobierno se equivoca si cree que ahora lo que importa es vender titulares complacientes en España usando la prensa afín; como esa portada del Rey felicitando a Rajoy por el rescate con el titular «¡Enhorabuena!». No es momento de pensar en el barómetro del CIS. El negacionismo se paga caro. De momento ayer a 540.
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