Como un exhalación. La llegada de los príncipes de Asturias a la boda de Beatriz Mira y Álvaro Fuster, que a estas horas se celebra en la Hacienda Nadales, ha sido un visto y no visto. Poco antes de las seis y media, hora fijada para la ceremonia religiosa, don Felipe y doña Leticia han arribado a la finca malagueña. Él, al volante de un Citroën C5 y ataviado con un chaqué negro, chaleco beige y corbata morada. Ella en el del copiloto, con un recogido trenzado y una torera verde, pero con la cabeza girada hacia el lado contrario a los fotógrafos, lo que ha dificultado inmortalizar el momento más esperado del enlace del mejor amigo del hijo del Rey Juan Carlos.
Los primeros invitados han comenzado a asomar a las cinco de la tarde. Especialmente madrugador ha sido el novio, Álvaro Fuster, que ha llegado en un taxi a las cinco y cuarto de la tarde, acompañado de algunos familiares. Chaqué negro, chaleco beige y pantalón gris, para marcar el atuendo a sus testigos. Tras él, entre férreas medidas de seguridad, han ido desembarcando el resto de los 300 asistentes, ya fuera en taxis, en coches particulares o en dos autobuses con los cristales tintados con origen en los hoteles más selectos de la ciudad. A lo lejos se ha podido atisbar la llegada de Amaia Salamanca y su novio; Rosauro Varo; Pepe Barroso; Isabel Sartorius, en su día novia del príncipe Felipe; María León; Beltrán Gómez de Acebo; Simeón de Bulgaria; o Fiona Ferrer, quien en su día ayudó a Cupido a orientar las flechas para formar la pareja.