La viuda y el hermano de Eduardo posan con la fotografía que preside el salón de la casa. :: Josele-Lanza
Cuando en la madrugada del pasado martes encontraba la muerte tras recibir tres puñaladas y un golpe en la cabeza, Eduardo Ochoa atravesaba un buen momento personal. «Empezaba a salir del bache», aseguran sus familiares. Comenzaba a asumir el inesperado fallecimiento de su padre –del que ayer se cumplieron dos meses–, se estaba preparando para un nuevo empleo y su hija de 14 meses había dado sus primeros pasos hacía tan solo unos días.
Con el sigilo policial que pesa aún sobre el caso, la familia del joven de 26 años de origen ecuatoriano asesinado tras una discusión en un bar de Cabopino da la cara para pedir justicia y defender la imagen de la víctima. «Lo han matado por un iPhone y por estar en el lugar inoportuno», es la conclusión que sacamos de lo que nos ha contado el camarero del bar. La Policía me lo ha dicho claro: ha sido mala suerte», explica Fredi Ochoa, su hermano mayor. «Se ha llegado a comentar que podría tratarse de un ajuste de cuentas. Queremos que se recalque que no ha sido así. Él no andaba en nada. El único vicio que tenía era el baile y su teléfono iPhone. Estaba todo el día enganchado a Internet», asegura su cuñada, Jeny Prato.
Solo unos metros separan la residencia familiar del establecimiento donde se produjo el suceso. Entre uno y otro punto, la autovía A-7 por donde Eduardo Ochoa circulaba desde Marbella en la noche del pasado lunes. Volvía de ayudar a una hermana de su mujer en un restaurante mejicano donde pronto empezaría a trabajar tras dos meses en el paro. Había quedado para comer con su pareja. Incluso llevaba la comida en el coche. Pero antes de cruzar la carretera decidió parar en El Mesón 24 horas de Cabopino. Poco podía imaginar que esa parada terminaría costándole la vida.
Su familia sustenta su relato en lo que un testigo del caso, el camarero del bar, les ha contado sobre lo ocurrido y los pocos datos ofrecidos por la investigación. «Parece ser que los dos hombres que entraron en el bar después de mi hermano tenían intención de robar. Además, un tercero se quedó todo el tiempo dentro de un coche con las luces apagadas. Mi hermano se cruzó en su camino con su buena ropa y su iPhone y por eso la emprendieron con él», defiende su hermano Fredi.
Según los datos de los que dispone la familia, fue en la terraza del local donde se inició la discusión. Antes, Eduardo había accedido a invitar a los dos individuos a un chupito «para evitar problemas». El camarero presenció cómo los dos hombres empezaban a empujar al joven y salió a avisar al dueño del bar que reside en la parte superior.
«En ese momento vio cómo mi hermano caía al suelo. Parece ser que intentó huir y fue entonces cuando le apuñalaron», explica Fredi con la tristeza reflejada en su rostro. Mientras, la viuda intenta reprimir las lágrimas mientras afirma que la familia peleará para que los culpables «cumplan la mayor pena posible».
Como adelantó SUR, el pasado miércoles, menos de 48 horas después del suceso, la policía detenía a dos personas en relación al caso. La familia asegura que en el día de ayer se detuvo a un tercer implicado, algo que la investigación no ha querido confirmar por el momento.
La tristeza en la que se halla sumida la familia no les impide deshacerse en elogios con los agentes que trabajan en el asunto.