Nada menos que cuarenta años pasó Edgar Allan Poe intentando sortear la supuesta amenaza de la diabetes, la sífilis, el infarto o la epilepsia. Pero no fue menor el 'sufrimiento' de Jonathan Swift, acosado por los mareos y los problemas de estómago durante prácticamente toda su vida. Las crisis de ansiedad y las úlceras desgastaron a Tolstoi, mientras que a Voltaire lo que le atormentaban eran los trastornos gastrointestinales, las fiebres y el reumatismo. En todos ellos, y en muchos otros como Descartes, Lord Byron y Kant, se ha basado Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) para debutar en la novela. Con una sólida experiencia y un nombre más que reconocido en el terreno del relato, el malagueño se adentra ahora en la mente de un criminal con cierta sensibilidad a las enfermedades en 'El asesino hipocondriaco' (Plaza & Janés), una original historia cargada de ironía y suspense en la que parodia el género negro y con la que se ha alzó como finalista del Premio Clarín, después de meterse en el bolsillo a un jurado compuesto nada menos que por nombres de la talla de José Saramago, Rosa Montero o Juan Cruz. La presentó el viernes en la librería Luces de Málaga de la mano de Fernando Iwasaki.
«Me interesaba un personaje que tuviera una visión deformada del mundo para darle a la historia un toque distinto, distorsionante, mucho más imaginativo de lo que me podía permitir un narrador normal», asegura Muñoz Rengel en referencia a este ser «obsesivo» y «solitario» que no hace otra cosa que dedicarse a su profesión. «Por eso, para entender la vida o para no sentirse tan solo, se ha buscado a esos amigos, los grandes escritores y filósofos que como él eran espíritus sensibles, estaban perseguidos por la mala suerte y tenían enfermedades parecidas a las suyas. Él, en el fondo, adopta las de todos», precisa el autor malagueño, que ha rastreado a fondo las biografías de un buen número de figuras del pensamiento y la literatura universales para apoyarse en anécdotas reales. Al fin y al cabo, su intención no es solo divertir, sino también instruir. Y lo hace a través de este asesino profesional que cuenta en primera persona el proceso para acabar con su último objetivo. Otra cosa es que sus intentos sean certeros. La culpa la tendrán esas supuestas enfermedades que encontrarán su paralelismo en los grandes hipocondriacos de la Historia.
De esta forma, Muñoz Rengel vuelve a rendir tributo a la literatura después del repaso que hizo a los géneros europeos en su último libro de relatos, 'De mecánica y alquimia', con el que obtuvo el Premio Ignotus y fue finalista del Premio Setenil. También es autor de '88 Mill Lane' y ha coordinado y prologado las antologías de narrativa breve 'Perturbaciones' y 'Ficción Sur'. Además, ha sido incluido en las dos antologías de referencia de su generación, 'Pequeñas resistencias' y 'Siglo XXI'. Ahora aporta un aire fresco a la novela con 'El asesino hipocondríaco', la primera que publica pero no la única que ha escrito... afortunadamente.