Jerónimo Elespe puede «estar» ocho, nueve años con un cuadro. No pintar. «Estar». Empezarlo, obsesionarse con él durante dos meses, luego archivarlo, puede que olvidarlo, retomarlo al tiempo, volver a guardarlo... Un proceso íntimo y anárquico en el que vida y obra se entrelazan hasta cuajar en pequeñas, algunas diminutas, láminas de aluminio pintadas con delicadeza impresionista y tensión expresionista.
Un «diario íntimo» minimalista que ahora ofrece algunas de sus hojas (de óleo y aluminio) en el espacio central del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga). Elespe toma el relevo de otro autor volcado en la pintura, Wayne Gonzales, un hecho que tiene poco de casualidad, como ha explicado esta mañana el director del espacio municipal Fernando Francés: «"Nos interesan mucho los artistas que trabajan sobre las maneras de reinventar la pintura y, en ese sentido, creo que no hay otro pintor que hoy en día trate de entender la pintura como un ejercicio de introspección tan intenso como lo hace Jerónimo Elespe».
El propio Elespe (Madrid, 1975) ha explicado esta mañana que su obra nace a partir de un «proceso acumulativo» en el que su cotidianidad se filtra en su labor creativa. Y también viceversa. Por eso la exposición 'Tácitos y sordos' (en cartel hasta el 25 de marzo) combina escenas en apariencia baladíes de la vida ordinaria en 'Los afónicos', 'Atezado' o 'Mohn' con imágenes vinculadas al estudio del artista como las ofrecidas en 'Desk', '8pm' o 'Trastero'.
La obra de Elespe surge entonces manierista y profunda. Inquietante y hemosa. En especial ante retratos como 'The antipodal room', 'R.' o 'María Z, again', en los que figuración y abstracción conviven en semblanzas que reclaman un lugar en la línea de sucesión dinástica de Velázquez, Caravaggio y Bacon.
Una muestra planteada como una instalación. Un proyecto en el que cada pieza actúa de forma independiente, pero también como eslabón de una cadena. Por eso ninguna tiene cartela que le acompañe. El espectador deberá tomar su propio camino, dejarse la prisa en la entrada. Acercarse para luego alejarse. Buscar en cada obra los detalles ocultos con la fascinación del 'voyeur'. Saborearlos. 'Tácitos y sordos' requiere su tiempo. Como el que se toma Elespe para pintar y "estar" con sus obras.
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