El conductor del todoterreno acusado de provocar el accidente del autobús de turistas finlandeses en el que murieron nueve personas y otras 26 resultaron heridas ha declarado esta mañana en el juicio que se ha celebrado por este caso que perdió el control del vehículo tras tocar el freno para reducir la velocidad al encontrarse otro coche delante. El joven ha negado que perdiera el control por haber consumido alcohol.
"Me encontraba bien, solo había tomado dos cervezas, de otra manera no hubiera conducido. Había llovido y me encontré un vehículo delante. Toqué el freno y perdí el control", ha manifestado el procesado, que seguidamente, ha roto a llorar.
El accidente ocurrió el 19 de abril de 2008, sobre las 19.30 horas, cuando el turismo circulaba por la A-7, en el término municipal de Benalmádena, y se salió de la vía por el margen izquierdo, chocó con la barrera metálica de la mediana y salió proyectado hacia el interior de la calzada, tras lo cual colisionó en el carril derecho con la parte posterior izquierda del autobús. A consecuencia del impacto, el autobús volcó sobre su costado derecho e impactó contra la barrera, mientras que el todoterreno se salió de la vía por el margen derecho hasta quedar en una zona de arbolado y tierra. La valla metálica de la mediana entró por el techo del autobús hiriendo y causando la muerte a algunos de los turistas que se dirigían en ese momento al aeropuerto para regresar a Finlandia.
El conductor del todoterreno dio positivo en las pruebas de alcoholemia, más del doble del nivel permitido y, según el fiscal circulaba a una velocidad excesiva (152 kilómetros por hora, según los peritos) e inadecuada en una calzada, en un tramo curvo descendente, que en ese momento se encontraba mojada como consecuencia de la lluvia.
El fiscal ha solicitado cuatro años de prisión para el conductor al que acusa de un delito de conducción temeraria con resultado nueve delitos de homicidio por imprudencia grave y 26 de lesiones por imprudencia grave.
Cúmulo de sucesos desgraciados
La defensa ha modificado su petición inicial, en la que consideró que los hechos constituían un delito contra la seguridad vial, por el que solicitaba para su cliente una pena de seis meses de prisión. Para el letrado, Pedro Apalategui, los hechos constituyen solo una falta de imprudencia con resultado de muerte y lesiones, por lo que solicita una pena de 600 euros de multa, dado que entiende que ha existido la atenuación de la reparación del daño causado, con el pago de las indemnizaciones, y la privación del carné de conducir durante un año.
El abogado ha argumentando que el joven que había consumido en una fiesta familiar "alguna bebida alcohólica", pero que la causa de la pérdida del control del vehículo "se produjo como consecuencia del toque de freno" en una curva descendente, con un desnivel del 2,9%, cuando se encontró otro coche delante.
"Se produjo un cúmulo de sucesos desgraciados, como el vuelco del autobús y la entrada de la bionda en él a modo de guillotina. Esto no puede entrar en las exigencias de previsibilidad en el debe del acusado, porque no es una causa previsible", ha concluido el defensor.