El cierre de Malaca hace ahora un año dejó huérfanos a un buen número de agricultores del Valle del Guadalhorce que se quedaron sin su principal medio para vender sus productos. La que hasta entonces era la mayor cooperativa de cítricos de la provincia de Málaga cesó su actividad como consecuencia de su elevada deuda y del fracaso del plan de rescate, que pasaba por vender los terrenos donde se ubicaban sus instalaciones (en Estación de Cártama) para levantar viviendas.
Finalmente, aquel proyecto no pudo salir adelante y disipó las ilusiones de los cerca de 200 socios que por aquel entonces todavía formaban parte de la sociedad. Sin embargo, hoy algunos de aquellos agricultores albergan la esperanza de constituir una nueva entidad que se convierta en la sucesora de Malaca para distribuir en el mercado sus naranjas, limones y clementinas.
«Seguimos celebrando reuniones y vamos poniendo capital poco a poco», explica Cristóbal Cantos, ex jefe de campo de Malaca y uno de los impulsores de este proyecto, que prácticamente nació al cerrar la cooperativa cartameña. Según comenta Cantos, este grupo de agricultores se reúne todos los primeros jueves de mes y ya ha logrado reunir unos 30.000 euros para la constitución de la futura sociedad. Eso sí, todavía no está claro cuándo se creará oficialmente ésta ni dónde estará su sede. En abril del año pasado trascendió que el Ayuntamiento de Álora había hecho un ofrecimiento para que ex miembros de Malaca se instalaran en una nave municipal, pero la iniciativa finalmente no cuajó.
Cristóbal Cantos apunta que el proyecto se adelantaría bastante si se les cediera un lugar donde localizar la cooperativa, aunque una buena parte de estos agricultores han acabado escarmentados de las instituciones públicas porque las culpan de no hacer nada ante los problemas de su anterior cooperativa. Para la creación de la nueva sociedad, en principio fueron 34 los propietarios de tierras con cítricos los que se subieron al carro, si bien la última cuota la han pagado solamente 17. «Estamos seguros de que cuando se constituya muchos más se sumarán», subraya Cantos.
Lo que queda más remoto es la posibilidad de retomar el proyecto de actuación de una nueva planta de tratamiento de cítricos promovida por la antigua cooperativa, pero que no fue aprobado por el Ayuntamiento de Cártama hasta después de su cierre. Para ello se había reservado una parcela en unos terrenos catalogados como industriales y productivos en la zona de Casapalma.
Empresas al relevo
Así las cosas, los agricultores del Guadalhorce sobreviven ahora cómo pueden, apoyándose mutuamente e informándose de posibles compradores a los que vender sus productos. Con Malaca en el dique seco, tratan de colocar sus frutos a través de almacenistas y empresas privadas de la comarca como Porras (de Cártama) o Cítricos El Romeral (de Alhaurín de la Torre), que se han convertido en los principales canalizadores del mercado.
Atrás quedaron los tiempos en los que Malaca era la envidia de las cooperativas agrarias de la provincia, con más de 700 socios que aportaban 25 millones de kilos de productos, principalmente limones y naranjas. Para llenar ese vacío han ido ideándose otras iniciativas, pero ninguna ha llegado a concretarse todavía.
La última en salir a la luz es un proyecto impulsado por un grupo de empresarios de Coín para levantar en dicho municipio una gran planta transformadora para el tratamiento de cítricos y su conversión en zumos y otros productos derivados. Para ello, se plantea una inversión de 835.000 euros y unos dos años de obras para crear una industria que generaría unos 170 jornales diarios y hasta una decena de puestos de trabajo fijos en la fábrica.