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El Albéniz más flamenco

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El Albéniz más flamenco

El autor de ‘Suite Iberia’ recibió en Málaga una influencia que trasladaría a sus partituras

12.04.10 - 10:25 -
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Los actos en conmemoración del centenario de su muerte el año pasado así como los del ciento cincuenta aniversario de su nacimiento en este 2010 han puesto de actualidad la vida y obra de Isaac Albéniz i Pascual (Camprodón, 29 de mayo de 1860 – Cambo-les-Bains, Francia; 18 de mayo de 1909), uno de los más célebres compositores y pianistas españoles del siglo XIX y principios del XX. Una de sus obras cumbres, la ‘Suite Iberia’ para piano, está considerada una de las más grandes obras pianísticas del siglo XX.
Dentro de estos actos de aniversario, la Orquesta Filarmónica de Málaga dedicó su concierto número 9 de la actual temporada al maestro catalán, con una selección de ‘Iberia’ y la obra ‘Navarra’.
Albéniz fue un viajero incansable y Málaga fue una de las ciudades en las que hizo escala. Aquí, según algunos autores, recibió una importante influencia que luego trasladaría a sus partituras. La parte central de ‘Rumores de La Caleta’, sexta pieza de ‘Recuerdos de viaje’ (una obra de 1887), es una malagueña. Eusebio Rioja, historiador y reputado flamencólogo, considera que «una de las claves de la afición y de los conocimientos guitarrísticos de Isaac Albéniz hay que buscarla en Málaga». Justo Romero, en su biografía sobre Albéniz, considera que ‘Málaga’ es «uno de los símbolos más degustados y tocados de la obra albeciniana».
De su paso por la ciudad queda como recuerdo el nombramiento como profesor honorario del Real Conservatorio de Música María Cristina, el 12 de mayo de 1883.
Una primera pista sobre la presencia de Isaac Albéniz en Málaga nos la ofrece Francisco Bejarano en ‘Las calles de Málaga’, obra publicada en 1941-42 por la Academia de Bellas Artes de San Telmo (reeditada en 1985 por Arguval).
Pecoso y barbado
En su recorrido por las calles de la capital, señala el cronista: «Una tarde, el piano que tantas noches de triunfo presenciara, repleto de notas dormidas, vuelve a sonar... A los primeros tanteos sucédense los arpegios, acordes y notas sueltas, y, después, trozos seguros de pulsar decidido, bellísimos, de insólitas vibraciones. Aquello es algo genial y vigoroso, sentimental y alegre a un tiempo mismo, ... ¿Quién es el que así toca? Varias tardes continúa sonando el piano. Y las notas antes sueltas, desperdigadas, se buscan y se unen correteando juguetonas sobre el terso teclado... Y se va formando la obra, que acaso se llame después ‘Rumores de La Caleta’... En un atardecer, acompañado de un directivo, déjase ver el músico misterioso... Es pecoso y barbado, son abiertos y claros los luminares de sus ojos y viste, con cierto desaliño, un chaqué de pardo color. Su aire es de artista y de bohemio de corazones... Ya podemos decir quién es: se llama Isaac Albéniz». Se refiere Francisco Bejarano a los conciertos que ofreció Albéniz en Málaga invitado por la Sociedad Filarmónica.
Profesor honorario
La Sociedad Filarmónica de Málaga se creó en 1869. En 1880 se consigue fundar el Conservatorio de Música, con lo que llega una época de gran esplendor y por sus salones pasan Rubinstein, Albéniz, Gayarre y otros intérpretes, según la propia entidad. En este sentido se manifiesta también Manuel del Campo, crítico musical y presidente de la Academia de Bellas Artes San Telmo en su obra ‘Historia del Conservatorio de Música de Málaga’, premio Málaga de Investigación en 1969, cuando escribe: «En aquellos años iniciales pasaron por el Conservatorio malagueño –enseñaron temporalmente– profesores de gran valía y relieve nacional e internacional: Isaac Albéniz que en las varias temporadas que pasó en Málaga daba armonía y piano; el excelente violoncellista José Castro; y el gran pianista y compositor Teobaldo Power».
Eusebio Rioja ofrece incluso datos más concretos, cuando afirma que «Albéniz llegó a Málaga por primera vez en 1882 para ofrecer un concierto de piano el día 12 de mayo, en la Sociedad Filarmónica Malagueña. De inmediato se enamoraría de Málaga en cuyo Conservatorio consigue una plaza de profesor». Del Campo considera, en cambio, que este último dato no está contrastado, ya que en las actas del Conservatorio, que se conservan, no hay constancia documental de que Albéniz fuera profesor del centro. Sí se recoge, en cambio, que el 12 de mayo de 1883 Albéniz fue nombrado profesor honorario del Conservatorio de Málaga.
Justo Romero en su biografía ‘Albéniz’ (Scherzo y Península, 2002), señala: «El viajero Albéniz abandona la atlántica Cádiz para recordar en el sexto y penúltimo número de la colección a la mediterránea Málaga. Lo hace a través de esta malagueña fresca, salada y atractiva, que, con absoluto merecimiento, se ha asentado como uno de los símbolos más degustados y tocados de la obra albeniciana, tanto en su versión original para piano como en las mil y una transcripciones guitarrísticas disponibles para todos los gustos».
La colección a la que hace referencia el biógrafo es ‘Recuerdos de viaje’, op. 71, compuesta en Madrid entre 1886 y 1887, y sus números son ‘En el mar’ (barcarola), ‘Leyenda’ (barcarola), ‘Alborada’, ‘En la Alhambra’ (capricho), ‘Puerta de Tierra’ (bolero), ‘Rumores de La Caleta’ (malagueña) y ‘En la playa’.
En similares términos se expresa el director de orquesta Gorka Sierra, quien considera que «aunque la obra es para piano, las melodías y las armonías que inspiran a Albéniz tienen profundas raíces en la música popular, y más concretamente en el flamenco», de tal manera que «en algunas ocasiones, el maestro reproduce, los ‘arpegios’ y ‘rasgados’ típicos de la guitarra flamenca», sostiene.
En ‘El Café de la Loba. Los cafés cantantes y las ventas de La Caleta de Málaga. Una aproximación a su historia y a su ambiente’, Eusebio Rioja, asegura que durante las dos últimas décadas del XIX y las tres primeras del XX, La Caleta malagueña se erigió en un auténtico emporio de arte flamenco. Según indica, ‘Rumores de La Caleta’, fue fruto de sus visitas y paseos por La Caleta malagueña.
Guitarras y malagueñas
«¡Qué bien suena ‘Rumores de La Caleta’ tocada a la guitarra!, aunque originalmente esté compuesta para piano. Denuncia así en voz muy alta que sus fuentes de inspiración fueron las guitarras y las malagueñas, tocadas y cantadas en La Caleta de Málaga. Es un ejemplo más de obras compuestas para otros instrumentos o para agrupaciones de ellos –orquestas incluidas– donde sus autores los convierten en inmensas guitarras, en guitarras enormes. Hay que recordar la ‘Danza del Molinero’ (Farruca) de ‘El sombrero de Tres Picos’ (1917), obra de Manuel de Falla, por ejemplo. Toda la orquesta es una inmensa guitarra», afirma Rioja en la obra mencionada.
«La primera parte de ‘Rumores de La Caleta’, que se repite al final funcionando a modo de estribillo o ritornello, recoge un aire mixto que evoca el toque por soleares y por malagueñas. La segunda parte es una ortodoxísima malagueña abandolá o bandolá, donde suena, sin sonar, el compás abandolao de tantos cantes de Málaga. Como la pudiera cantar Juan Breva, por ejemplo», sostiene Eusebio Rioja.
‘Rumores de La Caleta’, tal como consta en el encabezamiento de la partitura, está dedicada al general malagueño José López Domínguez (Marbella, 1829-Madrid, 1911), uno de los más destacados militares y políticos españoles de su tiempo. Amigo personal del general Prim, el vínculo entre López Domínguez y Albéniz probablemente fuese el padre del compositor, quien también mantenía cierta relación personal con Prim.
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