Sorprende que los estremecedores datos del paro en Málaga no hayan sacudido la conciencia de políticos, empresarios y sindicatos y asistamos todos los meses a la 'normalidad' de que lleguen unas cifras que cada vez suman más en rojo en una espiral de pobreza y desamparo sin precedentes en la economía local. La otrora 'máquina locomotora' de la economía andaluza se ha gripado, y lo peor es que yace arrumbada en algún sitio, no se sabe bien dónde, sin que hasta ahora nadie haya llamado a la grúa para que traslade el vehículo a un taller para su reparación. No sé qué es más escandaloso, si el número de parados de Málaga o el hecho de que un mes tras otro nadie salga a la palestra para al menos solicitar una reflexión colectiva que nos lleve a examinar la situación por la que se atraviesa y las posibles soluciones, si es que las hay. Somos la sexta provincia con mayor paro de España. No es que estemos en segunda, sino que ya hemos descendido a tercera división. Lamentable.
La crisis estructural de la economía española le ha dado un bofetón a Málaga y no somos capaces de reaccionar. Nuestra situación de ruina no viene de la mano de los problemas financieros ni cosas parecidas, sino de una economía basada en la cultura del ladrillo y de la construcción, sector al que sea dicho de paso, incluso en los tiempos más boyantes, se dedicaron a demonizar sectores de la vida social malagueña sin darse cuenta de que precisamente era el que sostenía las estructuras de una débil economía local, que ahora mira con cara de nostalgia hacia aquellos años pasados que sin duda fueron mucho mejores para todos nosotros.
Estamos en un momento de veradero peligro, y todo sigue igual, sin que nadie levante la mano y pida la palabra. Eso es lo que más asombra. Hace falta una reactivación de la economía malacitana, en base a nuevos parámetros, mayor inversión pública y privada, y, sobre todo, en base a una dinamización social que ahora mismo no existe por muy asombroso que parezca. La 'teta madre' del Estado no durará siempre. Es imposible.