No hay acontecimiento en Málaga que no recoja su cámara fotográfica. Y todo por vocación, ya que profesionalmente se ha toda la vida a la docencia hasta hace dos años, que se prejubiló.
José Sánchez Ponce nació en Álora (25 de febrero de 1947), donde se asentaron sus padres, que eran de Carratraca. Tras cursar los estudios elementales en la localidad del Valle del Guadalhorce hizo el bachiller en el instituto Vicente Espinel de Antequera. Después, en Málaga, estudió Magisterio, aunque, antes de obtener el título, ya ejercía de maestro de analfabetismo en Álora cubriendo sustituciones por designación de su profesor.
La familia se vino a vivir a Málaga. El padre se colocó en una portería del Muelle de Heredia y Pepe Ponce -así es más conocido-, terminada la carrera, tuvo su primer destino en la escuela-hogar de Sabinillas, un internado de alumnos no escolarizados. Allí estuvo tres años. Luego pasó a un colegio a Casares, «donde tuve una de las experiencias más bonitas de mi vida como maestro», y recaló también en Pizarra y Coín. Ya en Málaga, dio clase en el colegio de Las Flores, en el de La Palma, en unas prefabricadas que había frente a La Rosaleda, en el de La Luz y el Púa de El Palo.
Método de enseñanza
Parecía que su vida profesional iba a estar cerca de niños con problemas y empezó a especializarse de la mano del doctor Miguel Linares con un curso de pedagogía terapéutica. Más tarde hizo educación especial. Aquel dicho de 'Cada maestrillo tiene su librillo' lo aplicó Pepe Ponce en la enseñanza. «Encontré fórmulas fáciles para enseñar a estos niños: asociaba la imagen con la palabra». En una cartulina pegaba una foto de la madre del alumno y al lado le ponía la palabra 'mamá'. Así con todas las cosas, comenzando con palabras de dos sílabas.
De esta manera enseñó a leer y a escribir a alumnos con dificultades cognitivas. «El sistema me dio un resultado perfecto. Me di cuenta de que el aprendizaje era muy rápido». Una gran parte de su vida laboral la pasó en el centro Santa Rosa de Lima, uno de los mejores dotados en la época. Allí estuvo unos trece años, si bien terminó su actividad docente en el colegio de Tiro de Pichón.
Ponce descubrió también que era enriquecedor para los alumnos las visitas a monumentos y lugares de Málaga. Los llevaba al centro, a las barriadas, a Gibralfaro, al morro... Los desplazamientos en autobús urbano eran escandalosos y él fue formándolos poco a poco para que se supieran comportar. Les presentaba a los pesonajes que salían habitualmente en los medios de información. Así pudieron saludar al mismo alcalde. «No hay nada mejor que enseñarles la realidad. Cuando veían después en la tele a los personajes que habían conocido sabían quiénes eran y se los comentaban a sus padres». Se trataba de alumnos de hasta 16 años con problemas familiares, fuerte carácter y comportamiento antisocial. Pepe Ponce los estimulaba y los socializaba con su técnica personal, incluso recurriendo al flamenco y a las letras de Camarón de la Isla para integrar a un grupo de gitanos.
Su otra gran pasión es la fotografía. Empezó a descubrir de chaval en su cuarto oscuro de Álora cómo se proyectaba en la pared por una rendija de la ventana las siluetas de las personas que pasaban por la calle. Eso le llamó la atención. Experimentaba con cajas de cartón y de lata. Unía las lupas con las gafas y 'fabricaba' catalejos.
A mediados de los sesenta llegó a sus manos su primera cámara de fotos. Poco después, un compañero del colegio le dejó una 'Wonderland' con diafragma «y aquello me volvió loco». Empezó a encerrarse a revelar en el cuarto oscuro. Quedó enganchado. En los años setenta y tantos adquirió una 'Olympus OM1', su primera reflex, y con un amigo se iba a la provincia a fotografiar los pueblos. «Nos llamaban Pepe Olympus y Pepe Fujica. Siempre íbamos juntos». Ingresó en la Asociación Fotográfica de Málaga y fue uno de los primeros de Aula 7.
Una amplia colección
Desde la década de los setenta Pepe Ponce fotografía todo lo que se mueve en Málaga. Ha tocado todos los palos: retrato, urbanismo, cultura, toros, Semana Santa, antropología... Lleva casi 40 años fotografiando la actualidad de Málaga. No hay acto que se precie que no esté allí este inquieto personaje, de brillosa calvicie y perilla blanca, que se mueve en moto. En este tiempo ha conseguido reunir en su casa más de 400 cámaras de fotos y un número superior de lentes. «Todo lo que he podido comprar lo he comprado».
Aparte de las fotos que él ha hecho, ha adquirido otras muchas antiguas en rastros, en anticuarios y a coleccionistas. Otras se las han dado y algunas las ha encontrado tiradas en la calle. Entre placas de cristal, diapositivas, postales y latas de películas tiene más de millón y medio de imágenes. «En mi casa no cabe nada».
La familia
Encuentra la comprensión de su mujer, Mari Carmen Blanes, con quien se casó el 5 de junio de 1977. Sus dos hijos, Pablo (31 años) y Alejandro (25) han seguido sus pasos. Ambos han montado una web (www.andaluciaimagen.com) en la que venden fotografías en Internet, fundamentalmente a periódicos, editoriales y agencias de publicidad. «Pablo tiene el banco de imágenes más importante de Andalucía y uno de los mejores de España con ciento y pico mil fotografías».
Pepe Ponce lleva cierto tiempo fotografiando localidades de Marruecos como Tetuán, Nador, Xauen, Larache... Estas imágenes serán expuestas en mayo en Málaga. Escudriñar el pasado de estas ciudades que pertenecieron al Protectorado español le ha servido para encontrar una «similitud idéntica» con Málaga.
Quiere centrarse este año en personajes mayores para fotografiarlos de manera especial. Además, es el vocal de Fotografía del Ateneo, donde organiza diversas actividades para los aficionados. Pepe Ponce tiene varios libros de fotografías publicados y decenas de exposiciones. Sus casi 40 años fotografiando la actualidad de Málaga le han dado para mucho. Su trabajo bien merece estar en un museo.