Alegría por ver de nuevo a la familia y cansancio después de tantas horas de trabajo casi sin descanso, aviones y carretera. Los cuatro componentes malagueños de Bomberos Sin Fronteras que partieron el pasado 14 de enero para ayudar en las labores de rescate en Haití tras el terremoto regresaron ayer a la capital.
La vuelta tiene un sabor agridulce porque, a pesar de todos los esfuerzos, no han conseguido encontrar a ninguna persona viva entre los escombros en la zona que les asignaron y llegan con la «pena» de ver a una población que vive en la más absoluta miseria. Pese a todo, se vuelven con la satisfacción del trabajo bien hecho y saben que su labor se ha sumado a la de muchos otros efectivos que sí han conseguido rescatar a algunas víctimas de entre los cascotes. «Este es un trabajo en equipo entre toda las fuerzas internacionales que están trabajando allí», indica Hipólito Lucena, sanitario del equipo, que ha participado por primera vez en un grupo de emergencia.
Con mucha más experiencia después de trabajar en terremotos, tsunamis y huracanes por todo el mundo en la última década, Miguel Rey, jefe de la expedición, se refería a la situación de la población Haitiana: «Cuando llegamos apenas había coordinación y hemos vivido asaltos constantes en la base del aeropuerto de gente que trataba de forma desesperada de conseguir comida». Sobre la inseguridad en la zona, señala que han temido más las réplicas que posibles ataques, aunque afirma que la situación allí es peligrosa.
El cabo del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga y presidente de Bomberos Sin Fronteras Miguel Rey, los componentes de la unidad canina Jesús Alba y Francisco Javier Ortega y el sanitario Hipólito Lucena trabajaron en la zona de Carrefour, un barrio a diez kilómetros de Puerto Príncipe que se encontraba muy cerca del epicentro del terremoto. El equipo lo completaban otros cinco efectivos de distintas zonas de España.
Labor sobre el terreno
Su labor en Haití ha sido localizar los cuerpos y posibles supervivientes gracias al olfato de perros entrenados y a un TPL, un localizador de personas sepultadas de última generación que funciona con ultrasonidos. «Es uno de los peores terremotos que he vivido; ha causado mucho caos y destrucción», dice Miguel Rey, que ha vivido situaciones límite en Turquía, Argelia, Marruecos o Guatemala. Una experiencia que ninguno olvidará.