El ex alcalde Pedro Aparicio echó ayer la vista atrás para recordar su experiencia en lo que definió como «el momento más duro» de sus 16 años al frente del Ayuntamiento: las
inundaciones de 1989. Aparicio cerró en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés el ciclo de conferencias organizado con motivo del 20º. aniversario de la tragedia, bajo la coordinación del historiador Elías de Mateo.
Aparicio reconoció el sufrimiento que le produjo que se perdieran vidas humanas, aunque señaló que también tuvo experiencias personales «fantásticas». En cuanto a las políticas, las calificó de «horribles». «Fueron los días más duros de mi etapa al frente de la Alcaldía por ver cómo se usaba el dolor de mis paisanos para hacer política», afirmó, al tiempo que confensó haber sentido la misma sensación en 2002 cuando en el hundimiento del 'Prestige' frente a las costas gallegas «mi partido (el PSOE) volvió a usar la tragedia para hacer política».
El ex regidor recordó la «tremenda oposición» a su gestión para hacer frente a la catástrofe que hizo el PP y, especialmente, Izquierda Unida. «Nos obligaron a convocar plenos a las diez de la noche», detalló.
No obstante, Pedro Aparicio subrayó que las inundaciones del 89 empujaron a la ciudad a dar un «impulso» en la primera mitad de los años noventa que se materializó en un plan de obras que superó los 25.000 millones de las antiguas pesetas. «El Ayuntamiento puso la tercera parte, lo que le causó un agudo endeudamiento», añadió.
Para Aparicio, la ciudad fue víctima en aquel momento «del fracaso de las infraestructuras supramunicipales», si bien reconoció que no ayudaron cuestiones bajo responsabilidad del Ayuntamiento, como el estado de solares llenos de escombros y edificios en ruina en Trinidad-Perchel y el Centro, la mala calidad del suelo de los polígonos, la falta de limpieza de arroyos y, en parte, la red de alcantarillado.
Proyectos dependientes
Respecto a los proyectos que dependían de otras administraciones, destacó la falta de drenaje del Guadalhorce, que se desbordó, la deficientes y escasas carreteras de la época, el estado del cauce del Guadalmedina y la falta de repoblación forestal en los montes.
Aparicio llamó la atención sobre estas dos últimas cuestiones, al no estar todavía totalmente resueltas. Sobre el Guadalmedina, dijo que se hizo una primera fase del tratamiento del río, que todavía espera una solución para su integración en la ciudad de los informes que elabora la Agencia Andaluza del Agua. «Es algo dificilísimo porque el cauce no se puede desviar y la presa necesita desembalsar agua prácticamente cada año. Les deseo suerte a mis sucesores», afirmó.
En cuanto a la repoblación de los montes, argumentó que no está completada porque aún se acumulan rocas y troncos en arroyos del este de la ciudad como el Jaboneros cuando llueve torrencialmente.