No habla de optimismo, sino de esperanza. Javier González de Lara (Málaga, 1963), vicepresidente ejecutivo de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), sólo necesita dos palabras para referirse al año que acabamos de despedir: «annus horribilis». Los más de 90.000 pequeños empresarios y autónomos de la provincia comienzan 2010 con el reto de sobrevivir en un entorno nada favorable. Sin embargo, González de Lara confía en el potencial de Málaga para salir de la crisis e insta a aprovechar la coyuntura actual para proyectar nuevas infraestructuras que mantengan la actividad una vez superado el bache. «Hay que seguir luchando», dice.
-Enero es el mes de los balances y las previsiones. ¿Qué ha supuesto 2009 para el empresariado malagueño?
-Ha sido un año muy negativo para el desarrollo socioeconómico de Málaga, habida cuenta de que 2010 comienza con unos parámetros muy desfavorables. En los últimos 14 años ha sido la provincia más dinámica en creación de empresas, en empleo, en actividad productiva... y, sin embargo, en 2009 se han destruido 32.000 empleos netos y han desaparecido 6.000 empresas entre pymes y autónomos. Hemos vuelto a tasas de actividad del año 2004, algo desconocido.
-En el año 2000 ya contemplaba el futuro con nubarrones, especialmente en la construcción. ¿Es usted un visionario?
-Ni mucho menos. Quizá desde la CEM tenemos la posibilidad de manejar bastante información. Es un gran observatorio que te permite, elevando la visión, tener perspectiva; y con un poco de sensatez y rigor se pueden visualizar determinados parámetros. Es el único mérito.
-¿Se ha tocado fondo?
-Es muy difícil saberlo. La tendencia en 2010 es que se reduzca la intensidad de la destrucción de empresas y empleo como consecuencia de que hasta la propia crisis desacelera, aunque parezca un contrasentido. Cuando tú desciendes en tu propia posición, llega un momento en que la caída es menor. Eso no quiere decir que sea un consuelo. Significa que estamos en una posición alarmante y preocupante. El empresario está intentando sobrevivir, en absoluto conflicto con el entorno, para sacar adelante su negocio y poder mantener los puestos de trabajo, que es lo que quiere hoy día. No ya ganar dinero, que es el gran objetivo que tiene que tener una empresa.
-En esa lucha por sobrevivir, ¿los empresarios están solos?
-Solos no, pero sí incomprendidos en ocasiones, porque las distintas instancias públicas intentan dar su apoyo, pero no siempre en la dirección adecuada. Se ha elegido a nivel de la Administración central del Estado un modelo en nuestra opinión erróneo, que es disparar el déficit público, la deuda pública y el gasto social a una cifra desconocida en nuestro país, a cambio de no respaldar de una manera clara y concisa al tejido productivo. ¿Qué quiero decir con ello? Es mucho mejor apoyar al empresariado con incentivos, con ayudas, simplificando trámites y facilitando la actividad empresarial, pero se ha elegido un modelo que busca cubrir políticas sociales, que son necesarias, qué duda cabe, pero no a cualquier precio. No son políticas activas de empleo, sino pasivas.
-¿Qué previsiones de empleo hay para este año en la provincia? ¿Van a seguir destruyéndose puestos de trabajo?
-El proceso quizá sea de moderación, pero se va a seguir destruyendo empleo porque no estamos viendo cambios en el propio modelo. No hay un nuevo escenario y no se están tomando decisiones que vayan en la línea de apoyar al tejido productivo de manera eficaz.
-¿Son necesarios cambios en el mercado laboral?
-Creemos que hay que reformar el mercado de trabajo en profundidad, pero en el sentido positivo. No hablamos de despido. El empresario no quiere despedir al personal, lo que quiere es modalidades de contratación sencillas y favorables que también protejan al trabajador. Pero cuando está en juego la supervivencia de esa empresa tiene que tomar medidas. Pero no nos engañemos, el empresario que despide personal por esas necesidades está anticipando su final, porque no le queda más remedio. Es una medida de autosalvación. La verdadera crisis es no saber buscar soluciones o no haberlas encontrado para evitar esta sangría de pérdidas de empleo.
-El difícil acceso a la financiación es uno de los principales problemas de los empresarios. ¿Están abriendo el grifo las entidades?
-Hasta la fecha no lo hemos visto y esta puede ser una de las grandes razones por las que estamos en esta crisis tan profunda. ¿Cómo puede sobrevivir una empresa sin financiación ajena? Venimos demandando desde hace año y medio que se faciliten líneas de acceso a financiación para pymes. No culpo necesariamente a las entidades, que también sufren la crisis, pero los responsables públicos sí pueden presionarles más para que sean más sensibles a la necesidad de concesión de créditos.
-Parece que las administraciones tampoco ayudan mucho. Hace unos días denunció que adeudan más de 350 millones de euros a las pymes en la provincia de Málaga...
-Sí, la elevada morosidad de las distintas administraciones, fundamentalmente corporaciones locales, para obras, servicios y suministros se está convirtiendo en un grave problema.
-¿A qué corporaciones se refiere?
-Permítame que no lo diga por una cuestión de prudencia y porque hay algunos casos muy evidentes. Se dan en la Costa fundamentalmente.
-¿Por qué no denunciarlo abiertamente?
-No queremos perjudicar a quien cobra. No se trata de acusar con el dedo, sino de decir a los responsables municipales que tengan en cuenta que está en juego la supervivencia de muchos empresarios. También rompo una lanza a favor de los ayuntamientos porque aquí hay un problema de fondo que es la financiación de las entidades locales. Por distintas razones, los propios consistorios han tenido que asumir en los últimos años competencias que no les corresponden. Que un ayuntamiento tenga que construir colegios o hacer políticas de empleo me sorprende una barbaridad. Para eso hay otras administraciones. A este país hay que darle una gran reforma y cambiar muchos planteamientos. Para colmo, el modelo no se ha modificado porque se vive del sector del ladrillo, tan denostado y perverso, como siempre han querido decir algunos, pero que le ha dado de comer a todas las entidades locales durante muchos años. Y son aquellos ayuntamientos que se han visto paralizados en mayor medida por el freno de la construcción los que más dificultades están atravesando ahora. De aquellos polvos, estos lodos.
-¿Entonces no ha habido mala gestión por parte de los ayuntamientos?
-Habrá casos, y son los ciudadanos los que tienen que denunciarlo ante la Justicia o poner a cada uno en su sitio con el derecho al voto.
-¿Cómo valora la caída de la inversión pública en la provincia?
-Mal. En proporción a que el gasto público se dispara, la inversión pública desciende. Son vasos comunicantes. Nos gustaría que siguiera en Málaga al ritmo que ha estado en los últimos años, pero hay algo más relevante para nosotros y más grave aún, que es la escasez de proyectos. Lo que frena un territorio, lo que paraliza la actividad y genera una pérdida de ilusión es que no haya proyectos nuevos, y eso es lo que nos preocupa a los empresarios. Las grandes obras en infraestructuras no se improvisan. Se tienen que presentar con tres, cuatro y cinco años de antelación y hoy por hoy estamos aún viviendo de proyectos que ya estaban en marcha. ¿Qué va a ocurrir cuando se ejecuten y se finalicen? Por ejemplo, seguimos hablando del saneamiento integral, que lleva más de 25 años en ejecución. El día que lo concluyamos, en el 2012 por lo visto, además de abrir las botellas de champán, ¿qué vamos a hacer? Lo importante es que en crisis los responsables políticos planifiquen para cuando salgamos de ella, que no cuesta dinero, se trata simplemente de pensar. Málaga necesita nuevos proyectos, nuevas infraestructuras. Es necesario que acabe el saneamiento integral, que el tren litoral se ejecute, el auditorio, el PGOU de Málaga... Pero además de eso, hay que seguir planificando, desarrollando una gran área metropolitana. Hay que seguir mirando a Málaga como locomotora económica que ha sido, es y será, y como una provincia que ha compensado a las arcas públicas con tres euros por cada uno que se ha invertido. Siempre ha sido muy generosa.
-¿A qué se debe esta ausencia de nuevos proyectos?
-Yo creo que también hay una crisis de talento. Lo que hace falta es pensar, ponerse de acuerdo, consensuar políticas... Hay que cerrar proyectos como el megahospital, el del Guadalmedina...
-¿Qué obras considera prioritarias?
-Las infraestructuras clave son los planes generales, la ordenación del territorio, que todas las dudas que tenemos se disipen, y eso no cuesta dinero. Y luego hay proyectos singulares. A ver si acabamos la autovía del Mediterráneo, el tren del litoral, el metro, que aunque está en marcha habrá que planificar y pensar las siguientes líneas, el puerto seco de Antequera, el Guadalmedina, el tercer hospital, áreas empresariales; hay que invertir en infraestructuras relacionadas con las nuevas tecnologías, con la sociedad del conocimiento... Eso es lo que tiene que hacer la Administración, poner en primera línea a la provincia. Son cuestiones básicas para el futuro y el desarrollo.
-Si en el año 2000 ya vio nubarrones, ¿puede prever cuándo saldrá Málaga de la crisis?
-Es muy difícil decirlo porque hoy por hoy no vislumbramos un cambio de tendencia. La inercia es que finaliza 2009 con unos ratios muy negativos. Puedo tener esperanza, pero no optimismo. Vamos a ver qué ocurre en el primer semestre. Hace falta acometer cambios y no los estamos viendo.
-¿Es difícil mantener el espíritu emprendedor en tiempos de crisis?
-Es muy complicado ser empresario siempre, pero ahora mucho más, pero estos profesionales tienen que aprender de las propias crisis y saber vencerlas. El empresario que no ha sorteado dificultades, de alguna forma aún no se ha ganado los galones.