La Consejería de Cultura no está de acuerdo con la propuesta de modificación puntual del PEPRI de Málaga, en relación con el proyecto presentado por una entidad privada para la construcción de un hotel en c/ Hoyo de Esparteros. En realidad lo que vuelve a ponerse de relieve es la tendencia a la que hemos asistido en los últimos años, donde las actuaciones urbanas en Málaga se reducen a una cuestión de competencias administrativas, quedando relegados los aspectos que sin duda más interesan a los ciudadanos. En este sentido, los proyectos que por su localización, su capacidad funcional y económica para regenerar tejidos urbanos devaluados ó su impronta formal para erigirse en referentes de la ciudad, son oportunidades que no deben enredarse en el Urbanismo burocrático que nos invade lamentablemente en esta Andalucía nuestra.
Tambien en estos casos aparece el gran dilema del Urbanismo que es su 'aparente escasa justificación científica', pues que se trata de extender al conjunto del espacio urbano, en este caso la Ciudad Histórica, una interpretación generalista de los 'hechos urbanos' que corresponden a etapas diferentes en el tiempo y en su génesis social, y por tanto las soluciones proyectuales que se planteen sólo tienen sentido en el contexto donde se localizan, y no en ningún otro.
La Ciudad, entendida como parte de la cultura de una sociedad, es sólo reflejo de las contradicciones o de la coherencia de las decisiones de gobierno que permite determinadas actuaciones. El control de las mismas no pertenece sólo a otras administraciones, tambien pertenece a los ciudadanos que a través de procesos más participativos debieran opinar de estos proyectos, y no sólo enterarse por la prensa.
Nos parece oportuno citar la actuación de renovación urbana que se lleva a cabo en la Plaza de la Encarnación de Sevilla. En este espacio se localizaba un antiguo mercado, y durante más de veinticinco años se hicieron diversas propuestas de reordenación para renovar esa zona del Casco Histórico de Sevilla.
Para los que conocimos las distintas opciones, sin duda, la que ahora se está construyendo no es quizás la más afortunada, pero fue el resultado de un concurso de ideas, de ámbito internacional, y las administraciones han sido consecuentes con el fallo del mismo. La propuesta ganadora recreaba en el espacio del antiguo mercado un nuevo espacio público, ampliación de la propia Plaza de la Encarnación, y formalizaba su arquitectura con 'un conjunto de hongos gigantes', con una escala muy superior a la edificación histórica circundante y con una vocación clara de ruptura respecto al orden urbano existente del entorno próximo.
La propuesta deRafael Moneo para el borde Este del río Guadalmedina tiene algunas cuestiones similares, indudablemente no formales ni funcionales, respecto a la actuación sevillana.
El ámbito de ambas propuestas se localiza en los cascos históricos de Sevilla y de Málaga, y por tanto afectadas por la legislación de Patrimonio Histórico de Andalucía y sendos Planes Especiales de Protección y Reforma Interior (PEPRI). Las administraciones competentes para evaluar la actuación urbana son el Ayuntamiento de cada ciudad y la Consejería de Cultura, a través de la Comisión de Patrimonio Histórico.
Es evidente que la situación de cada actuación en el contexto de los cascos históricos de Sevilla y Málaga es distinta. En el primer caso, la localización es centrada e interior y constituye la ocupación/renovación de un suelo público de un antiguo mercado en un contexto de arquitectura decimonónica, y con yacimientos arqueológicos en el subsuelo.
En el segundo caso, la fachada Oeste del ámbito del PEPRI de Málaga que compone su imagen urbana al río Guadalmedina no es precisamente coherente, ni desde el punto de vista del lenguaje de su arquitectura ni por supuesto en la escala urbana de cada actuación, y es posible que con las excavaciones de sótanos puedan aparecer restos de valor arqueológico.
No he sido nunca amigo de comparar Sevilla y Málaga, pues son ciudades de nuestra Andalucía con historias muy diferentes, ni trato de hacerlo con este asunto, pero sí aspiro como malagueño a un trato similar en las cuestiones públicas. Lo contrario siempre huele a disputas entre partidos que, siendo legítimas, están cada vez más alejadas de los ciudadanos.
En este sentido, sí cabe realizar algunas consideraciones. La intervención en los cascos históricos en los últimos treinta años ha pasado en nuestro país de un 'laissez faire' donde no se respetó ni la escala urbana ni las alineaciones, ni por supuesto la conservación de edificios que hoy mantendrían una referencia culta de la ciudad, a un mimetismo de la arquitectura antigua, propia de un conservadurismo añejo y provinciano, donde se confunde el mantenimiento de fachadas, incluidos los herrajes, con la rehabilitación urbana y la renovación moderna de las tipologías arquitectónicas.
Sólo basta pasearse por Málaga para comprobar el costoso andamiaje utilizado para la estabilización de los muros perimetrales cuando se interviene en un edificio antiguo, mientras que el interior se derriba quedando un vacío que ya no responde a ninguna tipología arquitectónica que deba ser valorada en el contexto de un PEPRI.
Qué lejos quedan los buenos ejemplos de la intervención en las ciudades italianas, donde el concepto de renovación está más próximo al de reutilizar el espacio y reinterpretar el tipo arquitectónico con un lenguaje actual que al simple mimetismo de un pasado que ya no volverá, siempre más próximo a una falsa escenografía urbana.
Si los cambios de escala urbana en las propuestas de Sevilla y Málaga son comunes; si ambas actuaciones tratan de convertirse en una referencia que renueve y mejore el entorno; si estas actuaciones han sido conocidas previamente por los ciudadanos, quizás sólo de manera formal; si las administraciones son el municipio y la misma Consejería de Cultura ; cabe preguntarse: ¿Por qué la Administración autonómica considera que no es posible modificar puntualmente el PEPRI de Málaga, con relación a una iniciativa privada de uso hotelero?, y en el caso de Sevilla parece que el concurso público bendice 'los hongos gigantes', a pesar de que cuando se terminen de construir aquello se parecerá en cierto modo a 'Liliput'. Vivir para ver.