La primera vez que pisó Málaga, Luis Cuevas (Utiel, Valencia, 1933) no podía dejar de mirar el cielo. «Había más estrellas de las que había visto nunca», recuerda. Corría el año 1972 y él regentaba su propia empresa de publicidad en Barcelona, donde tenía mujer y seis hijos. Pero en ese momento, asegura, «supe que algún día vendría a vivir aquí». No fue de inmediato, quizá porque Luis es un hombre de los que meditan mucho las cosas antes de hacerlas. «Soy flemático, me gusta dejar reposar las decisiones», reconoce. Tuvieron que pasar 16 años para que la premonición se cumpliera: en 1988, los Cuevas trasladaron su domicilio y el de su empresa, Deporinter, a la capital de la Costa del Sol. Y hasta ahora.
Pero antes de eso pasaron muchas cosas, todas ellas relacionadas con el ciclismo, un deporte que le debe mucho a Cuevas. No en vano las federaciones andaluza y española le concedieron recientemente sendas insignias de oro en reconocimiento a su labor. Fue ciclista amateur en su juventud, pero sus mayores victorias las ha obtenido al otro lado de la meta, en la organización de carreras. «En el mundo de las agencias publicitarias había mucha competencia, así que decidí especializarme en algo. Me di cuenta de que había muchas cosas por hacer en el ciclismo. Hasta en el Tour de Francia las pancartas eran de risa: arrugadas y mal hechas», recuerda.
De Cataluña a Andalucía
Luis Cuevas, que se define ante todo como un amante del trabajo bien hecho, fue haciéndose un nombre en el mundillo del ciclismo. Le ficharon de la Vuelta a España para 'vestir' las metas volantes y los puertos de montaña, y así fue como visitó Málaga aquella primera vez en 1972. Un año después, recibió la llamada de auxilio del organizador de la Vuelta Ciclista a Andalucía -el malagueño Emilio Ramos-, que estaba a punto de irse a pique. Deporinter se implicó en esta carrera durante cuatro años, tras los cuales Ramos, movido «más por motivos políticos que deportivos», decidió que no habría más ediciones. Cuevas, que seguía viviendo en Cataluña, podría haberse vuelto a centrar en sus otros negocios. Pero Andalucía le había enganchado. Por eso decidió crear una nueva carrera: la Ruta Ciclista del Sol, que partía de esta región y atravesaba Murcia y la Comunidad Valenciana. Fue un éxito.
«Muchos pensaron que era un loco suicida y que mi aventura acabaría pronto, pero hubo ocho ediciones. Y sólo la dejé de organizar porque la Junta me pidió que recuperara la Vuelta a Andalucía», recuerda el empresario utielano. Un importante desafío que él aceptó, mudándose a Málaga con familia y empresa a cuestas. El cambio de ciudad, confiesa, no le resultó difícil: «Me gustan las aventuras, aunque no soy como el Quijote: tengo los pies en el suelo».
Inundaciones
Y para aventura, la que le aguardaba en Málaga nada más llegar: las inundaciones de 1989 se cebaron con su empresa, ubicada en el polígono La Azucarera, haciéndole perder casi cincuenta millones de pesetas. «El agua alcanzó una altura de metro veinte: se lo llevó todo -recuerda-. Pero salimos adelante. Uno no puede quedarse con la cara de pena porque lo único que te dan es una palmadita en la espalda y luego, ¿qué?».
A base de trabajo duro y de no dormirse en los laureles, Deporinter fue creciendo y tocando nuevos 'palos'. Actualmente se encarga de organizar algunos de los eventos deportivos más populares de la ciudad, incluyendo la carrera de El Corte Inglés, la Media Maratón o el Día del Patín. Incluso participó en la organización de las Paraolimpiadas de Barcelona 92 y ha creado una réplica de la Maratón de Nueva York en Sevilla.
Pero la 'niña bonita' de Luis Cuevas sigue siendo la Vuelta a Andalucía. Aunque sobre el papel lleva jubilado once años, sigue encargándose cada año personalmente de preparar los recorridos y está al pie del cañón durante los cinco días de carrera. «La Vuelta mueve a 1.500 personas y yo sé en qué coche va y con quién comparte habitación cada una», asegura. El fundador de Deporinter es un corredor de fondo: disfruta del trabajo previo más que de la meta. «Para mí lo bonito no es la culminación, sino lo que hago hasta conseguirlo: el trabajo, los interrogantes, las piedras en el camino». ¿Lo mejor del ciclismo? «La relación humana. He conocido a gente muy buena, muy sana».
De los seis hijos de Luis Cuevas, cuatro trabajan en Deporinter. Él, retirado de la primera fila de la gestión, da consejos cuando se lo piden y se reserva las tareas que le gustan, «porque lo de estar en la casa del jubilado discutiendo del Barça y del Madrid no es lo mío». «Mis hijos se lo han currado, ¿eh? Ninguno es niño de papá. Ellos no se han encontrado la empresa hecha, han colaborado en su construcción», advierte. «Nunca les he dado paga: si querían dinero, venían a trabajar conmigo los fines de semana y se lo ganaban. Así lo hicieron mis padres conmigo», añade. Unos padres de los que Cuevas heredó una estricta ética del trabajo. Procedentes del pueblo valenciano de Utiel, emigraron a Barcelona cuando él tenía seis años.
Valenciano de nacimiento, catalán de educación, malagueño de adopción... ¿De dónde se siente Luis Cuevas? «Ni de uno de ni otro: me siento español, por eso me encuentro muy bien en cualquier lugar de España. Eso sí, no cambiaría Málaga por nada», explica.
Ahora que está jubilado, Cuevas tiene más tiempo que dedicarle a su otra pasión: la poesía. Suele ir los jueves por la tarde a los recitales de la Peña Malaguista en el Liceo de Málaga. «Recito desde hace sesenta años. Machado me encanta, Lorca también», confiesa. Por lo demás, el empresario se dedica a disfrutar de sus amigos y su familia: su mujer, Quimeta - «el mejor pilar de mi vida», asegura-; sus hijos y, sobre todo, sus nueve nietos. Después de superar dos meningitis -una en 2002 y otra en 2007- que casi se lo llevan por delante, al empresario la vida le parece «mucho más bonita que antes, si cabe».