Sólo hizo falta una hora de lluvia intensa para sumir a Málaga y municipios cercanos, como Alhaurín de la Torre y Torremolinos, en el caos. Una brutal tromba, con cincuenta litros por metro cuadrado en sesenta minutos, paralizó la ciudad y el área metropolitana durante toda la mañana.
Aunque empezó a llover antes, las precipitaciones más intensas se concentraron entre las nueve y las diez de la mañana. El pluviómetro de la Empresa Municipal de Aguas (Emasa) en el Hospital Noble registró 42 litros por metro cuadrado en ese lapso. El del aeropuerto se situó en 50 litros, mientras que en Alhaurín de la Torre se alcanzaron los sesenta.
Tras la tormenta no llegó precisamente la calma sino el caos. Los teléfonos de emergencias de Bomberos, Policía Local y 112 se colapsaron en cuestión de minutos ante el aluvión de llamadas motivadas por el temporal. Entre todos estos servicios gestionaron más de doscientas incidencias en la capital y en los municipios cercanos.
La tromba dejó casas y garajes inundados, más de cien coches atrapados o averiados, calles cortadas... Afortunadamente, los daños personales fueron puntuales. El único accidente destacable fue el de un trabajador que resultó herido al caerle encima una cornisa que se desprendió por las lluvias.
E l temporal se dejó sentir en toda la ciudad, aunque sus efectos fueron más catastróficos en unos barrios que en otros. Los sectores de Carretera de Cádiz y Cruz del Humilladero sufrieron cuantiosos desperfectos. En la barriada Dos Hermanas el corredor ferroviario acaudaló el agua de las fuertes lluvias y provocó una auténtica riada de barro y piedras que convirtió la zona en un lodazal. El agua anegó una veintena de casas, la mayoría en la calle Cañada de Mejía, paralela al futuro bulevar, así como en el colegio Espíritu Santo, que tuvo que ser desalojado.
La zona este de la capital fue otra de las más castigadas por las lluvias. Los paseos del Limonar y Cerrado de Calderón parecían ríos. Los coches aparcados en la desembocadura del arroyo Los Pilones, en el paseo marítimo de Pedregalejo, actuaron como un tapón que impidió que desaguara al mar. De no ser por las pilonas existentes en el paseo la fuerza del agua habría arrastrado los turismos hasta la playa.
Como consecuencia, las callejuelas aledañas y las viviendas situadas junto al cauce quedaron anegadas. En total, la crecida afectó a una veintena de casas bajas, donde los vecinos -tras el susto inicial de ver que el agua alcanzaba a sus hogares con rapidez- se afanaron por limpiar el barro durante toda la jornada de ayer.
Las crecidas de ríos y arroyos causaron un reguero de problemas en la ciudad. La subida del nivel del Guadalmedina dejó atrapados a dos indigentes, a los que no les dio tiempo a abandonar su refugio habitual bajo el puente de Tetuán. Tuvieron que ser rescatados por los bomberos.
Fuertes crecidas
Los ríos Guadalhorce y Campanillas presentaban fuertes crecidas de su caudal. De hecho, la policía llegó a plantearse el desalojo del centro comercial Málaga Nostrum y los establecimientos y naves industriales colindantes. El techo de una tienda de mobiliario y decoración cedió ante la fiereza del agua.
El arroyo del Cuarto se desbordó. El embovedado que recoge su cauce rebosó a la altura del puente de las Américas -levantó una tapa de alcantarilla de cuatro metros cuadrados- y provocó una gran riera de agua que anegó la avenida de Andalucía.
A partir de las diez de la mañana, el decorado de la ciudad se llenó de charcos que atraparon vehículos o, como mínimo, les impidieron circular. Hubo que cortar dos tramos de la calle Bodegueros por las enormes balsas de agua que se formaron. En la avenida José Ortega y Gasset, a la altura del barrio de La Princesa, se creó una balsa de casi un metro de profundidad. Un coche patrulla se quedó atrapado dentro cuando acudió a rescatar a los conductores de otros dos turismos con problemas. Lo mismo le ocurrió a un tráiler, varado en el falso túnel de la calle Almogía.
Los barrios de Churriana y Campanillas también registraron numerosas incidencias por el agua, al igual que los polígonos. La carretera Azucarera-Intelhorce quedó parcheada por el efecto de la lluvia y el paso de vehículos pesados. Fuentes policiales estimaron en más de cien los coches afectados por la tromba en la ciudad. «Ni siquiera las grúas podían llegar hasta ellos para retirarlos», comentaba ayer un agente municipal.
Al igual que las calles, las fuertes precipitaciones obligaron a cerrar carreteras. La calzada de la MA-21 en sentido Cádiz tuvo que ser cortada provisionalmente a primera hora de la mañana. La circulación se canalizó por uno de los carriles en sentido contrario y por la A-7. Al cierre de esta edición, aún permanecían cortadas la N-331 a la altura de Antequera y las carreteras comarcales que unen La Viñuela con Vélez-Málaga y la localidad de Campillos con la de Teba.
El tráfico ferroviario también se vio afectado. Renfe tuvo que transbordar por carretera a los pasajeros de seis trenes de media distancia por el corte de vías inundadas en Málaga, Granada y Jaén. La línea férrea estuvo cortada en Campillos desde las 8.00 hasta las 10.00 horas.
En el área metropolitana, la localidad que sufrió con mayor severidad el azote del temporal fue Alhaurín de la Torre. Las zonas más afectadas fueron la antigua carretera de Coín y los alrededores de tres arroyos (Pinar, Valle y Bienquerido), que se desbordaron, aunque el primero fue el que causó más problemas. El CEIP Algazara fue desalojado por precaución. Protección Civil contabilizó 187 incidencias por las lluvias.
Incidencias en la provincia
En el Valle del Guadalhorce, el río que da nombre a la comarca se desbordó a su paso por Estación de Cártama y causó daños materiales. En Coín, los bomberos intervinieron por el derrumbe de una casa abandonada. También en este pueblo, la crecida de los ríos Seco y Grande obligó a cortar varios caminos rurales.
En Ronda, las intensas precipitaciones, que rondaron ayer los 40 litros por metro cuadrado, volvieron a provocar el desbordamiento de los ríos Guadalevín y Guadalcobacín, en su punto de unión que da origen al Guadiaro, en la pedanía rondeña de La Indiana. Alrededor de diez viviendas quedaron incomunicadas.
En la Vega de Antequera y Mollina, el desbordamiento de un canal anegó una docena de fincas, dejando bajo el agua 2.000 hectáreas de cultivo, principalmente de cereal. Los vecinos afectados están recogiendo firmas para denunciar los daños, ya que achacan el desbordamiento a la falta de limpieza del canal y a la rotura del dique para impedir que el agua inunde la A-92.
En Marbella, pese a ser el punto de la provincia con más precipitaciones -81 litros en menos de 24 horas- apenas se registraron incidentes. El agua obligó a cortar los túneles bajo la antigua N- 340 a la altura de Puerto Banús y los accesos a dos urbanizaciones de Las Chapas corrieron la misma suerte, aunque el tráfico se reanudó a mediodía . El túnel cercano a La Cañada también quedó cortado al tráfico, anegado por el barro.
Por último, en Manilva la lluvia causó daños en los caminos rurales, que quedaron intransitables. Los más afectados fueron los de Estepona, El Tranche y Panderón. En la zona de camino de Martagina varias familias quedaron incomunicadas por la mañana. También hubo varias intervenciones por viviendas y garajes anegados.