ENTRE las muchas y buenas cosas que nos dejó Sergio Scariolo de su estancia en Málaga (por cierto, ¡cómo te echan de menos en el Unicaja, amigo!), sin duda una de las más hermosas es la Fundación Césare Scariolo, que tiene como principal finalidad la prestación de atención social y profesional a niños enfermos de leucemia y linfoma y a sus familias, y lleva el nombre en memoria del padre del gran entrenador de baloncesto, fallecido hace unos años a causa de un cáncer. Aunque Sergio esté en Moscú, la Fundación mantiene una intensa actividad en Málaga, incluidos actos sociales y recreativos para los pequeños. Fue emocionante y maravilloso ver a ese grupo de chavalines como durante un buen rato se olvidaron de todas sus penas y pasaron un rato inolvidable juntos a sus familiares y amiguitos en el Martín Carpena viendo el pasado lunes el Canta Juegos Infantil. El grupo hizo las delicias de niños y grandes al cantar canciones populares entremezcladas con los villancicos, muy propios de esta época del año. Los niños de la FCS junto a sus padres y hermanos lo pasaron genial, no dejaron de cantar, bailar y sonreír, en una tarde inolvidable. Y es que no hay nada que valga más que la sonrisa de un niño. Por cierto, Sergio Scariolo pasó la nochevieja solo en Moscú por motivos profesionales, mientras su esposa, Blanca Ares, y sus hijos, se encuentran en Marbella aprovechando los días de vacaciones, entre otras cosas porque en la capital rusa hace un frío de mil pares de pelotas de baloncesto, que son las más grandes, así como por los compromisos del entrenador del Kinhki.
Total, que ya se nos ha ido 2009 y en este primer Horizontes Cercanos deseamos a todos, antes que cualquier otra cosa, mucha salud, que lo demás puede llegar, pero como falte la salud, la cosa va de pena. Nuevo año y nueva vida, pero siempre recordando a quienes ya no están entre nosotros, que fue lo que hizo Málaga el miércoles con Miguel de los Reyes, aquel inolvidable artista heredero de otro malagueño, Miguel de Molina, que cantaba como pocos. Una cuestación popular y la aportación final del Ayuntamiento de 20.000 euros han hecho posible la estatua, que realizada por Miguel García Navas, representa una pose típica de Miguel de los Reyes, con su pañuelo anudado al cuello y su chaqueta al hombro, y el símbolo de su amor por Málaga al llevar agarrada una biznaga. Miguel de los Reyes ya tiene una calle en su barrio, en la Cruz Verde, y ahora, a escasos metros, en la plaza de la Victoria, conocida por todo como 'el Jardín de los Monos', luce una estatuta magnífica por cierto, y además con 'porte', como tienen que ser, de más de dos metros de altura y 350 kilos de peso, y no como la erigida al padre Arnaiz, que se pierde tan pequeña como 'engullida' por un pedestal que es mayor que la escultura propiamente dicha. Todo muy bien y muy justo, pero tampoco es malo recordar a los vivos, y quizás tan poco venga mal contar ahora que Miguel de los Reyes, que ganó muchísimo dinero, que fue un triunfador nato, sin embargo, entre otras cosas por una generosidad desbordante que le hizo dilapidar una verdadera fortuna en favor de los que lo necesitaban, llegó sin un duro al final de sus días y lo pasó francamente mal. Sólo el buen sentir de algunos malagueños ayudaron a quien fue un verdadero genio. Una de sus últimas actuaciones fue en la Fiesta de los Vendedeores de SUR, en el Teatro Albéniz, y junto al cuadro flamenco formado entre otras por sus sobrinas ('la Morena' era un escándalo de bien bailar) formó un verdadero 'taco'... Pena de los 'señoritos' que algunas noches le hicieron pasar un mal rato al bueno de Miguel de los Reyes en el restaurante Antonio Martín cuando le pedían 'una canción a cambio de un plato de jamón', hoy felizmente, tales individuos ya 'no ejercen'... Pero también hubo muchos buenos recuerdos con Miguel de los Reyes en El Chinitas con su gran amigo José Sánchez Rosso, que fue de los que más le ayudó en su última época. Se nos fue muy joven Miguel de los Reyes, con 69 años, allá en los albores del siglo XXI. Una lástima que gente como él muera, aunque todos tenemos el mismo destino. Un homenaje de Málaga. Justo siempre, con la presencia de muchos amigos y familiares y del alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, quien le hace frente a una espectacular gripe con actos y más actos. Para De la Torre, el paracetamol es el trabajo.
Recordemos a nuestros muertos, sin duda, pero también lo tenemos que hacer en vida. Otro buen amigo suyo también murió a la misma edad, Antonio García, 'el colmenero de Alhaurín'. Su tradición panadera y pastelera artesanal, sin nada de conservantes ni colorantes, a los que siempre declaró la guerra, se mantiene viva, como sus hijos, Antonio, Pepi y Encarna, y su viuda, Antonia, como principales valedores. Es como si siguiera vivo y por ello todo lo que hacía en estas fechas navideñas (mucho más de lo que se imaginan todos) se mantiene. Hermoso homenaje. Miguel de los Reyes le decía en broma al Colmenero que lo 'contratara' para hacer los borrachuelos, porque se jactaba de que su madre y su tía le traspasaron la receta de los que para él fueron 'los mejores de Málaga'. Dos hombres inolvidables. Por cierto, ¿para cuándo el nombre de una calle en Alhaurín el Grande en honor a Antonio García? Hasta la Reina se quedó prendida de la gastronomía local gracias a Antonio en Fitur. En Málaga tampoco estaría mal un recuerdo, porque siempre iba con el nombre de su capital en la boca, incluso allende de nuestras fronteras, pues iba a las ferias de turismo cargado de dulces para repartirlos entre los alemanes e ingleses ('para que vean lo que tenemos', decía siempre sonriente) y lo hacía pagándoselo de su bolsillo.
Buenos momentos nos dieron los dos a quienes tuvimos el placer de gozarlos en vida. Miguel ya tiene su estatua. Hubiera disfrutado como pocos viéndola, por eso da rabia que no se hagan las cosas en vida.
Feliz año, de corazón. Y salud. Mucha salud. Y buena salud significa tener memoria, para que no venga la consejera de Salud a vanagloriarse de haber puesto la primera piedra del Hospital del Guadalhorce ¡cinco años después! de cuando lo debía haber hecho. Como verán hay gente 'pa tó' y sin ningún sentido del ridículo...
En fin, que el Año Nuevo nos traiga venturas, que para desventuras ya se hinchó el felizmente desaparecido 2009. Ya se han cumplido diez años desde que pensábamos que el mundo se iba a acabar por culpa de los ordenadores al cambiar de 1999 a 2000... No pasó nada. Bueno, sí, que el tiempo sigue pasando muy deprisa.