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José María Davó. Un malagueño al frente de los abogados europeos

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José María Davó. Un malagueño al frente de los abogados europeos

presidente del Consejo de la Abogacía Europea

26.12.09 - 02:46 -
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Desde principios de enero de 2010 recaerá sobre sus hombros una importante responsabilidad: presidir el Consejo de la Abogacía Europea. Será el primer malagueño que ocupe ese puesto y el segundo español que lo haga. José María Davó siempre ha tenido una vocación europeísta del derecho. Hablar con corrección inglés y francés le facilita un mejor entendimiento con los colegas extranjeros. Bruselas no tiene secretos para él. Sus visitas a la ciudad belga son frecuentes, ya que es donde está la sede del Consejo de la Abogacía Europea, órgano del que en 2008 fue vicepresidente segundo y en este 2009 que ya termina ha ocupado la vicepresidencia primera.
José María Davó nació el 11 de junio de 1948. Vino al mundo en Jaén de forma accidental (su madre era jiennense y se fue a su ciudad para parir en la casa de sus padres). A los ocho días de vida ya estaba en Málaga. «Soy malagueño a todos los efectos», señala.
Fue alumno del colegio de los Agustinos, época de la que guarda un grato recuerdo. Por tradición familiar (su padre era fiscal) decidió estudiar Derecho. La carrera la cursó en la Universidad de Granada. Una vez licenciado, dedicó dos años a preparar oposiciones para la judicatura, pero se dio cuenta de que lo que realmente le gustaba era el ejercicio libre de la abogacía, actividad que viene desarrollando desde 1973. Sobre todo se encarga de temas de derecho civil, de derecho penal económico y derecho mercantil. Su profesión le apasiona y le ha reportado muy buenos momentos y algún que otro sinsabor, especialmente cuando se ha dictado una sentencia contraria a los intereses de un cliente.
Luchar contra la injusticia
«Se sufre mucho cuando se ve una injusticia. Eso hace que los abogados nos rebelemos contra esa situación, afirma, y añade que siempre le ha dolido cuando un letrado ha tenido que dejar la profesión por saturación del mercado o por cualquier circunstancia. «Es triste que alguien que se esfuerza y que tiene vocación deba renunciar a su trabajo por falta de suerte o por no encontrar una salida», indica.
Reconoce que los tiempos en que comenzó a ejercer eran mejores que los actuales. Ahora hay muchos más abogados. Sus inicios fueron en el despacho de Manuel Campos Rodríguez. Desde esos primeros años ya tenía una marcada vocación europeísta. Luego cambió de despacho y empezó a trabajar con su actual socio, Santiago Jiménez, y con Pedro Apalategui y José Luis Hurtado Mendoza. Estos dos últimos se independizaron posteriormente. Se ha ganado una sólida reputación que le permite mirar de frente con la tranquilidad que da la labor bien hecha y el ahínco diario. Lo que más le gratifica es conseguir la declaración de inocencia de una persona y la resolución de los conflictos.
Cargos ocupados
El amplio conocimiento de su profesión y el prestigio obtenido entre sus compañeros jugaron un papel clave para ser decano del Colegio de Abogados de Málaga, cargo que desempeñó entre 1998 y 2002. Anteriormente, había pertenecido a la junta de gobierno como diputado quinto. «Lo que intenté fue poner mis conocimientos al servicio de los abogados malagueños». Durante esos años simultaneó su tarea de decano con los cargos de presidente del Consejo Andaluz de la Abogacía y vicepresidente del Consejo General de la Abogacía. Precisamente, su presencia en el consejo español fue lo que le hizo entrar a formar parte del Consejo de la Abogacía Europea.
Casado y con dos hijos, José María Davó intenta dedicarle todo el tiempo que puede a su familia. Le complace la compañía de los buenos amigos y una animada tertulia en la que desgranar asuntos diversos. El contacto con la gente es una de las cosas que más le agradan y de las que más aprende todos los días. «Un buen abogado no sólo debe saber hablar, sino también escuchar. Eso es algo fundamental en nuestra actividad», manifiesta.
Es un apasionado de la lectura (sobre todo de temas históricos), pero no la atiende como querría, porque está saturado por los textos profesionales. Por eso, echa de menos una buena novela, un ensayo de calidad o un libro de historia interesante. Fue el fundador la revista 'Miramar', publicación editada por el Colegio de Abogados de Málaga. Para predicar con el ejemplo, se obligó a escribir una columna periódica en esa revista.
Por falta de tiempo no practica deporte, pero camina todo lo que puede. Todos los veranos, en agosto, aprovecha una semana de sus vacaciones para hacer un tramo del Camino de Santiago, recorrido que ha completado en varias ocasiones. Esas caminatas le compensan hasta el punto de volver una y otra vez a ponerse en ruta con ánimos renovados y envuelto en el espíritu del peregrino. Lo que no va con él es el fútbol, pero en cambio es un fiel seguidor del rugby y del balonmano. Tiene previsto jugar al golf, deporte que considera su asignatura pendiente, que espera aprobar pronto. Otro entretenimiento al que se dedicó durante años fue al de ser radioaficionado. «Soy un forofo de la tecnología», subraya.
Por su labor profesional ha estado en infinidad de países. Y es que viajar es una de sus aficiones. «He pisado los cinco continentes. El mundo es tan bonito que me resulta igual de llamativo Japón que América central o Nueva Zelanda que la India. Cada país posee sus puntos de encanto. Siempre voy predispuesto a ver las cosas, y no sólo desde un punto de vista paisajístico o cultural, sino intentando comprender a la gente, que es para mí lo más interesante». Respecto a la gastronomía que ha probado, a lo largo de esos viajes en los distintos lugares exóticos que ha visitado, tiene una regla: «Primero comer y luego preguntar qué es».
Si hay algo que atrae especialmente a José María Davó es el mar. Como él dice: «El mar es indispensable en mi vida. Cuando no estoy cerca de él lo echo tanto de menos». Por eso, no es de extrañar que desde la ventana de su despacho, en la cuarta planta de un edificio del Muelle de Heredia, se vean las remansadas aguas del puerto.
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