A simple vista no es más que una pulsera. Como las que se pueden ver en cualquier hospital, con el nombre y apellidos del paciente y alguna que otra información que pueda orientar al personal sanitario. Pero en su interior esconde mucho más. Toda la información para tener al paciente bajo control y que no haya margen de error ni en los tratamientos sensibles, caso del área de Oncología, ni en las intervenciones quirúrgicas, en las que todo debe estar indicado al milímetro. Ya no es necesario el trasiego de papeles y de carpetas. Todo cabe en un chip. Un chip casi prodigioso.
El hospital Costa del Sol se ha convertido en pionero en la implantación de la tecnología RFID; una nueva tecnología por radiofrecuencia que consiste en la captura e identificación automática de la información contenida en unas etiquetas electrónicas. Bautizadas como etiquetas inteligentes, por razones obvias, están llamadas a sustituir a los códigos de barra.
«Con esta aplicación digital, mediante un chip, la información pasa directamente por radiofrecuencia al lector, que ni siquiera tiene que estar delante de la etiqueta, como antes», explica Félix Mata, director adjunto a gerencia del hospital Costa del Sol. Fue hace dos años cuando este nuevo sistema empezó a andar y los resultados son más que satisfactorios. «Permite almacenar mucha información, algo que sería inviable con el tradicional código de barras», señala. De momento sólo se emplea en las áreas de Oncología y en pacientes quirúrgicos en el hospital Costa del Sol y en el Centro Hospitalario de Alta Resolución de Especialidades (CHARE) de Benalmádena.
En el primer caso las etiquetas inteligentes minimizan el margen de error en la administración de la medicación, especialmente sensible. «El paciente tiene registrado el patrón de medicamentos de cada sesión y la enfermera con una PDA, mediante un sistema de antenas wifi, certifica que los fármacos, la dosis e incluso la velocidad en que se suministran es la adecuada», señala el director adjunto a gerencia. En el caso de los pacientes que se van a someter a una operación, además de los datos básicos como su identidad o la fecha de ingreso, la pulsera alberga una hoja de ruta con el diagnóstico, la intervención que se le va a realizar y el lugar exacto.
Nuevas áreas
El paciente, en ningún caso, nota la diferencia con el sistema de identificación por código de barras, aunque sí recibe instrucciones precisas por parte del personal sanitario de que no puede desprenderse de ella en ningún momento. Siempre debe estar en la muñeca. «Se les conciencia para que no la tiren o la rompan, que sepan que es bueno para ellos», añade Mata. No descarta que su uso se extienda a otras áreas en un futuro. Eso si la tecnología no da otro paso de gigante y se descubre un sistema aún mejor al que seguro que se subirá el Costa del Sol, avanzadilla en la aplicación de las nuevas tecnologías.