Cuando nadie lo esperaba, el Unicaja volvió a las andadas. Y de qué manera. La peor versión del equipo malagueño, la que desoló a su paso por Santiago, se presentó ayer en su máxima expresión ante los ojos desesperados de una afición que ya no sabe a qué atenerse. La derrota frente al Partizán (64-72) no hace peligrar la clasificación para el 'Top 16', que es sólo cuestión de tiempo. El alcance del traspié va más allá. Su calado es mayor en tanto que afecta a la propia estructura. Porque lo que pone en tela de juicio es la realidad de este equipo a las puertas del intento de machada para entrar en la Copa. Sus altibajos y sus continuos intentos de despegue sin fructificar empiezan a sembrar más dudas y a dar más miedo del que debería.
Sin Jiménez y sin Archibald, el equipo pierde mucho. Es verdad. Sin Printezis, más aún. Nadie lo duda. Sin embargo, lo que queda debería ofrecer alguna garantía, un mínimo nivel de competitividad que evite, incluso en días malos, el esperpento ofrecido ayer. Y no lo hace. La dirección y el perímetro tienen por denominación de origen Ribera del Guadiana. Nunca se sabe si estarán o no. Garantías y regularidad, más bien poca.
Y por dentro, lo que queda del juego interior del proyecto original -Lima, Sinanovic y Lewis son sólo soluciones de emergencia-, es decir Rubio y Freeland, está bien lejos de sus compañeros ausentes. Por desgracia, la marcha del proyecto saca a la palestra con nitidez sus carencias: la falta de la menor capacidad defensiva del inglés y la ausencia de confianza propia y por parte del entrenador en el caso del catalán.
Con este panorama, que Lewis, un cuarentón en forma que jugó ayer su segundo partido en los últimos ocho meses, acabe como el hombre más valorado en las filas del Unicaja es un dato lo suficientemente significativo para tener una idea aproximada del nivel que ofreció el Unicaja. Incluso en temporadas tan rácanas en juego y resultados como la presente resulta duro digerir un tostón con poca chicha, y menos calidad y entrega aún, como el brindado por el equipo cajista.
Despropósitos
La cadena de despropósitos ofensivos y defensivos no tuvo fin. Ninguno de los once jugadores empleados por Aíto, los once de los que disponía ayer, hizo lo más mínimo por romperla. Entre todos abonaron el terreno para que, a pesar de sus limitaciones, el Partizán dominara en el marcador sin apenas oposición ni sobresaltos durante los cuarenta minutos del choque.
Al equipo serbio no le fue preciso recurrir a la natural predisposición genética eslava para acertar desde las largas distancias. Las facilidades defensivas del Unicaja fueron tales que le bastó con reventar a su enemigo por dentro. Mareó por fuera, desquició el sistema de ayudas peor ejecutado de los últimos tiempos y machacó por dentro. El aro malagueño sufrió como pocas veces las embestidas del rival. Sin Jiménez y sin Archibald, el Partizán campó a sus anchas, sobre todo a lomos de Maric, irreconocible respecto al jugador que pasó por el Granada.
Sólo la zona alivió un tanto los males. Sólo fueron cuidados paliativos para un equipo mortalmente enfermo en el día de ayer. Porque los problemas no sólo gangrenaron su capacidad para detener al rival. También atrofiaron su ataque, fallón y sin referencias ni interiores ni exteriores durante todo el choque. Y en ese aspecto, las bajas de los dos veteranos ausentes no tienen tanto que ver.