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Cinco décadas de marcha

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Cinco décadas de marcha

Javier Ojeda recupera en un libro la historia musical de Málaga: talento y poca proyección

28.11.09 - 02:28 -
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Hubo un tiempo en el que Torremolinos era el centro del rock en Europa; una década en la que los cantautores clamaban por el andalucismo en Pedregalejo, una época en la que Málaga enloquecía con la movida... Ahora, cuando la música está «especialmente maltratada», un libro rescata aquellos maravillosos años del pop-rock en la provincia y analiza la realidad de los artistas de hoy. Lo firma una autoridad del pop que empezó a sonar en las radios de toda España cuando sólo tenía 18 años y que, casi 30 años después, sigue al frente de una de las bandas más longevas del país: Javier Ojeda, alma de Danza Invisible. «Tenía que hacerlo en homenaje a tantos y tantos músicos que ha dado Málaga», explica.
Y ¿cuál es su diagnóstico? «El malagueño tiene muchísimo talento para la creación, pero poquísimo para el comercio». Rotundo. La historia de la mayor parte de los grupos locales incluye capítulos de «desencuentros, choques con la industria y mala suerte». Y lo más importante: «Nos ha faltado tener control sobre nuestra carrera». La secuencia, explica, es la siguiente: una discográfica «alucina» con un artista malagueño que ya tiene un circuito ganado en la ciudad; lo trasladan a Madrid y allí «le cambian el nombre, las pintas, las canciones... y sacan un producto que no tiene nada que ver con el original, con el consiguiente fracaso».
Su 'guía de la música' pretende refrescar la memoria histórica, que -afirma- «es muy débil». Incluso la suya. Reconoce que fue el descubrimiento de Los Íberos, un grupo de los 6o, lo que le lanzó de lleno a este proyecto. «Hicieron uno de los mejores discos de la época ¡y nadie me lo había dicho!», exclama. «Que una aventura de tal calibre y su procedencia malagueña me haya sido ocultada durante tanto tiempo es algo que no alcanzo a comprender», continúa.
Desde entonces, y tras casi un año de investigación, son muchas otras las aventuras musicales que ha sacado a la luz y que reunirá en '50 años de pop malagueño (1960-2009)' -título provisional-, una obra que, editada por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, saldrá al mercado en la próxima Feria del Libro. Pero un volumen sobre música no puede ser mudo. El ejemplar irá acompañado de un CD con las voces de aquellos que marcaron el ritmo en las últimas cinco décadas.
Son muchos los proyectos frustrados, pero también los éxitos gestados en la provincia. Ojeda arranca su relato en la década de los 60, cuando Torremolinos era el centro del rock en España, e incluso de Europa. Cada hotel tenía su orquesta y cada club, su banda de música que tocaba en directo temas propios o versiones de los grandes. «Se pagaba muy bien. Entonces, un músico cobraba más que un fontanero. No como ahora», ironiza Ojeda.
Un fenómeno de masas
En aquel entonces, arrasaban Los Gritos, ganadores del Festival de Benidorm de 1968 con una versión de 'La vida sigue igual', que también defendió su autor, Julio Iglesias. «Julio estaba nerviosito perdido porque era la primera vez que cantaba en su vida», recuerdan Francisco Doblas -hoy guitarrista de música clásica- y José Sierra 'Pepín', a quien la mili apartó del grupo, pasando el relevo a Antonio Rueda 'El Bigote'. Se convirtieron en un fenómeno de masas, recorrieron toda España y su música llegó hasta la gran pantalla con 'Abuelo made in Spain' y Paco Martínez Soria. En los 70, el grupo se disolvió (algunos miembros fundaron La Zarzamora, que viviría un año) y cada cual tiró para su lado. Pepín dejó la música y legó sus instrumentos a su hijo, que recogió el testigo. Oliver Sierra es hoy el bajo de Chambao, el grupo malagueño con mayor proyección de los últimos tiempos.
También en esos años triunfan dos chicas con vidas paralelas: son de Málaga, les impusieron seudónimos y ambas se rebelaron contra la industria. Se llaman Marisol (Pepa Flores) e Ivana (María Rosario Gaspar), quien rodó con Juan Pardo 'A 45 revoluciones por minuto', de Pedro Lazaga.
El andalucismo
Poco después, mientras unos optaron por el «flamenquillo-verbena-playa», otros se lanzaban a la canción protesta. «En El Zambra, en Pedregalejo, tocaba con frecuencia Joaquín Sabina», cuenta. El andalucismo caló con fuerza en la música hecha desde Málaga en los 70, con un 'núcleo duro' de cantautores formado por José María Alonso, José Umbral y Juan Antonio Muriel.
Los 80, los años de la movida, se viven intensamente en Málaga. Torremolinos resurge y Pedregalejo sigue en efervescencia. «Había mucho afán por la cultura y fue la única época en la que todas las artes estaban unidas. En un concierto de Danza Invisible veías a pintores, fotógrafos, directores de cortos... Después, ibas a una exposición de arte y allí estábamos los rockeros», relata Ojeda, que en este capítulo del libro hablará desde su propia experiencia. La radio de la época juega un papel fundamental en la repercusión de los grupos locales, que bombardean con sus maquetas a las emisoras. Además, comienza a forjarse una industria en Málaga, con la fundación en 1987 de la discográfica Cambayá. Hasta entonces, el viaje a Madrid era la única salida para quien quisiera hacerse un hueco en la música.
La década de los 90 es, para Ojeda, la de «las ilusiones rotas». Nunca antes artistas de Málaga habían firmado tantos discos -unos 60 trabajos-, pero pocos logran la tan deseada repercusión nacional. «Los grupos duran muy poco tiempo y hay muchos abandonos al comprobar que no podían vivir de la música», explica. El nuevo siglo no se presenta mejor. «Por primera vez hay muchas ayudas institucionales, calidad y una diversidad de músicas increíble, pero apenas hay sitios donde tocar». Al mismo tiempo, la venta de discos cae en picado. «Creen que vivimos del aire», lamenta Ojeda. Así las cosas, dice, la de músico se perfila como «la última profesión romántica».
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