Los pacientes que han sufrido un ictus cerebral, tras recibir el alta en el hospital, vuelven a su casa, pero no regresan a su vida anterior: les quedan secuelas que se lo impiden. Mejorar la atención que esos enfermos reciben en sus domicilios es uno de los retos que se ha marcado la unidad de gestión clínica de rehabilitación del Hospital Regional Carlos Haya. En esa tarea de garantizar los cuidados de los afectados por un ictus colaboran profesionales del centro hospitalario y de atención primaria.
La jefa del servicio de rehabilitación de Carlos Haya, Marina Tirado, explicó ayer que el ictus es la primera causa de muerte en las mujeres y la segunda en los hombres, además de provocar muchas secuelas y discapacidad. Carlos Haya recibe de 500 a 800 enfermos anuales con un ictus o accidente cerebrovascular. Al 44% de los pacientes les queda algún tipo de discapacidad y el 33% sufren dependencia tras recibir el alta.
Por eso, es fundamental que esas personas reciban rehabilitación en los centros de salud al abandonar el hospital y que esa asistencia tenga un enfoque integral y multidisciplinar, con la participación de médicos, enfermos, fisioterapeutas, trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales. «Cuando el enfermo sale del hospital se encuentra desorientado, con miedo a enfrentarse a su nueva vida, necesita unos cuidados especiales y espera que el sistema sanitario sea su guía», indicó la doctor Tirado, que hizo estas declaraciones en la presentación del 57.º congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina Física y Rehabilitación, que se celebrará hoy y mañana en el hotel Monte Málaga. Asistirán cerca de 200 profesionales. El tema central de este evento es el tratamiento de las secuelas de un ictus.
El papel del cuidador
El director de enfermería de Carlos Haya, Cipriano Viñas, explicó que existen protocolos de actuación conjuntos con atención primaria para que los enfermos reciban una atención continuada en los cuidados que precisen. En esa tarea juegan también un papel destacado los familiares. Viñas señaló que se va a prestar más apoyo a la persona que cuide en su domicilio al paciente para que no se sienta sola y pueda llevar a cabo su tarea en las mejores condiciones posibles.
En estos momentos, Carlos Haya dispone de un taller en el que se informa y forma a los familiares mientras que los enfermos se recuperan de un ictus en el hospital. El objetivo es que el paso del centro hospitalario al domicilio sea menos traumático y angustioso, manifestó Montserrat Cabello, supervisora de la unidad de rehabilitación de Carlos Haya.
«Las familias sufren temores cuando se llevan al paciente a casa. Por eso, es positivo que les ayudemos para que no se produzcan desfases en la atención. Además, se visitan las viviendas y se ve cuál es entorno en el que va a estar el paciente», señaló la doctora Tirado. Esas actuaciones tienen como finalidad hacer la vida más fácil a las personas con un ictus .
Una de las preguntas más frecuentes que se hacen los enfermos es: «¿Cuando esté en mi casa qué hago?», subrayó Almudena García, supervisora de la unidad de rehabilitación de Carlos Haya. Destacó que no sólo los pacientes se sienten desvalidos, sino que también sus familiares precisan de ayuda para enfrentarse con garantías a la nueva situación.
Dado el impacto del ictus y la importancia de sus secuelas, la Consejería de Salud está trabajando en la elaboración de un plan integral para mejorar la asistencia que se da a los enfermos.