Sophie Taeuber-Arp es una figura clave en los movimientos de vanguardia, reconocida y valorada incluso por la crítica de su tiempo. Sin embargo, hoy es para muchos esa mujer que acompañaba al gran Jean Arp. Otros, nunca hasta ahora habían escuchado su nombre. ¿Qué ha pasado en el camino? ¿Por qué la historia la ha olvidado? Esta y otras preguntas planearon ayer sobre el Auditorio del Museo Picasso Málaga, donde tres mujeres del mundo del arte intentaron desentrañar qué hay detrás de la exclusión de la mujer artista. Y las tres, Estrella de Diego, Eva Lootz y Marina Núñez, coincidieron en que la respuesta aún hoy se desconoce. «Hay que seguir luchando centímetro a centímetro por la visibilidad de la mujer artista», reivindicó Estrella de Diego en el encuentro 'Sophie Taeuber-Arp: las mujeres creadoras'.
En esa lucha se inscribe la primera gran retrospectiva que España dedica a Sophie Taeuber-Arp y que acoge el Picasso. «Es una lucha contra todos los prejuicios de aquellos ignorantes que pretendían que pusiéramos a Sophie Taeuber-Arp al lado de Jean Arp», critica la historiadora De Diego, comisaria de la muestra. Como si ella, por sí misma, no pudiera dotar de contenido toda una galería.
Y quizá ese era su 'problema': su complejidad artística y versatilidad. En unos años, principios de siglo, en los que la modernidad se abría camino, Taeuber-Arp «plantea un conflicto claro en la contemporaneidad, que no soporta que las paradojas existan: o se era dadaísta o constructivista. Ella era una paradoja y por eso ha sido eliminada», apunta.
Para la artista Marina Núñez, la historia se repite hoy con demasiada frecuencia. «La situación de la mujer artista es deplorable. Sólo hay que ver las estadísticas sobre las mujeres con exposiciones individuales en los principales museos del país», lamentó. Y eso, añadió, cuando la «inmensa mayoría de las estudiantes de Bellas Artes son mujeres».
Reacciones
Núñez basó su exposición en analizar cómo la mujer, a partir de los 70, reacciona a la exclusión con su arte. Hay quien lo hace «retomando obras míticas para repintarlas» con gran ironía y trasfondo crítico: «Ya que no puedo ser dueña de una mirada, dejemos que la mirada del hombre nos atrape del todo». Otras cambian por completo la idea del cuerpo y representan, por primera vez, los orificios femeninos «hasta entonces sellados por la historia del arte occidental». Un tercer grupo reflexiona sobre «cómo se construyen los estereotipos de identidad» para concluir que «la identidad es una ficción».
Por su parte, la artista Eva Lootz quiso situar a Sophie Taeuber-Arp en su contexto, en esos años en los que la mujer «pre-moderna estaba confinada en el limbo de un mundo paralelo». Son, dijo, «las mujeres de la frustración». Con la mirada del siglo XXI, su creación parece «diáfana, de fácil acceso »; pero no hay que olvidar que en ese momento, en el que la línea de fuga para muchas era hacer tapetes y encajes, Taeuber-Arp da un «salto mental al salirse del rol asignado por la sociedad patriarcal». Su obra resultaba «desconcertante, provocadora y escandalosa». Da el salto, añadió, «de quien se deja hacer por sí misma».