Si ya de por sí hay que sudar tinta para conseguir que una entidad entone el sí quiero a la hora de conceder una hipoteca, los obstáculos se multiplican cuando el cliente busca un crédito que le permita embarcarse en un segundo inmueble de recreo. Aunque la crisis está frenando de por sí la venta de este tipo de inmuebles, las organizaciones de consumidores lamentan que bancos y cajas también pongan más trabas en este camino, endureciendo los requisitos para otorgar financiación. Desde la asociación de usuarios de banca Ausbanc, critican que estas transacciones suelen tener peores condiciones económicas. «Tanto, que rara vez te otorgan más del 50 o del 60% del valor de tasación», destaca su delegado provincial, Alfredo Martínez.
Y no es el único escollo. Además de un menor importe, este experto subraya que a día de hoy las hipotecas de segundas residencias suelen llevar aparejados tipos de interés algo más elevados (de los más altos del mercado) y un menor plazo de financiación. «Lo habitual es que el banco pida un euríbor más un diferencial de hasta tres puntos y fije el plazo de devolución en un máximo de 20-25 años», indica el delegado de Ausbanc.
Inversiones con trabas
Así las cosas los pocos que puedan animarse a invertir en el mercado inmobiliario actual se dan de brucen con unas condiciones desalentadoras para la mayoría de los bolsillos. «La segunda residencia tiene muchas barreras añadidas puesto que los bancos tienen que atar bien el riesgo. No en vano, son conscientes de que cuando un cliente tiene dificultades económicas, lo primero que deja de pagar es su segunda casa, que no es de primera necesidad», apostilla Alfredo Martínez al tiempo que recuerda que ara evitar sorpresas, las entidades financieras piden a estos clientes un mayor número de garantías. «Lo que ocurre es que como suelen ser personas con un nivel adquisitivo elevado no suelen tener grandes problemas para cumplir estas exigencias», expone.
Por otra parte, estas hipotecas no se benefician del 15% de desgravación fiscal que sólo opera con la vivienda habitual. Al respecto, en el último año diversa organizaciones ligadas al sector inmobiliario han alzado la voz en numerosas ocasiones para reclamar alicientes tributarios, de forma que puedan volver a desgravar como ocurrió hasta los años noventa. Y es que ante el frenazo del sector, cualquier esfuerzo es clave para aportar un balón de oxígeno al que es el negocio más perjudicado por la actual crisis.