Cada vez que lo mentan en un tertulia de radio o televisión provoca encendidos debates. El cine español y, particularmente, las subvenciones a sus películas despierta vehementes opiniones a favor o en contra. Hace unos días, el director del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (dependiente del Ministerio de Cultura), Ignasi Guardans, abrió un nuevo tajo en el melón de las ayudas públicas al apostar desde su departamento por una reordenación de los festivales y dejar entrever una apuesta más decidida por el Festival de Málaga-Cine Español, que desde su nacimiento hace doce años reclama un mayor 'mimo' del Estado central por su contribución a la promoción del celuloide patrio.
El certamen malagueño recibe del ICAA una aportación anual de 50.000 euros -que este año, de momento, se aumenta a 54.000-, una cantidad superior a la mayor parte de festivales en los que contribuye el Ministerio de Cultura, pero que también se sitúa lejos de los principales festivales que se celebran en España. En ese grupo de cabeza, el líder indiscutible -y a gran distancia del resto- es el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que recibe un millón de euros del Estado central, la misma cantidad que aportan respectivamente los otros tres patronos que organizan el único certamen categoría A que existe en España: el Ayuntamiento de Donosti, la Diputación y el Gobierno vasco.
Tras el certamen guipuzcoano, el ICAA aporta 320.455 euros a la veterana Semana Internacional de Cine de Valladolid-Seminci (datos de 2008, los últimos publicados), 150.000 euros para la gala de los Premios Goya, 140.000 euros para la organización del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva (el Ministerio forma parte del patronato como en San Sebastián), 85.000 euros para el Festival Internacional de Cinema de Cataluña-Sitges y 60.000 euros para el Festival Internacional de Cine de Gijón.
A continuación, se sitúan los 54.000 euros que el ICAA aporta al Festival de Málaga-Cine Español, que ya prepara su decimotercera edición para 2010. Si bien todos los certámenes que le preceden en el ranking son más veteranos que el de la capital de la Costa del Sol, muchos de ellos no alcanzan la repercusión informativa ni cinematográfica que ha logrado la muestra organizada por el Ayuntamiento de Málaga que el pasado año reservó una partida de 2,4 millones de euros para la puesta en escena del festival de cine español. Una inversión que es la mayor de un consistorio español en un festival de cine y que dobla incluso la que realiza el ayuntamiento del principal certamen español, San Sebastián.
Cambio de política
En los presupuestos de Cultura también aparece una partida superior a la del Festival de Málaga para Madrid de Cine-Spanish Film Screenings, que no es un certamen en el sentido tradicional sino un mercado de cine español para compradores internacionales y que, con sólo cuatro años de vida, es apoyado por el Ministerio con 70.000 euros.
Dejando aparte la tormenta suscitada por la «desafortunada» comparación -según ha reconocido el propio Guardans- entre los festivales de San Sebastián y Málaga, las palabras de apoyo al certamen de cine español por parte del director del ICAA traslucen un cambio de rumbo en la política de este departamento, que parece estar dispuesto a reconocer económicamente la promoción y fomento del cine español que se hace desde la alfombra roja del Teatro Cervantes. En concreto, Guardans expresó su inclinación a trasladar el mercado cinematográfico español al Festival de Málaga. ¿A cuánto podría ascender económicamente ese compromiso? Difícil de predecir, aunque al menos deberá estar en la línea de los premios Goya (150.000 euros), el otro gran evento nacional de promoción del cine español.
Por su parte, la Junta de Andalucía zanjó en 2005 el debate sobre la inversión en festivales con una aportación anual de 180.000 euros para cada uno de los tres grandes festivales de la Comunidad: Huelva, Sevilla y Málaga.
En el fondo de todo este debate económico planea la deuda que arrastra el Festival de Málaga y que, según se informó en julio pasado, es de 1,4 millones de euros. Un desfase que crea incertidumbre y que puede encontrar una salida en la mayor implicación del Ministerio de Cultura y del ICAA. Los 50.000 euros que aportó este departamento al presupuesto de la pasada edición en Málaga supuso en la práctica una ayuda testimonial de apenas un 2 por ciento de la inversión del certamen.