Cristóbal Balenciaga demostró que la costura podía ser un arte y lo hizo con una discreción y una elegancia muy poco corrientes. Al ver los volúmenes de sus vestidos, y la genialidad de sus soluciones técnicas para lograr esas figuras, preciosas arquitecturas de tela, se cae en la cuenta del alcance de la obra del modisto español.
Esto es lo que piensa María Victoria Cañas, presidenta y promotora de Art & Fashion (
www.artandfashion.org) un certamen para jóvenes diseñadores de moda en cuya edición del año pasado se registraron 500 inscripciones de 33 países, una cifra que previsiblemente será superada cuando termine la presente convocatoria a mediados de diciembre.
En el consejo de asesor de Art & Fashion figuran personalidades como la arquitecta Zaha Hadid o la empresaria y periodista Covadonga O’Shea. Entre todos han decidido dar un paso adelante para crear la red social Bilboost y favorecer la comunicación entre los jóvenes talentos de modo que las empresas relacionadas con la moda puedan acudir a ella para conocer la obra de los diseñadores del futuro. Uno de los primeros contactos que se han establecido es con la escuela de moda Marangoni de Milán, que dispondrá de becas para los nuevos ‘balenciagas’.
María Victoria Cañas explica que estas iniciativas tienen como objetivo situar a España en el mapa internacional de la moda y subrayar la vinculación de este tipo de diseño con el arte. «Que los jóvenes conozcan la historia artística es fundamental porque es una vía segura para enriquecer sus creaciones».
Todas las mujeres
Nadie mejor que Balenciaga para expresar la unión entre la sensibilidad estética y la funcionalidad de la moda, como se pudo ver ayer en el acto de presentación de la red social en un hotel de Bilbao, en el que se expusieron 14 obras maestras del modisto fechadas entre 1948 y 1971. Buena parte de ellas proceden de una familia española asentada desde hace décadas en México, que acostumbraba a pasarse por los talleres de Balenciaga en España y París cuando venían de vacaciones.
El protagonista del vestíbulo del hotel fue ayer un vestido de seda estampado en flores que Balenciaga presentó en un desfile de París en 1951. Un poco más adelante, hacia el interior y en la base de una fuente en forma de cascada, se dispusieron tres creaciones del diseñador, una de ellos en rosa palo, un matiz difícil de lograr en su época. Nada extraño, por otra parte, en un modisto que experimentó con texturas antes inéditas en el campo de la moda, como el gazar, una seda natural tejida como si fuera lino. La muestra se organizó por colores y tonalidades, con tres vestidos negros de cóctel que transparentan la suma de sensibilidad de Balenciaga hacia a las mujeres.
María Victoria Cañas aprecia mucho que él las supiera vestir desde que se levantaban hasta se acostaban, y que tuviera en cuenta la figura femenina después de haber tenido hijos. «Quería a las mujeres en todos los aspectos de su vida», concluye.