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La revolución industrial de Málaga

REPORTAJE

La revolución industrial de Málaga

Una investigación histórica confirma que la ciudad se convirtió en una 'rara avis' en la Andalucía rural del XIX gracias al ferrocarril y al comercio exterior

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El desencanto era evidente en los rostros de algunos viajeros recién bajados del barco. Su imaginación había dibujado una ciudad morisca, romántica, folclórica y ante sí aparecía un paisaje de chimeneas, vías de ferrocarril y humo. Esperaban Al-Ándalus, pero se encontraban con algo parecido a Manchester. Y los responsables de aquella transformación tenían nombres y apellidos. Sobre todo apellidos; sobre todo, tres apellidos: Larios, Heredia y Loring.
Eran la punta de lanza de una nueva clase dirigente ilustrada y pujante que convirtió la ciudad en una rara especie en el ecosistema andaluz: frente a las 'agrociudades' de la región, Málaga se erigió como una potencia industrial y exportadora con escasos competidores en la escena nacional. Así lo confirma la investigación realizada por el profesor de la UMA Antonio Parejo, quien ha publicado en la revista 'Andalucía en la Historia' un trabajo titulado 'Hacer sin decir. La oligarquía de la Alameda en la Málaga del XIX'.
¿Hacer sin decir? Es la frase incluida en el escudo de armas del marquesado de Casa-Loring. Una sentencia enigmática, pero también ilustrativa de una ambiciosa forma de entender la vida. Porque la manida expresión del «empresario hecho a sí mismo» adquiere tintes literales en las biografías de estos hombres ilustres. «Todos llegaron a Málaga muy jóvenes, procedentes de La Rioja (los Heredia y los Larios) y de Estados Unidos (los Loring). Empezaron a trabajar como dependientes en pequeños comercios, ahorraron, aumentaron su patrimonio haciendo negocios cada vez de mayor envergadura y al final se convirtieron en los empresarios más importantes de todo el país», resume Parejo.
Grandes fortunas
Para ilustrar ese ascenso -al que acompañaron los correspondientes títulos nobiliarios-, Parejo ofrece varias cifras. Según sus indagaciones, cuando Manuel Agustín Heredia falleció a los 60 años, su fortuna personal ascendía a los 15 millones de pesetas (unos 70 millones de euros al cambio actual).
Pero es que el patrimonio de Martín Larios alcanzaba los 60 millones de pesetas (280 millones de euros), mientras que Jorge Loring y los suyos superaban los 70 millones de pesetas (más de 325 millones de euros actuales). Entonces, ¿qué elementos se conjugaron para que estos emprendedores hicieran fortuna y Málaga viviera su particular revolución industrial? El profesor de la UMA sitúa el origen del cambio en el puerto de la capital.
«La llegada de estos personajes tiene que ver con la autorización que recibe el Puerto de Málaga en 1765 para comerciar con las colonias americanas, una potestad que hasta entonces sólo tenía Cádiz. Además, a partir de esa fecha se intensifican las relaciones con el norte de Europa, también a través del puerto», argumenta el investigador.
Tiempos convulsos
La eclosión comercial coincidió además con un periodo turbulento en la Historia de España: epidemias, malas cosechas, la guerra con Inglaterra, la ocupación francesa y la posterior insurrección popular abonaron el terreno para «negocios que a menudo estaban en la línea de lo permitido» -según Parejo- con los que estos empresarios también aumentaron su influencia y su patrimonio.
Manuel Agustín Heredia fue el primero en desembarcar en Málaga y también fue el primero en comerciar con países recién independizados como Argentina, Chile o México. A él se debe el salto conceptual de la manufactura a la producción industrial. Inspirador también del desarrollo ferroviario, la labor de Manuel Agustín Heredia está detrás de la creación del Banco de Málaga, emisor de papel moneda hasta 1874.
El impulso del ferrocarril
La vida y los negocios de estos hombres ilustres corrieron en paralelo durante años. Así, fueron los Loring quienes tomaron el relevo en la implantación de la red de ferrocarriles andaluces. Un proyecto que iba más allá de la construcción de las vías para incluir la llegada del carbón necesario para abastecer las factorías en manos de estas familias.
Y si hay una familia, un apellido de aquella Málaga del XIX marcado todavía en la vida diaria de la ciudad, ese es el apellido Larios. La construcción de la emblemática calle que lleva su nombre (inaugurada en 1891) puede considerarse el último gran proyecto de Manuel Domingo Larios, hijo de Martín Larios, pionero de la saga.
Fueron los Larios los grandes protagonistas del tránsito del siglo XIX al XX. Las siguientes generaciones consolidaron sus negocios en la caña de azúcar y la industria textil, al tiempo que impulsaron empresas (que aún conservan el apellido) en los sectores vinícola e inmobiliario.
Pero el nuevo siglo trajo cambios políticos y sociales. Se nacionalizó el ferrocarril, la restauración borbónica se quebraba, emergía la clase media y estos apellidos empezaron a formar parte de la historia, más que de la economía de la ciudad.
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