El parto se complicó y el padre, atemorizado, salió corriendo en busca de un médico. Por el camino, un lotero se ofreció a llevarlo, pero a cambio de que le comprara un décimo de la Lotería Nacional. Así lo hizo y Juan Rubio, el primer hijo varón del matrimonio, vino al mundo totalmente sano el 1 de mayo de 1917.
El 13.780 se convirtió así en una especie de amuleto para esta familia antequerana, que se 'casó' con este número de por vida, incluso durante la Guerra Civil y a pesar de las penurias económicas. Tanto es así que el niño protagonista de la historia, que hoy tiene 92 años, le juró a su progenitor antes de morir que mantendría la tradición y seguiría jugando al mismo décimo. Y así hasta hoy.
Manuela Cobos también recibió esta singular herencia de su madre, abonada al 22.479 desde los años 50. Encarna falleció hace diez meses y desde entonces es su hija la que se encarga de mantener la tradición. «Cuando yo falte, mi sobrino o mi hermano seguirán comprándolo», dice convencida.
No está en el bombo
Sin embargo, lejos de lo que pudiera parecer, de los miles de boletos que han comprado estos dos malagueños y sus padres a lo largo de tantas décadas de juego, muy pocos han resultado agraciados, y siempre con premios pequeños, alguna que otra pedrea o devoluciones. «A veces pienso que este número no está en el bombo», bromea Juan, que a pesar de la escasa suerte que ha tenido en la lotería hasta el momento, no piensa ni por un segundo en cambiar de número... por si acaso.
El Gordo también ha pasado siempre de largo para Manuela, ex propietaria de la conocida administración Manolita de la capital, que no ha dejado ni una semana de comprar un número que para ella es más que un simple boleto. «Es un recuerdo de mi madre. Lo eligió porque le gustó y siempre me decía que no dejáramos nunca de comprarlo y así lo vamos a hacer».
Son muchas las personas que juegan a un número fijo todas las semanas. Incluso algunas administraciones tienen bases de datos informáticas para controlar las suscripciones. Sin embargo, Juan Rubio está convencido de que su caso es único en el mundo. «Entre mi padre y yo llevamos la friolera de 92 años jugando al mismo número. Creo que debería figurar en el 'Libro Guiness de los Récords'», dice.
Este capitán de la Guardia Civil retirado va más allá y ha pedido a la dirección de Loterías y Apuestas del Estado un premio especial «que bien puede ser una reproducción de un décimo del 13.780 para cuando no pueda valerme por mí mismo, aunque mis hijos prometan seguir con la suscripción de dicho décimo».
José Luis Vizcaíno no tiene claro que sus dos hijos continúen con la tradición que él inició hace 31 años porque «no les gusta el juego». Un lotero pasó por la sucursal bancaria en la que trabajaba y varios compañeros decidieron comprar el 19.167. Se fueron sumando otros colegas y clientes y hoy, aunque ninguno de los abonados está empleado en la misma oficina pasan todas las semanas a recoger los décimos que tienen encargados.
A él tampoco le ha sonreído la diosa Fortuna, al menos por el momento. «En más de treinta años sólo me han tocado unas cuatro pedreas», explica este malagueño de 54 años que, sin embargo, no pierde la ilusión. «Tal vez me toque el Gordo de Navidad este año». Habrá que esperar al 22 de diciembre. Nunca se sabe... Por si acaso, apunten el número.