Vicente Aranda tiene 82 años y está de vuelta de todo. Ni se inmuta ante los pateos con los que su última película ha sido acogida en Valladolid. Cuando una periodista le acusa de haber rodado un filme misógino -«su personaje femenino son dos tetas y una vagina»- sonríe y se remite a Stevenson y Freud. A este veterano analista de la pasión amorosa y sus devastadoras consecuencias siempre le ha gustado provocar. Y 'Luna caliente' no iba a ser la excepción de una filmografía cuyos últimos títulos se encuentran a años de luz de 'Amantes', 'El Lute' o 'Tiempo de silencio'.
A muchos sublevó que el director Vicente Aranda arranque su historia con una violación cuya víctima resulta que la recibe con agrado. «Me he atrevido a tocar un tema políticamente incorrecto desde el punto de vista feminista», reconoce el cineasta. «Sigmund Freud ya hablaba de la fantasía de la violación que tienen las mujeres». 'Luna caliente' adapta una novela del argentino Mempo Giardinelli y traslada la acción a Burgos en el año 1970, justo cuando se celebra el histórico juicio contra dieciséis personas acusadas de pertenecer a la banda terrorista ETA.
Adolescente fatal
Eduard Fernández encarna al protagonista, un poeta que trabaja en París en la Unesco y regresa a su ciudad natal para contactar con un médico comunista (Emilio Gutiérrez Caba). La hija de este, una fascinante lolita, le trastorna hasta el punto de violarla e intentar matarla. En realidad, la adolescente fatal le manipula a sus anchas, consciente del deseo que despierta. Thaïs Blume, protagonista de 'Sin tetas no hay paraíso', brega con morbosas escenas de sexo marca de la casa.
Vicente Aranda define su película 'Luna caliente' como un «experimento con intenciones ocultas». Un primer montaje le salió «demasiado entregado al público», así que sembró la película de citas «para intelectualizarlo». 'Doctor Jekyll y Mr. Hyde' proporciona las claves. «Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite», recoge Aranda de Stevenson. Aquí una violación provoca dos monstruos. Y hasta surge también una dimensión cercana al fantástico cuando la protagonista, que está ansiosa de sangre, parece revivir cada vez que es poseída por su bruto.
Menos interés tiene la dimensión política de la película. Y eso que el director fue uno de los trescientos intelectuales catalanes que se encerraron en la abadía de Montserrat, en apoyo a los condenados en Burgos.
Sin un claro favorito para el palmarés, la Seminci cerró la competición con un viejo conocido, Robert Guédiguian. El autor de fábulas proletarias ambientadas en el puerto de Marsella -'Marius y Jeannette', 'La ciudad está tranquila'- cambia de registro y recrea en 'El ejército del crimen' el París ocupado del año 1941 y las heroicidades de un poeta obrero que encabezó la Resistencia. «Cuando yo tenía trece años quería parecerme a esos héroes», dijo el director de esta emocionante película.