Se puede aprender a ser artista. Estudiar, bailar, crear con la misma devoción pinturas, marionetas, colchas, algún disfraz, una cocina compacta, esculturas, muebles o la decoración de un café. Convertir el arte en artesanía. Y al revés. Y acometer todas esas empresas con la lucidez intelectual de los iluminados. Ser el único de un grupo de genios capaz de conciliar posturas irreconciliables. Y se puede ser mujer y enamorarse de un artista de gran talla y caer en el olvido.
Contra ese ostracismo inmerecido lucha la nueva exposición del Museo Picasso Málaga (MPM), que reivindica el papel clave de Sophie Taeuber-Arp en los movimientos de vanguardia. Lo hace con la primera gran retrospectiva que se le dedica en España a esta artista. Más de 130 obras procedentes de hasta diecisiete museos y colecciones internacionales.
Un amplio recorrido por el universo creador de una autora que ilustra «las inquietudes y paradojas de las vanguardias», en palabras de Estrella de Diego, comisaria de la exhibición. Unas contradicciones quizá más presentes en la mirada de quienes escriben la Historia del Arte que en el trabajo de esta autora. Porque, como explicó ayer De Diego, el torrente creativo de Taeuber-Arp le llevó a transitar con la misma naturalidad figuración y abstracción, caos formal y constructivismo, tapices y fotografía, diseño y costura.
Así, quien acuda al MPM hasta el próximo 24 de enero se encontrará con el geometrismo en óleo sobre tela de 'Tríptico' (1916) junto a la escena casi tribal de una tela sin título realizada entre 1918 y 1924. O un chal de seda compartiendo vitrina con un bolsito con cuentas de cristal ('Pompadour', 1918) y, en frente, una serie de composiciones esquemáticas que recuerdan a Mondrian.
Mención y lugar especial merecen en la exposición dos facetas de la trayectoria de Taeuber-Arp. De un lado, el conjunto de marionetas de madera creadas en 1918 para representar 'El rey Ciervo' de Carlo Gozzi. En este apartado, Estrella de Diego hizo hincapié en la relación de estas figuras con la 'Cabeza dadá (retrato de Jean Arp)', la pieza que abre la exhibición, realizada ese mismo año y expuesta junto a los títeres.
Pionera del diseño
El otro aspecto destacado del montaje se detiene en la faceta de Taueber-Arp como pionera del diseño, tanto industrial como de arquitectura de interiores. En esta sección, pueden verse diferentes planos para la cocina y otras estancias de la casa Hilberseimer, los coloridos 'Candelabros' (1929) y 'Estanterías' (1930-40), el proyecto para el decorado de 'El rey Ciervo' o algunos bocetos para la reconstrucción del café L'Aubette.
En este punto, Estrella de Diego sostuvo que la «contemporaneidad» de Taeuber-Arp queda ejemplificada en creaciones como el 'Escritorio de la casa Rott' (ca. 1929). Se trata de un «mueble modular» adelantado en varias décadas a las tendencias que ahora causan furor en las grandes cadenas multinacionales de mobiliario funcional.
El paseo encara su recta final con una serie de composiciones en las que, siguiendo a Estrella de Diego, se combinan la figuración y la abstracción. Con las piezas agrupadas en la sección 'Geometrías vivas'. Composiciones de líneas y círculos, juegos de volúmenes en los que reclama su protagonismo 'Conchas' (1938), un relieve de madera pintada que «siendo geométrico mantiene relación con lo orgánico», como detalló la comisaria.
Cadáveres exquisitos
Y por último, frente a esas 'Conchas', tres collages, tres 'cadáveres exquisitos' compuestos por Taeuber-Arp junto a Marcel Jean, Óscar Domínguez (que desde pasado mañana protagoniza una exposición en la Casa Natal) y Jean Arp, por una vez presentado como 'marido de' Sophie.
Una visibilidad que se le ha resistido a esta creadora. Sólo dos exposiciones monográficas (una en el MoMA neoyorquino en 1981 y otra en París hace dos décadas) han sacado a la luz la intensa y prolífica trayectoria de Sophie Taeuber-Arp.
Quizá por eso, la consejera de Cultura Rosa Torres consideró ayer 'Sophie Taeuber-Arp. Caminos de vanguardia' como «una de las grandes propuestas que el museo ha hecho al público».
Un proyecto alumbrado por el anterior director del MPM, Bernardo Laniado Romero, cuyo sucesor, José Lebrero, saludó ayer con entusiasmo: «Me pregunto por qué se ha tardado tanto en hacer una exposición como esta». La respuesta, en las salas del MPM.