Unos jóvenes entran en una tienda de modas de calle San Juan. Echan un vistazo a unos trajes de fiesta y se acercan a la dependienta para pedirle que le busque una talla concreta. Ésta va a por ella al almacén sin tardar más de un minuto. Cuando vuelve, la pareja le dice que tiene que sacar dinero del cajero para pagar la prenda. «No volvieron y cuando eché mano de la caja se habían llevado 700 euros», cuenta Mari Carmen Conde, propietaria del establecimiento Confecciones Naranjo, donde ocurrió este suceso.
A su juicio, haber tenido videovigilancia en el interior del local no hubiese evitado tal episodio. «Las cámaras dentro de las tiendas no sirven para mucho, lo suyo sería que las pusiesen en las calles y que aumentasen la vigilancia policial», plantea Conde. Como ella, muchos comerciantes del centro consideran que la subvención de la Junta de Andalucía para ayudarles a instalar cámaras, cajas fuertes y arcos detectores para las puertas financiándolos al 50% -hasta un máximo de 6.000 euros- no les vendría mal, pero creen que tampoco sería la solución definitiva a los hurtos.
Así, los que están detrás del mostrador buscan una medida más rápida y eficaz que la que le puedan ofrecer los sistemas de seguridad o, incluso, las denuncias. «Muchas veces da pereza denunciar porque si lo que se han llevado son un par de cosas pierdes tu más tiempo que los ladrones», comenta Rafael Moncayo, quien ha pillado a más de un descuidero llevándose camisas de su tienda, ubicada en calle Nueva.
«Si hubiese cámaras en las calles, la gente no robaría porque se darían cuenta de que los están viendo», opina este vendedor. Lola Soria, propietaria de cuatro zapaterías en la calle San Juan, comparte su opinión. «Si la policía hiciera bien su trabajo yo no tendría que gastarme dinero en poner una alarma», denuncia. Y es que, por imposible que parezca, hay quien se lleva un zapato de la estantería aún sabiendo que le falta el otro pie.
«Una vez unos agentes vinieron con una bolsa llena de zapatos preguntándonos si eran nuestros», recuerda José Manuel Requena, dependiente de una zapatería de calle Nueva. Él ya tiene cámaras en su negocio, pero reclama que instalen otras en el exterior y que haya una mayor presencia policial. Por su interés y por el de sus clientes, a los que más de una vez les han robado la cartera o el bolso mientras compraban.
«Estás vendido»
A la comerciante malagueña María Rosa Minelo, la subvención de la Junta no le parece mala idea. Aunque su comercio de moda y complementos ubicado en la calle Especerías no sea muy grande, asegura que instalaría cámaras en su interior con estas ayudas. «Más que nada porque aquí estás vendido cuando anochece, ya que la calle se queda prácticamente a oscuras», afirma. Hasta ahora sólo le han quitado un pañuelo al descuido, pero siempre es mejor prevenir que curar.
Los treinta años de experiencia de María José Berrocal sí han tenido más disgustos de este tipo. «Hace ya tiempo un joven aparcó su moto en la puerta, entró, cogió dos cazadoras y se fue corriendo», cuenta esta dependienta de una tienda de modas cercana a la plaza de Félix Sáenz, aún estupefacta. Hurtos rápidos que pillan desprevenidos y que no llegan a ser delito mientras no pasen el umbral de los 400 euros, pero que a veces son tan sofisticados que consiguen burlar las alarmas y las cámaras de seguridad.