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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Morante de la Puebla y Manzanares se van de vacío en una tarde marcada por la pitada del público a los toros
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Miguel Ángel Perera remata con una oreja una valiente faena en Almería
Manzanares da un pase con la muleta a su primer toro. / EFE
Con Morante se pudo paladear en el primer turno su sentido del toreo, tan privativo. Como si se sorbiera según lo decía y hacía el torero de la Puebla, encajado como a plomo, ingrávida firmeza, sutil imaginación. El toro dio impresión de embestir a veces a saltos. Morante lo manejó de capa suavemente. Delicado asiento en lances de compostura natural. Y una faena improvisada y discurrida. Los tiempos de la faena parecieron caprichosos. No lo eran. Ni los remates de alta escuela. Una dejada de toro soberbia. Una estocada desprendida. El eco de la faena fue menor que su rico sabor.
Tras arrastrado el toro, Morante pareció sufrir una bajada de tensión. No llegó a recobrar Morante su color natural, pero no le abandonaron las musas. Al cuarto de la tarde lo toreó a compás en el saludo, las manos altas y lances enroscados. Cuando el toro se sentó o claudicó o se aplomó, Morante tiró tres lindas líneas, cambio de espada y enterró una estocada caída.
Pese a presencia de tanto peso como la de Morante, el torero premiado, y con méritos, fue para un valiente Perera. Y el protagonismo vino a caer, según plebiscito sonoro, sobre los toros. Y no para bien. El destino se torció cuando la corrida estaba en un dos-dos. Dos toros de buen juego, primero y tercero; y otros dos, de pajuna flaqueza.
Impresión errónea
Las hechuras del quinto bien armado, eran impecables. En la primera carrera se reventó. Se puso en pie, pero estaba roto de caderas y no apoyaba las manos. El sobrero no dio una. Ni sobado por Perera pudo el sexto salvar los muebles. Se enfadó la gente. No con los toreros. A Manzanares, aburrido con su lote, lo jalearon cuando se estiró. Como Morante, se fue de vacío.
A Perera supieron verlo cuando se encajó y se puso con el toro mejor de la corrida. Una tanda de cambiados por alto en la distancia. La fórmula Perera. Y cuando el toro tomó las de Villadiego dos veces, una estocada tendida. La misma firmeza con el sexto, que se dejaba por la izquierda y protestaba por la otra. Y por la otra se puso Perera en apuesta que terminó en tablas. Una estocada, muchos pañuelos. No suficientes.
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