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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 1 agosto 2014

Málaga

SUBSISTENCIA. AYUDAS BÁSICAS

La crisis arrecia. En lo que va de año, Bancosol ha duplicado la recogida de alimentos y procura comida a cuarenta mil personas necesitadas
16.08.09 -

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La actividad es frenética desde primera hora de la mañana en el gran almacén que el Banco de Alimentos de la Costa del Sol (Bancosol) tiene en el polígono de Trévenez. Un ir y venir de furgonetas que cargan en el muelle cajas con legumbres, pasta, aceite, arroz, leche,... Todos los días de lunes a viernes cerca de una veintena de asociaciones y ong cargan sus vehículos con los alimentos que repartirán más tarde entre personas necesitadas. No están en África ni en ningún país latinoamericano. Viven, mejor dicho, sobreviven, en Málaga, gracias a esta ayuda básica.
La crisis arrecia. Las familias, despojadas de recursos económicos y empujadas por una necesidad acuciante gastan lo poco que tienen en conservar un techo bajo el que dormir. Para comer recurren a las ayudas sociales. La gran despensa solidaria en Málaga que es el Banco de Alimentos lo mismo que se llena se agota cada día. «De enero a junio hemos repartido un millón doscientos mil kilos de alimentos, el doble que el año pasado en ese mismo periodo, y se ha conseguido dar de comer, a través de 215 ong, a cuarenta mil personas. Será difícil, pero intentaremos llegar a final de año a los tres millones de kilos», explica el coordinador de captación de Bancosol, Rafael Salcedo.
Elvira Troitoro trabajaba en una gran empresa de transportes en su país natal, Rumanía. Cuando cerró, se vino a España y consiguió un buen empleo, pero lo acabó perdiendo con la crisis. Ahora se dedica a cuidar un enfermo y en el tiempo que le queda ayuda a los demás. Dirige Armonía, una asociación hispano-rumana que nació con el objetivo de fomentar la integración del colectivo en Málaga. Pero desde hace un año, además, todos los viernes por la tarde reparte entre 50 y 60 bolsas de comida. «Necesitaríamos más porque no nos llega para todas las familias necesitadas. Sólo contamos con los alimentos de Bancosol y algo del Ayuntamiento. Es terrible. Hay gente viviendo en un coche con dos euros al día», asegura. Armonía, además, reparte bocadillos en la estación de autobuses para los inmigrantes rumanos que deciden regresar a su país.
«El empobrecimiento ha llegado a las clases medias que antes no sabían qué eran los servicios sociales y ahora acuden a ellos como si fueran al centro de salud». La descripción que Gloria Naranjo, asistente social de Bancosol, hace de la situación por la que atraviesan muchas familias malagueñas ilustra una realidad desconocida hasta ahora. Un panorama que azota casi por igual a toda la provincia, aunque Naranjo llama la atención sobre Marbella y especialmente San Pedro de Alcántara. En esta última población las dos cáritas parroquiales han atendido en los últimos meses a más de dos mil personas necesitadas. «Eran familias empleadas en la construcción que cuando el sector se vino abajo, se quedaron sin nada», sostiene.
Una afirmación que comparte Gloria García, la trabajadora social de una asociación de San Pedro de Alcántara, Concordia, dedicada a ayudar a las personas afectadas por el sida. «Hay mucha gente en el paro. Nosotros atendemos y repartimos bolsas de comida a unas veinte familias», explica mientras coloca la última caja de alimentos que le ha preparado Jesús Sojo, uno de los 55 voluntarios que trabajan en Bancosol.
Los voluntarios
«Estoy jubilado y esto ha llenado mi vida», asegura Sojo, que con 70 años se encarga de coordinar la distribución diaria en el almacén con la vitalidad de un veinteañero. Su compañero Francisco, también retirado como el 80% del voluntariado de Bancosol, se afana en clasificar, según el tipo de producto y la fecha de caducidad, los alimentos que llegan a la nave procedentes de los supermercados. Luego prepara los lotes que van a corresponder a cada asociación en función del número de beneficiarios. Mientras, Antonio García se preocupa de que tampoco no falte nada en la Axarquía, donde Bancosol tiene un equipo de captación y adonde lleva unos 3.000 kilos de alimentos para abastecer las necesidades de los que viven en esta comarca, salvo las frutas y las verduras que se recogen en Vélez-Málaga.
Precisamente, los productos perecederos, que también reparte el banco de alimentos, se almacenan en otra nave más pequeña a pocas decenas de metros, en Mercamálaga. Bancosol entrega allí las frutas y las verduras que los mayoristas descartan para la venta. Otro voluntario, Pepe Jiménez, se encarga de repartir patatas, tomates, pimientos, limones, coliflores... «Lo que haya. Aquí no se sabe nunca lo que va a entrar. Pero calculo que hoy entregaremos más de 100 kilos». A su lado Gabriel Relaño, encargado del transporte, se pasa el día al volante: «Trabajo mucho, pero es de lo más gratificante porque ves los resultados», afirma.
La nave también almacena pan en una cámara frigorífica. Antonio Menéndez, un ex policía prejubilado, se surte allí de este producto básico para preparar los ochocientos bocadillos que cada tarde distribuye en el centro de la capital Los Ángeles Malagueños de la Noche, la organización de voluntarios a la que pertenece. «Somos un grupo de cuarenta personas. Empezamos en enero a dar unos bocadillos y un vaso de leche a los indigentes. Ahora ya atendemos diariamente a cuatrocientas personas, porque se han sumado bastantes parados que no cobran nada y mujeres con niños. No tenemos ninguna subvención, por lo que pedimos a la gente que colabore con un cartón de leche, con medio kilo de mortadela, con lo que sea».
Ahora son las familias malagueñas, pero las primeras víctimas de la recesión económica fueron los inmigrantes. Julien Bolou, presidente de la asociación Marfilenses de Málaga, recuerda que algunos de sus compatriotas llegaron a hipotecarse en una casa, pero luego perdieron el trabajo y «ahora están volviendo a los 'pisos pateras', donde se hacinan varias familias con niños pequeños». Bolou reparte en su asociación comida para unas sesenta personas y no sólo africanas: «Tenemos también españoles, portugueses y hasta rusos, todos con necesidades. Todo el mundo lo está pasando muy mal».
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