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Málaga

MÁLAGA

Jesús lleva 20 años enganchado a las tragaperras y tres meses en tratamiento. La crisis hace que aumenten las personas que piden ayuda profesional para superar su adicción al juego
06.08.09 -

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Cuando introdujo una moneda por primera vez en la ranura de una máquina tragaperras apenas era un adolescente. Tenía 16 años y el pequeño premio que obtuvo le animó a seguir probando suerte. Hoy, Jesús tiene 42 años y lucha por vencer una adicción que ha arrastrado toda su vida hasta hace sólo varios meses, cuando su economía se vio afectada por la crisis económica y no tuvo más salida que pedir ayuda para salvar su presupuesto familiar.
«Las personas que tienen menos dinero adquieren conciencia de su problema más pronto». Francisco Abad, presidente de la Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Amalajer), explica así el fuerte aumento de peticiones de tratamiento experimentado en el último año, cuando el número de pacientes llegados a esta organización se ha incrementado un 50%. «Antes era relativamente fácil que el banco te diera un crédito para seguir jugando, pero hoy se ha cerrado el grifo y por eso muchas personas se dan cuenta de su adicción», relata Abad.
Premio inmediato
Paradójicamente, la crisis también hace que la gente juegue más al bingo o a las tragaperras en busca de un premio inmediato que alivie su maltrecha economía. «Al ser cantidades pequeñas las que se gastan no se le da importancia y se juega con más frecuencia, hasta que se genera una deuda importante», detalla el responsable de Amalajer, que en la actualidad ofrece tratamiento a más de 350 ludópatas, la mayoría por su adicción a las máquinas tragaperras (60%). El 30% de los pacientes tienen problemas con el bingo y el 10% restante con otro tipo de juegos, como los que se desarrollan a través de Internet o las loterías.
Jesús es uno de los asistentes a terapia que lleva menos tiempo en la asociación. Apenas tres meses. Confiesa que ha llegado a a gastarse 9.000 euros en un mes porque «tenía muy buenos ingresos», aunque le es imposible calcular el dinero perdido en más de 20 años de juego. «Sólo sé que podría tener dos pisos y dos coches», afirma.
Casado y con dos hijos, se buscaba todo tipo de mentiras para ocultarle a su familia que se pasaba hasta días enteros delante de las máquinas en bares o salones de juego. Hasta que comenzó a tener dificultades económicas y vio que gastaba más de lo que tenía, lo que le llevó a buscar ayuda.
Como él, las personas que admiten tener una adicción al juego saben que ese fantasma siempre estará ahí, acechándoles en busca de un momento de debilidad. «Seré ludópata hasta el día en que me muera», dice Ricardo Aragoncillo, quien lleva casi dos años recibiendo tratamiento en Amalajer, también por las tragaperras.
En su caso, asegura que en este tiempo no ha tenido ninguna recaída, pero es algo que nunca descarta. «Hoy no quiero saber nada del juego. Mi vida es otra distinta. Ahora tengo relación con mi familia», afirma este malagueño de 28 años, que se lamenta del aislamiento que ha sufrido por este vicio, en el que entró con 20 años y que le ha llevado a gastar hasta 3.000 euros en un mes.
Desvelos y depresiones
En el caso de Rosa Portillo, lo que empezó como una tontería acabó convirtiéndose en motivo de sus desvelos y causante de muchas depresiones. «Después de cenar, unos amigos decidimos entrar a una sala de bingo y tuve la 'mala suerte' del principiante, ya que canté varias veces». Así recuerda esta malagueña de 54 años el primer día en el que adquirió uno de los centenares de cartones que ha comprado a lo largo de treinta años. Hoy, gracias a Amalajer ha recuperado «la alegría de vivir» y se ha convencido de que el juego no es un refugio de los problemas.
Antonio B. C. decidió pedir ayuda tras estar quince día en paradero desconocido por sus problemas con las tragaperras. Lleva un año y medio en tratamiento, tiempo en el que ha conseguido ahorrar para poder casarse. «Soy otra persona», afirma.
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