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EJERCICIO DE MEMORIA

26.07.09 -

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LA riqueza minera de la Tierra de Marbella queda constatada mediante numerosos vestigios de su explotación desde la época romana, al menos. Níquel, plomo, cobre, magnetita, y grafito. La extracción del grafito, o 'piedra lápiz', de la mina 'Marbella', situada en el cerro de la Mora o de Natías en el actual término de Benahavís, comienza a ser conocida a raíz de la aprobación dada para ello por el monarca Fernando VI en el año 1749, a cambio del pago a la Corona de 24 reales por cada quintal extraído.
Los primeros personajes vinculados a su aprovechamiento son los hermanos González Moro, los 'Moros', del cercano pueblo de Júzcar. El siguiente a quien nos encontramos vinculado con esta industria es al marbellero Tomás Domínguez y Vargas, quien instala una fábrica de crisoles que, a pesar de los buenos resultados obtenidos, no llegó a funcionar.
La riqueza de la mina estimuló nuevos intentos de explotación, más racionales y productivos para los intereses de la nación, constituyéndose una sociedad entre cuyos principales accionistas figuraban el conde de Teba, el duque del Infantado y Enrique Grivegnée Hoisse; la ocupación francesa dio al traste con la empresa. La necesidad de fondos para el mantenimiento de la guerra contra el francés fue el motivo por el que el general Francisco Ballesteros permitió a los 'Moros' una extracción indiscriminada del mineral y con una sustancial rebaja con respecto al impuesto establecido con anterioridad: lo redujo hasta los 14 reales por quintal. Después de la guerra apareció en escena el industrial malagueño Manuel Agustín Heredia Martínez, quien hizo de la piedra lápiz el principal puntal de la creación de su imperio comercial y económico.
Con la promulgación de la Ley de Minas en 1825, al contrario de lo que pudiera parecer, el yacimiento entró en un periodo desordenado que abocó al abandono de toda actividad en la segunda mitad del siglo XIX. Con la invasión napoleónica entraron en nuestro país, a la par que un vendaval bélico, fuertes aires ilustrados. Al objeto de desarrollar las 'artes industriales' mejorando la formación de los artesanos se creó, mediante Real Decreto de 13-06-1810, el 'Conservatorio de Artes y Oficios', que no llegó a concretarse por la inestabilidad propia de la guerra. El regreso de Fernando VII malogró este proyecto.
No obstante, mediante Real Orden de 18-08-1824 se estableció, con parecido fin que el anterior, el 'Real Conservatorio de Artes', estructurado en dos departamentos: un taller de construcción de máquinas e instrumentos y un depósito general de la información tecnológica. Deviniendo este último departamento en la actual 'Oficina Española de Patentes y Marcas', y sembrando el Real Conservatorio el germen de la Ingeniería Industrial moderna.
La manera en la que se estableció la financiación del ente fue a través de 'los productos que resulten de las obras que se ejecuten en el taller; lo que rindan las patentes de privilegios exclusivos, y 70.000 reales de los productos de la mina de grafito de Marbella'.
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