Dedicó cuatro años de su vida a ser secretaria de Estado del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (1996-2000), pero antes se licenció en Filosofía y Letras y también ejerció como catedrática de instituto en Sevilla. Y toda esta experiencia vital, en la que ha tocado varios palos, le ha servido para escribir 'La escuela sin ley', donde aborda los problemas actuales de la educación. Amalia Gómez presentó ayer en el Ateneo su obra, acompañado por el fiscal jefe de la Audiencia Provincial, Antonio Morales.
'La escuela sin ley'. Un título muy duro para un libro y una carátula (dos menores acorralan a un tercero) que resulta inquietante.
El título es un título de cine. Quería llamar la atención sobre las escuelas, sobre los problemas de los adolescentes, que creo que son tres: primero la violencia, que puede ser debida a problemas de conducta y otras veces por brotes de intolerancia como romperle los materiales al compañero o no dejarle que atienda en la casa; que pueden dar lugar a otros dos problemas muy importantes como son el absentismo y el fracaso escolar. Quiero llamar la atención sobre la educación, pero con un libro escrito desde la esperanza, sin ocultar las luces y las sombras de la realidad.
¿Sobre qué aspecto de la educación quiere llamar la atención?
Yo creo que las cosas se pueden arreglar. Por eso defiendo la necesidad de que la educación sea un asunto de Estado. La educación no puede ser un motivo de trasiego político. La transmisión de saberes no sólo se puede hacer en la escuela, debe hacerse también en la casa, seguir en la escuela, y culminar en el ámbito público. Por eso, hay que cambiar el modelo educativo, porque los niños y los adolescentes de hoy día no son los mismos de hace 15 años. Están sometidos a factores externos como son la moda, distintos hábitos, medios de comunicación, televisión, películas, la Red.
¿Y cómo les influyen estos factores externos?
El chico de hoy tiene más factores de dispersión. También es más duro, pero más vulnerable a la vez. Por eso, lo primero es que hay que cambiar es el modelo de tutorías de los niños en los colegios, porque yo creo que debe ser mucho más personalizado, ya que los niños tienen problemas que antes tampoco tenían como son depresiones, ansiedad, bulimia, anorexia, alteraciones de conducta, a lo que le debemos añadir problemas no resueltos como el consumo del alcohol y drogas. Todo esto indica que la ley que tiene la escuela en el siglo XXI no es una ley adecuada. Hay que cambiar muchas cosas como el número de profesores por alumno, que debe aumentar para evitar la dispersión de la que hablábamos antes que tienen los chavales.
¿Cuántos alumnos por cada profesor debe haber?
Depende. Hay que ser flexibles con la ratio. En los grupos en los que haya problemas deberá ser más reducido. Existe un cuerpo de Inspección en la Administración de Educación, y al igual que existe un Observatorio de violencia, debería haber un grupo especializado en los colegios en problemas de convivencia; porque sin convivencia sana no habrá calidad en la enseñanza. Y la enseñanza debe ser más participativa; los niños deben involucrarse más.
El plan Bolonia que se va a implantar en la Universidad propugna eso. ¿Se necesita un plan Bolonia en los colegios?
Más que un plan Bolonia lo que creo que hace falta es un compromiso de Estado y más financiación para la educación. Un alumno no progresa cuando pasa con facilidad de un curso a otro con asignaturas suspensas porque acaba perdiendo la seguridad en sí mismo y al final llega el fracaso escolar. Por eso, insisto de nuevo en que hace falta una nueva ley de la educación, pero una ley sin color, que sea liberadora, creadora y garantista, y que le dé respuestas a los adolescentes del siglo XXI.
Algunos pedagogos y psicólogos de las viejas escuelas dicen que los padres de hoy día están faltos de autoridad, que hemos pasado del autoritarismo al pasotismo. ¿Cree que es así?
Se ha usado mal la palabra autoridad. La autoridad es imprescindible para educar. Es la base del respeto recíproco. Es lo contrario a la opresión, que son las órdenes ciegas. Y se han confundido. Con la opresión no se consigue ningún logro pedagógico, pero la autoridad es edificante, constructiva. Sin ella, no puede haber orden en la clase. Los profesores lo pasan muy mal porque les es muy difícil ejercer su autoridad porque los niños lo entienden como una imposición.
Entonces, ¿cree usted que el problema está en las casas?
En las casas es donde debe empezar la educación. Si no hay educación en la casa es muy difícil que los niños sean educados en el colegio, en la calle. Los colegios no pueden ser aparcamientos de niños, ni las casas, fondas. Los padres deben recuperar la autoridad en la casa, aprender a poner límites porque éstos son necesarios para la educación. Si un niño de dos años no puede masticar no se le puede dar un chorizo. Y lo mismo pasa con la educación. Debe enseñar a respetar a los demás, que es lo más básico. Los niños deben aprender unos hábitos de ser y vivir.
En su libro profundiza en la violencia escolar. ¿Dónde está la raíz?
Nos llama la atención la violencia en los chicos, y sin embargo todos los días conocemos noticias de muertes violentas, de violencia de genero, cómo una trifulca acaba en muerte. Los juegos de la play-station y las películas no priman el esfuerzo sino la astucia, la mentira. En todo esto está la raíz.