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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 24 mayo 2012

Málaga

MÁLAGA

Desde la Comisaría Provincial se advierte del preocupante incremento de las reyertas, como en los casos de Cómpeta o Alhaurín de la Torre
El juez decano reconoce un notable aumento de los delitos de lesiones

03.07.09 -

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La policía en alerta: crece la agresividad entre los jóvenes
Las Fuerzas de Seguridad establecen controles los fines de semanas en los puntos más conflictivos, que suelen coincidir con las zonas de movida. / SUR
«La situación es preocupante. Lo que podían ser simples peleas se han convertido en auténticas carnicerías». El diagnóstico pertenece a un alto mando de la Comisaría Provincial de Málaga, pero resume a la perfección una idea en la que coinciden policías, guardias civiles, fiscales y jueces: «Hay una agresividad tremenda en el ambiente».
Así lo demuestran las últimas reyertas que han tenido lugar en la provincia en las últimas semanas, que revelan un incremento de la violencia en las calles. Algunas han tenido desenlaces trágicos, como la que sucedió el mes pasado en Cómpeta, donde un turista británico murió, después de 12 días en coma, tras resultar herido en el transcurso de una multitudinaria pelea.
La espiral violenta se refleja tanto en las graves consecuencias de las reyertas como en la proliferación de las mismas. El juez decano en funciones, Manuel Caballero-Bonald, asegura que en 2008 y en lo que va de 2009 se ha producido un «notable» aumento de los delitos de lesiones protagonizados por jóvenes.
El resultado de estas peleas se traduce en un fuerte incremento de los partes con heridos que llegan a los juzgados desde los hospitales, explica Caballero-Bonald. Esto significa que las reyertas acaban cada vez con más frecuencia con víctimas que, por la gravedad de las lesiones sufridas, requieren asistencia sanitaria y, por lo general, constituyen un delito.
Origen nimio
Tanto en las Fuerzas de Seguridad como en la judicatura ponen el acento en las causas que suelen desatar peleas de gravísimas consecuencias. «Suelen producirse por cuestiones nimias: porque han mirado a su novia, porque le han empujado al pasar, porque le han tirado la copa... », enumera un responsable policial destinado desde años en Málaga y que conoce perfectamente la calle.
Entre los jueces también llama la atención las motivos banales que desatan estas reyertas. «Recuerdo un caso -apunta Manuel Caballero-Bonald- en el que una disputa por un bolígrafo que apenas valía dos euros acabó con unas lesiones gravísimas».
Aunque el motivo no ha cambiado tanto con el paso de los años, lo que sí ha variado, para este mando policial, es el resultado. «Siempre ha habido peleas, pero con una agresividad infinitamente menor. Ahora se percibe una violencia completamente gratuita», agrega el agente. Un homólogo en la Guardia Civil apostilla: «Tenemos la sensación de que antes terminaban con un par de puñetazos, mientras que ahora necesitan más, no saben parar».
En el mismo sentido se muestra el fiscal jefe de Málaga, Antonio Morales, quien sentencia que no es una violencia que persiga conseguir algo, sino que es producto de que los implicados «no se contienen, probablemente porque no miden las consecuencias de sus actos», apostilla el representante del Ministerio Público.
La presencia de armas blancas, como ocurrió el pasado fin de semana en una caseta de la feria de Alhaurín de la Torre -con nueve heridos y cuatro detenidos-, agrava las consecuencias de las peleas. «No se entiende por qué un joven sale a divertirse con una navaja», asevera el fiscal. «Ya no hablamos de consecuencias, sino de preparación ante lo que pueda surgir».
Al margen de la causa que encienda la mecha, los expertos consultados por SUR inciden en la influencia del alcohol y las sustancias estupefacientes, sobre todo la cocaína y las drogas de diseño, en el aumento de la agresividad juvenil. «No se puede generalizar, pero observamos que los chavales no tienen medida en el consumo de alcohol», opina el mando policial.
El juez decano en funciones de Málaga capital añade otro factor a la ingesta de sustancias: «El grupo de amigos». Para Caballero-Bonald, los jóvenes tienen una sensación de impunidad cuando actúan en pandilla. «Ocurre cuando diez o quince chavales pegan a uno. La pelea empieza con una patada que da alguno de ellos, y entonces los demás piensan que también deben dar una patada, y piensan que por eso no les va a pasar nada. Esas agresiones demuestran una cobardía exacerbada».
La sensación de impunidad también tiene su origen, en muchos casos, en la educación, según el juez decano. «Si el joven ve en casa y en el colegio no le pasa nada por su conducta, piensa que tampoco le va a pasar en ningún ámbito». Pero el fiscal jefe advierte: «Las lesiones -resume Morales- se castigan dentro de los márgenes de la ley. No hay relajación posible, sino rigor».
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