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SURtv.esSURtv.es | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

Cultura

RELATOS

En "Tanta gente sola", el autor ofrece una colección sobre la incomunicación y como rasgo común la comedia

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LA metaliteratura devuelve a la literatura a la vida, la reubica en la realidad, la saca de sí misma. Se suele pensar lo contrario porque el término es inconsolablemente pedante y a menudo se identifica con la crítica literaria más académica, más tediosa y más rancia. Si se habla de metaliteratura, en lo primero que se piensa es un análisis profesoral propio de ratas de biblioteca que son inmensamente felices sumergiéndose en un texto para despiezar su sintaxis, su fonética, sus figuras y sus tropos, pero ha sido Juan Bonilla quien nos ha recordado estos días y con motivo de este libro que la metaliteratura nos proporciona posibilidades más emocionantes empezando por el significado literal de la propia expresión: «más allá de la literatura». Admitiendo como un convencionalismo (o como una imagen, una alegoría, o sea una licencia literaria) que la literatura y la vida son cosas distintas, si la primera de ellas es buena literatura, si lo es literatura de veras, proviene de esa vida de la que debe distanciarse supuestamente. Y pensar sobre ella, ir más lejos de ella, es por lo tanto volver a la existencia misma, poner la literatura en su sitio y comenzar a vivir.
Enfoque
De los nueve relatos que componen 'Tanta gente sola' el primero de ellos, 'Un gran día para tus biógrafos', marca ese enfoque y ese planteamiento del libro. El protagonista es un poeta fatuo que adquirió cierto modesto renombre con un primer título -'Verso perverso'- al cual le seguiría después otro -'Prosa porosa'- con menos suerte comercial. Cuando acude en ferrocarril a dar un recital de poemas en un pueblo próximo a Sevilla descubre por dos chicas que van a recogerlo que de lo que se trata es de la sorpresa que le quieren dar en su despedida de soltera a una amiga que lo tiene por su vate preferido. Como no podía ser menos, el cuento es el desarrollo escénico de una humillación y su aspecto metaliterario reside en la propia dicotomía que se va dibujando entre la literatura y la vida precisamente, empezando por los celos que el poeta experimenta hacia esa chica desconocida que lo admira pero que se va a casar con otro y por ese título que acaso alude a una posibilidad de redención en la reescritura de la realidad que es toda biografía y en el humor que puede sacar partido creativo -como de hecho lo saca en el texto aunque se trate de una ficción- a esa situación decepcionante y grotesca.
La experiencia
Lo metaliterario vuelve de una manera recurrente en el libro y en cuentos como el titulado bien significativamente 'Metaliteratura' en el que un personaje obsesionado con el relato 'El otro' de Borges, que narra el encuentro del joven que fue con el viejo que será, toma la decisión de llevarlo a la propia experiencia o como 'El lector de Perec', que es el que cierra el volumen y que tiene como héroe a un tipo que está obsesionado con la idea de coleccionar ejemplares de un libro singular, el 'Yo me acuerdo', del gran escritor francés.
En otros cuentos lo metaliterario es sustituido y metaforizado por la idéntica representación del mundo que hay en los juegos televisivos, los álbumes de cromos o los shows mediáticos. Son estos unos cuentos con una extraña unidad de la que carecen muchas novelas.
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