DESDE la puesta en marcha del que se considera primer cinematógrafo malagueño -el Lumière- hasta la clausura ayer de la duodécima edición del Festival de Cine de Málaga han transcurrido 111 años. En ese lapso de tiempo innumerables personas han disfrutado con un invento que proyecta sueños en una blanca pantalla. De aquellas barracas que eran llevadas de un lugar a otro de la ciudad, y que se componían apenas de una tela y dos o tres centenares de sillas, a la sofisticación y comodidad de las salas actuales, agrupadas en grandes centros comerciales y de ocio, dista un mundo. Sólo se mantiene un elemento que ha permanecido invariable: la capacidad de emocionarse y disfrutar con las historias que se narran en las películas.
A principios de 1900 se abrió el mítico cine Pascualini, que se llamó así por su propietario, Emilio Pascual Marcos. Tras pasar por varias ubicaciones, el Pascualini se estableció en 1907 en la alameda de Carlos Häes, que hoy es la calle Córdoba. Este cine tuvo la singularidad de ser el primero estable de Málaga, según María Pepa Lara, autora de varios trabajos sobre la historia de los cinematógrafos malagueños.
El Pascualini, cuya estructura era metálica, tenía un aforo de 270 butacas y 336 plazas de general. Desde 1907 a 1937, el precio de las entradas no varió: 30 céntimos en el patio de butacas y 15 céntimos en los asientos de general. Fue el último en instalar el sonoro en Málaga. Tal vez porque su estructura metálica producía una resonancia muy molesta. Sin embargo, el dueño no tuvo más remedio que claudicar: en junio de 1934 comenzó a proyectar películas sonoras. Inauguró este sistema con 'Pax', cinta española protagonizada por Gina Manes y Félix de Pomés. El Pascualini pasó a la historia el 2 de enero de 1937 cuando lo destruyó una bomba tirada por el ejército franquista que asediaba Málaga.
El Salón Novedades
De las primeras décadas del pasado siglo son también los cines Ideal -ubicado en la plaza de los Moros, y que estuvo abierto de 1902 a 1918- y el Salón Novedades, situado en el paseo de Heredia, cuya etapa de vigencia fue de 1908 a 1918.
Los empresarios teatrales, en vista de que el cine ganaba adeptos, utilizaron sus locales para la exhibición de filmes. Ese fue el caso de los teatros Principal, Cervantes, Lara y Vital Aza, que se sumaron a la moda de poner películas, actividad que compaginaron con el desarrollo de otros espectáculos.
En la memoria de los malagueños con más edad aún están presentes cines que fueron santo y seña durante muchos años. Es el caso del Moderno, establecido en la calle Juan de Austria desde 1913 hasta 1968, establecimiento que pasó por varias vicisitudes como sufrir un incendio en 1929, lo que obligó a su reconstrucción. El Victoria fue otra sala con una trayectoria importante. Fijada en la plaza de la Merced, se inauguró con la proyección de 'La Biblia' y se cerró en 1968 con 'María y la otra'. Once años más tarde fue reconstruido y abrió sus puertas, aunque echó el cierre definitivo en 2004.
El Goya, al que se accedía tanto por la calle Calderería como por la plaza de Uncibay, fue uno de los mejores cines de Málaga. Se puso en marcha en diciembre de 1923 e instaló el sonoro en Málaga antes que nadie. Fue también de los primeros en contar con refrigeración. Lo hizo en 1935 y eso permitió que no tuviese que cerrar en julio y agosto, como hacían la mayoría de los cines de estreno por el calor. El Goya pasó a mejor vida en abril de 1970.
El Málaga Cinema, con sus casi 2.000 butacas, fue el local con mayor aforo. Su forma de barco daba un aspecto muy llamativo a la plaza de Uncibay. Su estilo arquitectónico era el expresionista-racionalista, único ejemplo existente en la ciudad. Se abrió en 1935 con 'La hermana San Sulpicio' y se despidió para siempre de su público en 1974 con 'La túnica sagrada'. Supuso el fin de una época. Luego vendrían los multicines, pero esa es otra historia.